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El segundo semestre del año pasado fue el más difícil para el Gobierno de Uribe después de seis años en los que sustentó su popularidad en los reveses a las FARC. En la medida en que la crisis económica se acentuó y en que aumentaron las movilizaciones obreras y populares la coalición uribista se ha ido desmoronando como una pirámide.
Las luchas obreras y populares, el derrumbe de las pirámides y de las lavanderías de dólares, el hundimiento de la posibilidad de reelección en el 2010, el escándalo de las ejecuciones de civiles por parte de las Fuerzas Armadas, el invierno, la crisis económica mundial, el desprestigio internacional y la estruendosa derrota electoral de su jefe político, con la consecuente elección de Barack Obama, y el evidente fracaso de la reaccionaria marcha del 28 convocada por la Beata Ingrid, entre otras calamidades navideñas, deben tener al Presidente contando los días y cruzando los dedos para que se termine este negro 2008.
Si septiembre fue negro para las bolsas de valores y los bancos, al detonar la crisis económica mundial, octubre fue rojo para los trabajadores y los pobres de Colombia, por los diversos conflictos laborales y sociales que han sacudido al país, obligando al gobierno de Uribe a decretar la Conmoción Interior para contenerlos.
La negativa permanente del Presidente a decir con claridad si aspira o no a una segunda reelección tiene a toda la burocracia política del país preguntándose ¿Qué es lo que quiere Uribe? La respuesta es relativamente sencilla: Todo, Uribe lo quiere todo(...)
El enfrentamiento entre Uribe y la oposición no tiene tregua. Todos los días un nuevo destape u otra declaración provocadora hacen que salten chispas. Pero, a medida que la crisis institucional se agrava, los contendores parecen alinearse en dos trincheras.
En medio de la crisis que corroe todas sus instituciones, la burguesía adelanta remodelaciones de fachada y refuerzos estructurales. Ese es el sentido de la discusión en torno al proyecto de reforma política, elaborado por la ‘Comisión de Notables’ y retocado por el gobierno, y la reforma al aparato judicial que prepara Uribe para presentar al parlamento.
Como era de esperarse, el pasado 20 de julio el gobierno logró concretar otra movilización masiva a su favor con las consignas “No más FARC”, “No más secuestro” y “Liberación de todos los secuestrados”, capitalizando así el rescate de Ingrid Betancur, los dos mercenarios yanquis y 13 militares retenidos por la guerrilla.
En el marco del enfrentamiento entre Álvaro Uribe y la Corte Suprema de Justicia se reactivó la Gran Coalición Democrática (GCD). La dirección de las centrales sindicales, en especial la CUT y la CTC, y el Polo Democrático Alternativo, llamaron a darle respaldo a la Corte Suprema, cuando ésta exigió a la Corte Constitucional que se pronunciara frente a la condena por cohecho de Yidis Medina, pues la aprobación de la reelección presidencial se había basado en un delito.
Los triunfos contra la guerrilla como la reciente liberación de Ingrid Betancourt, los tres mercenarios yanquis y 11 militares, impacta, y Uribe utiliza eso mediáticamente en forma muy hábil.
El evidente debilitamiento de las Farc ha puesto a analistas, periodistas, intelectuales de izquierda, políticos burgueses y activistas obreros, sindicales y revolucionarios a preguntarse: ¿A dónde va la guerrilla más antigua de América? Pero tal interrogante —como su respuesta— que es vital para los trabajadores y la reorganización de su lucha, podría ser formulado igualmente como: ¿A dónde están obligadas a ir las Farc?; o incluso, y mejor aún, ¿A dónde deberían ir las Farc?
El destape de la alianza entre los políticos del entorno de Uribe y los paramilitares (conocida como la parapolítica) y la corrupción del gobierno para hacerse reelegir comprando dos votos que necesitaba en el congreso (la Yidispolítica) tienen enredado a Uribe, y lo lógico es que todo el mundo estuviera pidiendo su cabeza y las direcciones del movimiento de masas convocando a las calles para tumbarlo. Pero nada de eso pasa(...)
