Existe una especie de roedores en Noruega, —los lemming— que cuando hay sobrepoblación se precipitan en masa a un río o a un precipicio. Así, como si fueran “lemmings”, el capitalismo quiere dirigir a la juventud hacia el abismo de la barbarie. Los jóvenes se ven enfrentados a un mundo en que la brecha entre países ricos y pobres no solo es groseramente alta, sino que aumenta día a día. Al mismo tiempo que ha desarrollado increíbles tecnologías agroindustriales, condena a 840 millones de personas al hambre. Mientras 8.7 millones de personas en el mundo (el 0.14 % de la población mundial) poseen fortunas superiores a 1 millón de dólares, 1.290 millones en el mundo (21.5%) sobreviven en la indigencia y 2.800 millones (46.6) viven en la pobreza.
Mientras tanto, en los foros económicos, en la ONU y en los demás organismos del imperialismo, se discute con cinismo las recetas para las políticas de “Reducción de la Pobreza”: más liberalización de los mercados pobres, reducción de los salarios, la precarización del trabajo, más guerras “antiterroristas”. En pocas palabras sometimiento y explotación para que las fortunas de la burguesía internacional siga multiplicándose.
En medio de este fango de contradicciones la juventud es la que vive más dramáticamente las paradojas del capitalismo. La receta de la reducción de la pobreza es la receta de los “lemmings”, ir directo al abismo.
Los medios masivos de comunicación bombardean permanentemente con publicidad y con la ideología del consumo las mentes de la juventud. Crean un paradigma de felicidad, de sociedad opulenta donde disfrutar de la vida es consumir permanentemente efímeras mercancías, en un vertiginoso remolino que entre el “in” y el “out” mantienen prisioneros a millones de jóvenes del mundo en las tiendas y centros comerciales, nuevos templos de la “Cultura Juvenil”. Pero esa misma sociedad que seduce con sus coloridas y sensuales mercancías interpone un vidrio de seguridad entre la realidad de millones y la vitrina de ensueño.
Aquí se diluye la comunidad hedonista, entre los que pueden comprar y satisfacer su alienación y los más de 700 millones que no tienen la posibilidad económica de consumir, de satisfacer las expectativas que les ha generado la sociedad de consumo. La frustración, el fracaso y la angustia se sumarán a las penalidades de la vida material de la juventud pobre y trabajadora del mundo.
Trabajo precario y desempleo
El desempleo es uno de los factores que mas afectan a la juventud. Según las cifras oficiales casi el 15% de la juventud está desempleada. Entre los 18 y los 22 años el desempleo es mayor; edad en la que después del bachillerato, la mayoría de los jóvenes necesitan más el trabajo, ya sea porque no pueden acceder a la educación superior, o porque tienen que trabajar si quieren seguir estudiando.
Los que logran trabajar son sometidos permanentemente al eterno chantaje del desempleo, que saben usar muy bien los capitalistas. Además, la falta de experiencia o la baja calificación, obligan al joven empleado a someterse a las condiciones más degradantes de trabajo. Trabajando en fábricas, empacando en un supermercado, sirviendo en un negocio de comidas, atendiendo un local de llamadas; en la calle, en cualquier semáforo o en los buses vendiendo minutos a celular, ofreciendo Cds, dulces o esferos; la situación laboral de la juventud trabajadora es prácticamente la misma: el trabajo precario.
Los bajísimos salarios en el mejor de los casos se acercan al salario mínimo, cuando no es trabajo a destajo, o sometido a la incertidumbre del rebusque y del producido diario del subempleo y el trabajo informal. Incluso los jóvenes con algún título técnico o profesional tienen que someterse a un mercado que ofrece en promedio 600.000 pesos de salario.
Mediante la forma de contratar (cuando existe un contrato) el patrón logra asegurar una mejor explotación. Con contratos a término fijo, órdenes de prestación de servicios, las cooperativas de trabajo o las bolsas de empleo, los patronos prácticamente se han desentendido de la responsabilidad de pagar la seguridad social, ahora recargada en la familia o en el propio trabajador.
El reconocimiento de la jornada nocturna ha sido reducido, al igual que el pago de dominicales y festivos. Los contratos de aprendizaje llevan a los estudiantes del SENA a prácticamente regalar su trabajo a cambio de la desprotección total. Además despedir un trabajador sin justa causa es mas barato que nunca para el capitalista.
La única regulación que le queda al trabajo juvenil es “la ley de la selva”. Todo esto justificado por Uribe dizque “para aumentar el empleo”, pero mientras crecía la población juvenil, el empleo disminuyó y se precarizó.
