Juventud

Política pública de juventud para Bogotá
Derechos en el papel, contusiones en el cuerpo

Mucho se ha hablado de inclusión, equidad para las mujeres, reconocimiento de las formas culturales y de las organizaciones juveniles, garantizar los derechos de la niñez y la juventud desde que empezaron a diseñarse las políticas dirigidas a la juventud en Bogotá. Lo concreto es que las cifras que presentan los diagnósticos en lo que a pauperización de la vida de los jóvenes sigue creciendo.

Pero mientras los derechos resuenan en el papel, la realidad es muy diferente. La juventud es estigmatizada como una etapa de la vida susceptible a la rebeldía y hacia “actividades delictivas” que cuestionan la autoridad. Que un joven exteriorice una particular forma de vestir o de peinado es suficiente motivo para que sea asociado inmediatamente con el consumo de drogas y la práctica de delitos. Este prejuicio se vuelve particularmente peligroso en un país como el nuestro con sus altos niveles de violencia política.

El objetivo de esta política no es precisamente enfrentar seriamente la dramática situación de miseria, exclusión y represión hacia la juventud pobre y trabajadora bogotana. En ningún lado se discute atacar las causas de la problemática juvenil. ¿Dónde están los planes de empleo? ¿Cuáles son las garantías reales para el acceso a la cultura? ¿Cómo se revertirá el proceso de desmonte de la educación pública?
El objetivo no es atacar las causas, sino mitigar los efectos y sobretodo controlar las expresiones juveniles, a fin de evitar una explosión como en Francia y Chile.´

Los procesos de discusión de esta política quieren institucionalizar las expresiones culturales y organizativas juveniles y sobretodo a los jóvenes que se destacan como dirigentes y organizadores en medio de la lucha generacional por el reconocimiento y el rechazo a la autoridad, atenuando así su carácter rebelde y radical para poder así convertirlos  en agentes eficaces para la aplicación de políticas juveniles y el control férreo de los fenómenos juveniles.

Aún así, la relación cotidiana de muchos jóvenes con el distrito sigue siendo la de la persecución y represión por parte de la policía, y el control opresivo ejercido a diario en los colegios y universidades.

En lo corrido de la administración Garzón han muerto dos estudiantes a manos del asesino ESMAD. El primero, Nicolás Neira, en plena movilización del 1º de Mayo fue muerto por golpes de los agentes del ESMAD. Casi un año más tarde murió en medio de una protesta en la Universidad Nacional el estudiante de la Universidad Distrital Carlos Salas. La policía ha invadido en varias oportunidades los campus universitarios e impedido y hostigado cualquier movilización estudiantil o juvenil.´

Parece ser que los policías no han escuchado nada sobre los lineamientos de la Política de Juventud, pues se siguen guiando por la ropa o la forma del peinado, para ensañarse con los jóvenes pobres. Requisa tras requisa, los jóvenes tienen que mostrar y demostrar que simplemente paseaban o se encontraban con unos amigos para no terminar en uno de los temibles y degradantes galpones de reclusión llamados UPJ (Unidades Permanentes de Justicia).´

Los estudiantes de los colegios distritales no solo se han tenido que enfrentar a las arbitrariedades opresivas de maestros y directivas, si no que ante las acciones de protesta, los golpes insultos y persecución por parte del ESMAD son la respuesta a las demandas estudiantiles.

Pero tal vez la forma más dramática en que a los jóvenes se les violan los derechos más elementales es la arremetida paramilitar que ha asesinado a muchos jóvenes en la localidad de Ciudad Bolívar.