Publicación de la LITci.Nueva época.
Marzo de 2009

La caldera de la lucha de clases

SECRETARIADO DE LA LIT


La lucha de clases se calienta a toda velocidad en Europa, para gran alarma de gobiernos y burguesías que, al mismo tiempo, la atizan con sus medidas contra los trabajadores. Prácticamente todos los países viven movilizaciones obreras y populares que se radicalizan y se masifican al calor de una crisis que ataca de lleno el empleo y las conquistas obreras, y empobrece a amplios sectores de las capas medias.

 Entramos en un período marcado por una crisis histórica del capitalismo que rompe todas las compuertas y por una ebullición general del movimiento de masas, que comienza a ser brutalmente golpeado tras una década larga de "prosperidad" y acelera el descrédito general de los diferentes gobiernos.

 Los ataques de los gobiernos y las burguesías
 A pesar de las grandes ganancias logradas en años recientes, y de las gigantescas ayudas actuales de los gobiernos, las empresas han comenzado a descargar el costo de la crisis sobre los trabajadores.  El  principal ataque se expresa a través del gran aumento del desempleo,  por el freno en las contrataciones y los despidos masivos que ya se están produciendo en todas las grandes empresas. Se estima que diariamente se pierden 10.000 puestos de trabajo. En la industria automotriz, Renault, anunció 6.000 despidos en Francia; Nissan de España, 1.700, y así por el estilo. Otro sector muy afectado ha sido la construcción. En España, se calcula que, a finales de 2009, habrá 900.000 obreros de la construcción sin trabajo.

 Algunos gobiernos también quieren eliminar el "seguro al paro". Con gran cinismo, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Gobernador del Banco de España, expresa que una de las causas del alto desempleo en el país es su "mercado de trabajo ineficiente". Por eso, hay que "llevar a cabo reformas estructurales de las instituciones laborales", comenzando por reducir al mínimo el seguro al paro, hoy a cargo de las empresas,  y transferirlo al Estado[1] . Aunque parezca increíble, para reducir la desocupación. hay que abaratar el costo del despido a las empresas, mientras, por el otro lado, los gobiernos siguen "ayudando" a los que despiden.

 Juntos a los despidos, se profundiza el ataque a los niveles salariales y a las condiciones de contratación, a través de los "planes de viabilidad" para los trabajadores que conservan su empleo  y para los nuevos contratados. Estos planes ya venían siendo impulsados por las empresas, pero ahora, aprovechando la crisis, redoblan su intensidad, presentándolos, de modo hipócrita, como "planes para salvar la fuente de trabajo".

 Paralelamente, se desarrollan ataques a los trabajadores inmigrantes, que las burguesías utilizaron para abaratar los costos laborales en el período de ascenso económico (ver articulo). También a través de la reducción de los presupuestos estatales para los servicios esenciales, como la educación y la salud públicas, que implican la reducción y el congelamiento salariales para los trabajadores estatales, y la pérdida de miles de puestos de trabajo, como acontecerá con los docentes laboralmente precarizados, en Italia, si pasa la reforma educativa propuesta por el gobierno Berlusconi.

 La respuesta de los trabajadores y las masas
Incluso unos meses antes que la crisis y el desempleo masivo comenzaran a hacer estragos en todo el continente, la gran revuelta griega anunciaba la entrada en un nuevo período de la lucha de clases continental. Iniciada el 6 de diciembre en respuesta al asesinato del joven Alexis, fue protagonizada por la "generación de los 700 euros" y generó una semi-insurrección espontánea que puso a Grecia patas arriba.

 El ascenso obrero y popular se va extendiendo a otros países. Veamos algunos de los hechos más importantes:

 España
Se han desarrollado numerosas luchas sectoriales; en especial contra los EREs (Expedientes de Regulación de Empleo), con que las empresas presentan sus planes de despidos.  En Barcelona, donde Nissan quiere despedir 1.700 trabajadores (habría otros 4.000 en las proveedoras). En noviembre: una manifestación contra los EREs de los trabajadores de Nissan, Pirelli, Tyco, Delphi, y otras empresas, convocada por las centrales CC.OO. y UGT, contó con 40.000 personas. En Madrid, en noviembre pasado, la Coordinadora de Trabajadores de la Sanidad Pública  realizó una manifestación contra la privatización del sector (20.000 personas). Para completar el cuadro, decenas de miles de estudiantes se manifestaron contra la privatización de la enseñanza universitaria, y ahora se proyecta un encuentro nacional para continuar la lucha.