Estas son las condiciones de trabajo de las nuevas generaciones de trabajadores. Son los millones de explotados que no saben lo que es una convención colectiva, derechos adquiridos en materia de salarios o de pensión y salud. Son los trabajadores provisionales que crecen en las entidades del estado. Y son los trabajadores que han sido despojados de la solidaridad y la conciencia de clase, los que carecen de una organización sindical.
“Estudie mijo, para que sea alguien en la vida”
En la casa, en el colegio y en la sociedad nos repiten sin cesar: estudiar es la mejor forma de salir de la olla. En Colombia uno de cada tres jóvenes dedican años de su vida a estar relacionados con algún aparato del sistema educativo, con la esperanza de que al salir de él pueda ascender socialmente, o por lo menos encontrar un trabajo que le permita sobrevivir.
Pero el aparato productivo no está en capacidad de asimilar los crecientes niveles de educación, el desempleo después de graduarse es una frustración más que se suma a la angustiosa situación del joven.
Las transformaciones en la economía cada vez precisan menos profesionales, y mas mano de obra barata y calificada exclusivamente en las necesidades del trabajo precario: “competencias en operaciones básicas” y disposición al sometimiento a las mas variadas, inestables y alienantes condiciones de sobreexplotación.
Al servicio de este fin los colegios enseñan “emprendimiento” a sus estudiantes para que acepten y no luchen contra las nuevas y las viejas formas de sobreexplotación.
Enfrentarse a semejantes contradicciones de forma permanente todos los días en todos los ámbitos de la vida social (incluido el familiar), no puede menos que causar un estado general de estrés, angustia y depresión en los jóvenes quienes prisioneros del individualismo asumen su situación como un problema personal que exteriorizan en una apatía general o simplemente la somatizan en forma de trastornos de la salud mental y corporal, llegando al extremo de terminar su vida como lo demuestran las alarmantes cifras de suicidio en los jóvenes.
Pero a pesar de la desesperanza y el escepticismo la perspectiva colectiva, de rebeldía y rechazo contra esta sociedad excluyente se abre paso entre la juventud.
En algunos casos los jóvenes se organizan en “parches” grupos u otras comunidades de jóvenes que tratan así de suplir algunas necesidades materiales y afectivas que les niega la sociedad. Estos grupos en muchos casos caen fácilmente en la exteriorización del inconformismo de forma violenta o en el acceso violento a los bienes de consumo que les niega el mercado.
Pero la juventud marginada y sometida a la crisis social también puede generar actividades de protesta y movilización, aunque la carencia de sindicatos y organizaciones estudiantiles o juveniles dificulta la centralización.
En el pasado paro de trasportadores en Bogotá espontáneamente cientos de jóvenes aprovecharon la oportunidad para enfrentar al símbolo de la represión y la exclusión: el policía y el sistema Transmilenio.
Los estudiantes siguen enfrentando permanentemente, con los altibajos del movimiento estudiantil los planes de privatización y desmonte de la educación publica y se ha desarrollado, sobretodo en las capas medias de la juventud un rechazo a la dominación imperialista, expresada en los tratados comerciales y militares, así como la presencia de multinacionales en todo el mundo. Este rechazo ha confluido con el movimiento antiglobalización, que en Europa y Estados Unidos han realizado acciones de protesta importantes, como las que se desarrollaron contra la guerra en Irak.
Palestina Paris y Santiago
En Palestina, generación tras generación de jóvenes se enfrentan ante el odiado invasor sionista, armados de unas cuantas piedras, un fusil, o un cinturón de explosivos y un gran odio contra el invasor que les quitó su país.
A finales del 2005 se desató una insurrección de la juventud inmigrante en Paris, donde miles de jóvenes hijos de inmigrantes de países africanos, asiáticos y latinoamericanos desataron su ira contra la autoridad francesa que los excluye, los estigmatiza, y los ve como potenciales terroristas. Esa lucha empalmó meses después con el rechazo al CPE (Contrato Primer Empleo) que protagonizaron los estudiantes universitarios, secundarios y la clase obrera de toda Francia. Finalmente lograron que el Presidente Jaques Chiraq y su primer ministro Dominique de Villepin echaran atrás el polémico proyecto de ley.
Y en Chile movilizaciones de estudiantes secundarios que no se daban desde la época de Allende, exigían al gobierno socialdemócrata de Michelle Bachellet transporte gratuito para los estudiantes, la modificación de la jornada de estudio, examen de admisión a la educación superior gratuito y la modificación de la LOCE, la ley educativa que hizo aprobar Pinochet antes de abandonar el poder.
Pimienta Roja