En el año 2005, el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática firmaron el Ideario de Unidad que dio origen al Polo Democrático Alternativo (PDA) cuyo fundamento es la defensa del Estado Social de Derecho consagrado en la Constitución del 91. Esta unidad se convertiría poco a poco, para los trabajadores y los sectores populares, en una nueva frustración y por ello cada vez es más claro el papel del PDA como un frente reformista que se propone como opción electoral para administrar la crisis política y social causada por el neoliberalismo y el paramilitarismo.
La crisis en que se hunde el Parlamento, como producto inevitable de la infecciosa relación de la burocracia política —regional y nacional— con las bandas de narcotraficantes y de asesinos paramilitares, no es ni la única, ni la más podrida de las llagas del descompuesto régimen capitalista colombiano. Sólo es la más visible.
El presidente Álvaro Uribe está alcanzando niveles de popularidad semejantes a los alcanzados por Adolfo Hitler en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, a finales de la década del 30 del siglo pasado. No son normales en Colombia, ni en otro país cualquiera gobernado bajo las instituciones de la democracia burguesa, índices de aceptación superiores al 80 por ciento después de seis años de ejercicio del poder. Semejantes cifras, bajo el capitalismo, suelen corresponder a regímenes dictatoriales o bonapartistas que resultan de procesos reaccionarios o contrarrevolucionarios.
El duro enfrentamiento político entre quienes promueven el Acuerdo Humanitario para liberar a los retenidos e iniciar negociaciones con las Farc, y el gobierno de Uribe y sus partidos, que plantean el endurecimiento de la ofensiva militar contra la guerrilla hasta obligarla a rendirse, continuó polarizando al país. En ese marco Uribe logró una victoria importante: la masiva participación en las marchas del 4 de febrero (4F) y su impacto internacional, unificadas bajo la consigna de ¡No más Farc!, fueron un rotundo espaldarazo a su estrategia.
Por los desaparecidos, por los desplazados, por los masacrados, por los ejecutados
Guerra de aparatos y lucha de clases
Frente al capitalismo:
¿reforma o revolución?
Uribe en su laberinto
Gran Coalición
democrática: ¿Frente electoral? o ¿ unidad de acción?
Uribe-Granda-Chávez
¡y el gringo ahí!
-No a la extradición
de opositores políticos
Uribe Vélez. ¿Empezó
la cuesta?
La nueva reforma tributaria:
tributar, tributar y tributar (596)
Detener los asesinatos
y castigar a los culpables (596)
Movimiento obrero
¿La crisis del movimiento sindical ¿Qué hacer? (596)
-El regreso de las momias
(es595)
-Patria Nueva y la Gran Coalición
Democrática: el Estado "Antisocial" de Derecha
-¿Para quén
gobierna Garzón?
-Alto: ¿quién
vivía?
El Plan de Uribe y el imperialismo:
desafío 2004 (594)
Contra el paquetazo de Uribe:
paro estatal (594)
Negociación con
los paramilitares: Mancuso vino, habló y se fue (594)
De
la reelección y otros negocios (593)
Paramilitares
Avanza el acuartelamiento (593)
¿Unidad para luchar o para concertar? (593)
El gobierno de Uribe: la dictadura
civil (592)
Extradición: otra vez
el ojo del huracán (592)
La situación del
movimiento obrero y las tareas de organización (592)
¿Quién es más
tonto que el avestruz?: el embeleco del crecimiento económico uribista
(592)
Abstencióny movilización:
la alternativa de los trabajadores (581)
Nuevo Comité Ejecutivo ¿A dónde
va la CUT (580)
El régimen de Uribe: la sombra parda (581)
Estallemos La bomba social para darles por la
torre (581)
Plan de guerra de Uribe: ¡No importan
los muertos¡ (581)
Contra el "Plan de Seguridad Democrática":
Defender las libertades democráticas (579)
Deuda externa no pagar (579)
El gobierno de Uribe y las tareas
de los socialistas (578)