 Francia
El 29 de enero pasado, hubo una masiva huelga general, convocada por las 8 centrales sindicales, "contra el apoyo unilateral que el Estado francés brinda a los bancos y la industria mediante el paquete de medidas para reactivar la coyuntura económica", y para exigir que el gobierno implemente "gastos masivos del Estado para ayudar también a los trabajadores y desempleados a afrontar las consecuencias de la crisis financiera y económica" (Clarín, 30/01/09). Para el 19 de marzo está convocada una nueva huelga general. En los territorios franceses de ultramar de Guadalupe y Martinica, en el Caribe, desde hace varias semanas, se desarrolla una huelga general, en protesta contra el alto costo de vida y exigiendo ayuda financiera al gobierno Sarkozy.

 Irlanda
El 21 de febrero pasado, "unas 120.000 personas se congregaron en la capital de Irlanda [Dublín], uno de los países europeos más afectados por la crisis global, para protestar contra el papel del gobierno y de los bancos en la debacle financiera" (La Nación, 22/2/09). La protesta, una de las más grandes en la historia del país, fue convocada por varios sindicatos, contra la decisión del primer ministro conservador Brian Cowen de gravar con un impuesto las pensiones de 350.000 empleados estatales.

 Italia
El 17 de octubre pasado, los "sindicatos alternativos" llamaron a una jornada de huelga y movilización, En Roma, participación miles de manifestantes, especialmente trabajadores de las escuelas y jóvenes estudiantes, en oposición a la reforma educativa impulsada por el gobierno Berlusconi. Para debilitar el movimiento del 17, la mayor central sindical italiana, la CGIL, convocó un paro de 4 horas, par el 13, pero muchos sectores, como funcionarios públicos y metalúrgicos decidieron extender la protesta a toda la jornada. Los sindicatos alternativos se sumaron también a esta convocatoria, con su propia plataforma reivindicativa, y se realizaron movilizaciones con decenas de miles de participantes en las principales ciudades italianas. El sector educativo (docentes y estudiantes) continúo la lucha en los meses siguientes. El 13 de febrero, la CGIL presionada por la convocatoria de la federación metalúrgica, llamó una nueva jornada de lucha. En Roma, se realizó una gigantesca manifestación de 700.000 personas, con fuerte presencia de funcionarios públicos, metalúrgicos y estudiantes.

Portugal
La vanguardia actual son los profesores, en lucha contra un plan de reestructuración del sistema educativo y de la carrera docente, impulsado por el gobierno del "socialista" Sócrates. El 8 de noviembre pasado, se realizó una manifestación con 120.000 participantes (una de las más grandes desde las movilizaciones de la revolución de 1975). El 15 de noviembre, frente al intento de los sindicatos "oficiales" de pactar con el gobierno, crece el peso en la lucha de organizaciones de base independientes que, posteriormente, realizaron una convocatoria propia con más de 15.000 personas, por fuera del aparato de la burocracia sindical, que buscaba desmovilizar.


 Por un plan obrero y de lucha contra la crisis
 Los burgueses y sus gobiernos dicen que la única alternativa ante la crisis es el sacrificio de millones de trabajadores. Pero esta es "su salida", no la nuestra.  Hay que dar vuelta la lógica de los patronos: que la crisis la paguen los capitalistas, no los trabajadores. Es posible luchar por una política económica cuyo eje ordenador sea resolver las urgentes necesidades de los trabajadores y el pueblo frente a la crisis.  El dinero para estas medidas debe salir, por un lado, de los billones que los bancos y empresas están recibiendo de los gobiernos y, por el otro, de las fabulosas ganancias que han obtenido en estos años.

 Por eso, la primera medida necesaria es nacionalizar la banca. Pero no como lo vienen haciendo gobiernos como el británico, sino expropiándolos, sin ningún tipo de pago a sus propietarios, para que funcionen en un sistema bancario estatal único, bajo el control de los trabajadores. 

El principal problema que está afectando a los trabajadores europeos es la desocupación. Por eso, las medidas y la lucha deben apuntar a la defensa de los puestos de trabajo. Contra el desempleo, hay que luchar (y exigir de los gobiernos) la prohibición de los despidos. Para que esto no quede en el papel, la manera de garantizar realmente esta medida es la nacionalización sin indemnización de las empresas que despidan. Algo que, además, es mucho más barato que la ayuda de billones que están recibiendo las empresas.

