El estudiantado de la UIS adelanta hoy una lucha por la defensa de la educación pública, por la defensa del carácter profesional de las carreras, y por más democracia para la comunidad universitaria. Ha sido afectado el normal desarrollo de la actividad académica, más de 40 estudiantes fueron heridos por la fuerza pública el 16 de mayo, uno de los cuales, José David Arias, estuvo al borde de la muerte antes de superar un estado de coma de 3 días, como consecuencia de una herida en la cabeza producida por balines disparados por el ESMAD, y otro sufrió fractura de tres costillas, una clavícula y un fémur, después de ser aprisionado contra la reja de acceso a la Universidad por una tanqueta de la Policía.
Los antecedentes de esta situación se remiten al trato antidemocrático y antipopular que la minoría uribista y sus adláteres godo-liberales en la Dirección de la Universidad Industrial de Santander, UIS, y el Hospital Universitario de Santander (HUS) han impuesto a la vida académica. A ella ha respondido el estudiantado con la presentación de un Pliego de Exigencias y la presión de una Asamblea permanente, la que significó la parálisis de las actividades académicas.
Educación de calidad, financiación
y derechos democráticos
Desde varios semestres atrás, se realizan reformas a los currículos y los pénsumes, que atentan contra el carácter profesional de las carreras y que, de continuar profundizándose, convertirían la Universidad en una institución tecnológica. Algunas de tales reformas se realizan tan arbitrariamente que, en Ingenierías Eléctrica y Electrónica, por ejemplo, han significado una prolongación de la duración de la carrera, sin que hubieran valido los reclamos estudiantiles.
En la misma dirección va la política de contratación de profesores. Cerca del 55% del profesorado de la UIS es vinculado mediante temporalidad, por hora-cátedra, con lo que se paga solamente la hora de clase dictada, sin incluir paga para capacitación docente, preparación de clases, vacaciones ni producción intelectual; en consecuencia el catedrático no obtiene puntos académicos, como su colega de planta, para ameritar el reajuste del valor de la hora dictada. Esa modalidad, que representa para la Universidad un ahorro por lo menos del 40% respecto de lo que vale para un profesor de planta, conlleva, sin embargo, un estancamiento académico para el profesor catedrático, con la consiguiente secuela en el nivel de la calidad académica.
El Convenio de la UIS con el HUS para la dirección docente-asistencial es manejado con criterio amañado por el Gerente, nombrado por el Gobernador del Departamento. A septiembre de 2006, el HUS tenía una cartera de difícil recaudo de $6.500 millones y pérdidas por negligencia administrativa de por lo menos $ 3,5 millones.
El pliego estudiantil no ha relegado la conquista de una autonomía universitaria democrática. Es necesario conquistar la elegibilidad con mandato y su revocabilidad en el nombramiento de Decanos; sólo así podrá pensarse en que los cargos de dirección universitaria estén al servicio de la ciencia y la cultura, al servicio de las mayorías y el pueblo, y no al servicio de apetitos individuales de arribistas que los utilizan para congraciarse con minorías despóticas y oscurantistas, y hacer carrera personal.
Las vicisitudes del pliego estudiantil
El 29 de marzo fue entregado a la dirección universitaria el pliego estudiantil, después de una Asamblea general. La dirección estudiantil exigía perentoriamente un pronunciamiento del Rector sobre el Pliego, y radicalizó su posición lanzando una Asamblea permanente desde el 24 de abril.
Varios días después, el 27 de abril, el Rector, después de salir derrotado en una medición de fuerzas —al fracasar su convocatoria a los estudiantes que no asisten a la Asamblea permanente—a que estudiara y clasificara las peticiones estudiantiles para que hicieran tránsito en los correspondientes Consejos de gobierno universitario.
El 5 de mayo, el Consejo Superior Universitario (CSU) presidido por el Gobernador, un militar retirado, lanzó un ultimátum para que el 9 de mayo retornara la normalidad académica o vacaciones, independientemente de que no se hubieran satisfecho las peticiones estudiantiles. En esas circunstancias, las direcciones estudiantil y universitaria acordaron lo que se ha llamado la “Hoja de ruta” para dirimir el conflicto, la que incluía el restablecimiento paulatino y flexible de la normalidad académica a partir del 14 de mayo. En la Asamblea general posterior al acuerdo, unos doscientos activistas se opusieron a aceptarlo, propusieron retar el ultimátum, y la decisión debió ser adoptada por una mayoría de más de cuatrocientos estudiantes.