 Frente a la baja de la producción (que, en los momentos de alza, se realizaba en condiciones de sobreexplotación y ritmos de trabajo extenuantes), debemos levantar la escala móvil de horas de trabajo (reducir proporcionalmente la jornada laboral de todos los trabajadores) sin reducción de salario.  Así, sería posible aplicar la semana laboral de 36 ó 35 horas semanales. Mientras tanto, para los trabajadores que ya han perdido su trabajo, es imprescindible un seguro de desempleo a cargo del estado y las empresas, que cubra las necesidades de una familia, hasta que el estado garantice un puesto de trabajo digno.

 Al mismo tiempo, para acabar con la desocupación, es muy importante exigir a los gobiernos que inicien de inmediato planes de obras públicas que den trabajo a millones y que, en vez de deteriorar los servicios públicos, construyan hospitales, escuelas y universidades públicas, viviendas populares de calidad.

 Otros puntos son la rebaja de la edad de jubilación y que cada jubilado sea reemplazado por un trabajador con los mismos derechos garantizado por ley; el rechazo a todas las propuestas patronales de reformas laborales precarizantes y flexibilizadoras, exigiendo la defensa incondicional de los derechos laborales y sociales adquiridos. Todo retroceso que consigan imponernos ahora va a costar sangre recuperarlo en el futuro y lo único que garantiza es el beneficio empresarial. Por último, la crisis está produciendo un aumento de la pobreza y un deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores. Por eso, debemos luchar por un aumento general de salarios, jubilaciones y pensiones.

 Avanzar en la organización independiente
 Todas las luchas que hemos citado han sido el resultado de la presión y la bronca de la base. El principal freno actual a la movilización y gran apoyo de los Gobiernos son actualmente los aparatos sindicales que, durante el último período, se apoyaron en sectores de la aristocracia obrera beneficiada de la "prosperidad". Así han afianzado sus privilegios burocráticos, mientras se aliaban con la patronal y los gobiernos para generalizar la precariedad y los bajos salarios de la mayoría trabajadora (especialmente de la juventud), avalando la discriminación y la sobreexplotación a los trabajadores inmigrantes, convertidos en una parte consustancial de la clase obrera europea.

 Durante estos años la clase obrera europea ha recibido golpes importantes, pero no ha sufrido ninguna derrota histórica y está, por tanto, entera para responder a las grandes penalidades a las que le condena la crisis capitalista. Pero, siendo esto cierto, no hay que olvidar que nos encontramos, al mismo tiempo, con un retardo subjetivo enorme, tanto en el terreno de la organización de las oposiciones clasistas a la burocracia sindical como en el del agrupamiento de la izquierda revolucionaria.


 Ahora, con el aumento del desempleo, los ataques a los derechos laborales y a los servicios públicos, las bases del dominio de la burocracia sindical están condenadas a resquebrajarse, pues ya no sólo son atacados los sectores más explotados de la clase obrera sino también amplios estratos de la aristocracia obrera y de las capas medias.
Es evidente que, mientras esas burocracias sigan controlando los aparatos sindicales, y en este sentido dirigiendo a la mayoría de los trabajadores, es necesaria una política de exigencia a sus direcciones para que rompan sus acuerdos con los gobiernos y empresas, y se pongan a la cabeza de verdaderos planes de lucha nacionales y europeos. En ese marco, es necesario impulsar la unidad de todas las organizaciones obreras con el objetivo de lograr movilizaciones y luchas masivas y contundentes, que  respondan a los ataques de los gobiernos y de los patrones.   

 Pero, paralelamente, para avanzar en una respuesta de lucha acorde con la situación y los ataques, se hace necesario impulsar y avanzar en una verdadera organización democrática y de lucha de los trabajadores, que pueda irse fortaleciendo como alternativa a estas burocracias y sus aparatos. En este sentido, experiencias como la coordinación de los sindicatos alternativos italianos, la de las organizaciones independientes de base de los docentes portugueses o la de la Coordinadora de la Salud de Madrid pueden mostrar el camino.

[1] (La economía española después de la crisis, 11/2/09, tomado de www.bde.es/prensa/intervenpub/gobernador/mfo100209.pdf).