Según la “Hoja de ruta” acordada, el Rector y el Consejo Académico debían hacer, el 18 de mayo, un pronunciamiento en torno a las exigencias estudiantiles del Pliego; no obstante, la Dirección universitaria incumplió los Acuerdos y el 16 de mayo cerró la Universidad hasta el 28 de mayo, pretextando la realización de la violenta protesta estudiantil del 16 de mayo contra el Gobierno uribista y su Plan de Desarrollo, que recorta el presupuesto de las universidades públicas.
Las perspectivas y la organización estudiantil
Para movilizar al conjunto de la comunidad universitaria de la UIS, es preciso que el profesorado, incluyendo a los catedráticos, el sector más deprimido, se movilice en defensa de sus reclamos y de la Universidad pública, construya una seccional de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios, ASPU, y forje Círculos Socialistas para la orientación de su lucha. Algunos dirigentes profesorales han sobrevalorado excesos de algunos activistas que han llegado a amedrentar a la comunidad universitaria mediante explosivos de fabricación artesanal, y han desestimado los avances del movimiento estudiantil. Mientras se critican las posiciones erráticas, es necesario que el profesorado adopte una posición más resuelta en defensa de sus propios intereses y se diferencie de las fuerzas gobiernistas y reaccionarias.
Con la lucha de los universitarios y los maestros primarios y secundarios están dadas las condiciones para que el sector educativo sea la columna vertebral de un gran movimiento nacional que unifique las víctimas de la violencia paramilitar, con los trabajadores de la salud pública, golpeados con la liquidación del ISS, y los conflictos en los numerosos hospitales a lo largo del país.
En el Tolima, concientes de que el ímpetu estudiantil secundario debe organizarse, se generó un organismo amplio y de unidad denominado Coordinadora Estudiantil. Desde ese espacio se ha concientizado y orientado a los secundarios. El comité político de esta organización ha visitado colegio por colegio y salón por salón para informar y concientizar respecto a la gran amenaza social que significa el Plan Nacional de Desarrollo y la Ley de Transferencias.
Siendo concientes de que la lucha no se hace desde los aparatos burocráticos, sino desde las calles mediante la movilización de las masas, se organizó una marcha para el viernes 8 de junio, en la cual participarían todos los sectores, pero una vez más la masificación estuvo a cargo de los estudiantes (secundarios y universitarios), unos pocos docentes y las juntas directivas de organizaciones como la CUT. Esta marcha tenía como objetivo central repudiar el PND y la ley de transferencias, así como también buscaba reivindicar y conmemorar el día del estudiante revolucionario.
La marcha salio a las 9 de la mañana desde dos puntos diferentes: la Universidad del Tolima donde se concentraron universitarios, docentes, trabajadores y egresados de esta institución y algunos vendedores ambulantes, y Simatol desde donde marcharon los docentes y los estudiantes secundarios. Poco tiempo después las marchas convergerían en la calle 42 con Avenida Ferrocarril. A esa altura la marcha congregaba aproximadamente unos 5,500 manifestantes, que caminaban pacíficamente. En el punto Mirolindo se bloqueó la vía que comunica a Ibagué con Bogotá durante aproximadamente tres horas, paralizando la ciudad.
Al llegar a Mirolindo encontramos un gran número de policías antimotines acompañados de una tanqueta. Sin problemas establecimos el bloqueo manteniendo nuestra consigna: ¡esto es una marcha pacifica!
Dos horas después, mientras se realizaban actividades lúdicas o simplemente descansar, sin ningún tipo de aviso o sugerencia por parte del comandante del operativo para que levantáramos el bloqueo fuimos sorprendidos por una turba que corría espantada diciendo: ¡están tirando gas! Con el fin de proteger la manifestación, dentro de la cual había muchos estudiantes de secundaria y alrededor de unas cinco mujeres embarazadas, le solicitamos a la gente que se concentrara en una estación de gas, creyendo que despejando la vía, no contestando al ataque de la policía (y con el riesgo que significaba lanzar gas contra un lugar donde se almacena gran cantidad de líquidos inflamables y explosivos) cesaría el ataque. Pero esto no sucedió, continuaron lanzando gas sin importar que la manifestación hasta ese momento no oponía resistencia, y empezaron a golpear inhumanamente a la gente y luego los subían a las patrullas. Fue tan despiadada la actitud policial, que a dos personas que alzando los brazos en señal de paz, mientras mostraban un carné de Derechos Humanos y portaban chaleco que los identificaban como tal, los policías contestaron: “aquí están sus derechos humanos”, y acto seguido iniciaron la respectiva golpiza.
Al ver que la única intención de la policía era agredir, los estudiantes tuvimos que defendernos con piedras del brutal ataque, durante un largo tiempo se sostuvo el enfrentamiento, pero por la correlación de fuerzas desfavorable, fuimos retrocediendo hasta la Universidad. Una vez allí a salvo del ataque, se escuchó la arenga ¡Sobrevivimos y sobreviviremos a la verde amenaza! Como resultado del enfrentamiento quedó un CAI completamente destruido, dos motos policiales destruidas, varios policías heridos, muchos estudiantes heridos, 11 estudiantes universitarios y 15 secundarios detenidos. Algunos estudiantes que requerían sutura, tuvieron que curarse sus heridas a la antigua, ya que no se pudo seguir remitiendo los heridos a los centros asistenciales, porque a los primeros que enviamos, una vez atendidos, un señor de verde les decía: ¡queda usted detenido!
Estamos seguros, que los medios de desinformación como "Paracol" y "Radio Casa de Nariño" (RCN), van a justificar la golpiza represiva e innecesaria que propinó la policía.
Corresponsal de El Socialista en Ibagué
El 2 de mayo se inició el proceso de movilización nacional en las universidades públicas. Y esta vez arrancó remolcado por el centro de educación superior más importante del país: la Universidad Nacional. Si bien en los últimos años, de manera desigual, diversas universidades públicas han librado importantes luchas, estas no han superado el ámbito regional o el conflicto interno. Las causas son múltiples: problemas presupuestales, de bienestar estudiantil, laborales, académicos, de gestión democrática o por la represión contra los activistas de los estamentos básicos. Esta vez, la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo que, en varios de sus artículos, atenta contra la financiación de las universidades públicas, fue el detonador del movimiento.
Las movilizaciones masivas, iniciadas por la UN Sede Bogotá, tomaron por sorpresa a más de uno, en particular al archipiélago de organizaciones estudiantiles que, hasta ahora, no han sido más que apéndices gremiales de diversas corrientes políticas de izquierda, y que, más que incentivar la unidad democrática de los estudiantes, han sido un obstáculo para la misma. También quedaron aislados los grupos vanguardistas que durante dos décadas han presentado el estéril tropel de encapuchados como la única alternativa para la protesta estudiantil.
Los trabajadores universitarios se han reanimado a pesar de que su más importante sindicato nacional, Sintraunicol, está debilitado producto de la reestructuración de varias universidades, el despido masivo de trabajadores y el asesinato y persecusión de sus dirigentes. Los profesores cuentan con dos organizaciones nacionales que se hacen paralelismo: la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (Aspu) y la Federación Nacional de Profesores Universitarios (Fenalprou) que incluye a Aspu y a varias asociaciones locales y civiles. Los pensionados también cuentan con su propia representación. Por fuera de ellos figuran en el movimiento los representantes estudiantiles y profesorales a los cuerpos colegiados de las universidades. Esta multitud de organizaciones coordinan coyunturalmente sus actividades a través de la llamada Multiestamentaria que, al carecer de una participación activa y democrática de las bases, muchas veces se limita a proponer burocráticamente actividades que nadie impulsa. Fuera de eso, en la medida en que la mayoría de sus dirigentes pertenecen al Polo Democrático Alternativo, subordinan la actividad en el sector a las necesidades electorales de su movimiento político, como ocurrió el año 2006 cuando la más importante movilización, la marcha en solidaridad con la Universidad del Atlántico, terminó convertida en un mitin de apoyo a Carlos Gaviria. Poco después la universidad fue declarada en quiebra y no hubo respuesta nacional .
El movimiento actual ha rebasado la capacidad de control de las direcciones y tiene una profunda dinámica democrática. En muchas universidades sólo se acepta lo discutido y votado en asambleas masivas donde se funden los estamentos, pero predomina la radicalidad de las bases estudiantiles. Pero eso, que es una fortaleza, se convierte en debilidad al carecer de una organización nacional cohesionada que coordine las acciones, garantice su realización y las dote de una estrategia. Este es el principal problema a superar en el próximo futuro. Por eso la medida represiva del gobierno de cerrar universidades o declararlas en vacaciones ha logrado desvertebrar coyunturalmente la protesta.
El 10 y 11 de junio, una reunión de emergencia de la Multiestamentaria Nacional, en la que se destacó una nutrida delegación de la UN Sede Manizales, evaluó la situación del movimiento y definió la necesidad de sostenerlo y proyectarlo hacia el segundo semestre del 2007. Igualmente se planteó la necesidad de coordinar acciones con el resto del sector educativo a través del Frente por la Defensa de la Educación Pública, liderado por la Fecode, impulsando un Encuentro Nacional para septiembre y convocando una serie de paros escalonados que permitan centralizar la resistencia a nivel nacional. Si estas tareas se concretan, la lucha por la defensa de las universidades públicas puede ser el eje de articulación de la resistencia contra los planes de Uribe y el imperialismo.