Como consecuencia de las declaraciones del comandante Chávez de que es trotskista y del general Freddy Padilla De León —comandante de las fuerzas armadas colombianas— denunciando que la Coordinadora Continental Bolivariana es “trotskismo puro” porque, según él, llama a combinar, como en la década del 30, todos los métodos de lucha, es posible que algunos de nuestros lectores se estén preguntando: ¿y qué es el trotskismo? A propósito del 70 aniversario del asesinato de León Trotsky, el próximo 20 de agosto, este 2010 será pródigo en artículos, documentales, actos y discusiones sobre Trotsky y el trotskismo, por lo que conviene aclarar, así sea en parte, qué es el trotskismo.
Nahuel Moreno, el fallecido revolucionario argentino, lo explicó en los siguientes términos: “Empecemos por entender qué significa ser verdaderamente marxista. No podemos hacer un culto, como se ha hecho de Mao o de Stalin. Ser trotskista hoy en día no significa estar de acuerdo con todo lo que escribió o lo que dijo Trotsky, sino saber hacerle críticas o superarlo, igual que a Marx, que a Engels o Lenin, porque el marxismo pretende ser científico y la ciencia enseña que no hay verdades absolutas. Eso es lo primero, ser trotskista es ser crítico, incluso del propio trotskismo”.
La teoría de la revolución permanente
Si con algo se puede identificar a Trotsky y al trotskismo es con la teoría de la revolución permanente. Esta teoría fue esbozada por Marx en 1852, formulada por Trotsky en 1905 y desarrollada por él en 1928. Es la teoría de la revolución socialista mundial sustentada en tres principios:
El primero dice que la revolución democrática, fundamentalmente en los países atrasados, es decir, la revolución que se propone resolver las tareas democráticas como la reforma agraria y las libertades democráticas, sólo será posible como parte de la revolución socialista.
El segundo afirma que la revolución, para avanzar en el desarrollo científico, tecnológico y cultural, no puede detenerse, sino que tras una conquista, en alguno de estos campos, debe profundizar su dinámica; impulsar el cambio y el desarrollo permanentemente.
El tercero establece que la revolución socialista puede triunfar en un país, pero que es necesario extenderla internacionalmente, de lo contrario tarde o temprano retrocede y termina siendo derrotada por el capitalismo. De ahí se concluye que el socialismo será una conquista sólo cuando se establezca como sistema mundial, a partir de la conquista del poder en los países más desarrollados.
En contra de la teoría de la Revolución Permanente, después de la muerte de Lenin, Stalin desarrolló la teoría del socialismo en un solo país, y con esta orientación el estalinismo logró que todas las revoluciones quedaran ahogadas en las fronteras nacionales, lo que permitió que más tarde el capitalismo fuera restaurado en los países donde había sido expropiado.
La ley del desarrollo desigual y combinado
Otro aporte de Trotsky al marxismo fue la formulación de la Ley del desarrollo desigual y combinado, que en realidad es la fusión de dos leyes del desarrollo histórico. La primera hace referencia a la realidad objetivamente comprobable del desarrollo desigual de las sociedades o comunidades debido a distintos factores: culturales, geográficos, económicos, etc. La segunda es la combinación de culturas, intercambios o utilización de desarrollos tecnológicos de las sociedades más avanzadas, por parte de las más atrasadas, que pueden dar origen a que en estas últimas se produzcan saltos cualitativos en su desarrollo al apropiarse de tales avances, sin tener que recorrer todo el proceso que los produjo. Esta es la esencia de la ley del desarrollo combinado.
Trotsky se apoyó en esta Ley, (ya descubierta y utilizada por otros materialistas, desde los griegos hasta Marx), le dio nombre, y desarrolló la teoría de la revolución permanente.
El programa de transición
La elaboración del Programa de Transición como ajuste histórico y actualización del programa del partido bolchevique, incorporando las conclusiones de la teoría de la revolución permanente, fue otro de los aportes de Trotsky. Así quedó atrás, para el marxismo revolucionario, la división entre programa mínimo y programa máximo. El Programa de Transición es un sistema de consignas que tiende un puente entre el nivel de conciencia de las masas, a partir de sus necesidades más básicas e inmediatas, para elevar esa conciencia y llevarla a la comprensión de la necesidad de la lucha por el poder político y la revolución socialista.
El partido bolchevique y el centralismo democrático
Hasta 1917 Trotsky combatió la concepción leninista de construir un partido basado en el método del centralismo democrático, pero la revolución rusa de 1917 lo convenció de que era un acierto de Lenin. Desde entonces fue uno de los principales defensores de construir partidos que reivindicaran la estructura y el método del centralismo democrático del partido bolchevique, método que se confunde con el centralismo burocrático de los partidos estalinistas.
La lucha contra la burocracia y el estalinismo
Trotsky utilizó el término burocracia para referirse a la casta encabezada por Stalin que le había arrebatado el poder político a los trabajadores en la Unión Soviética. Frente a esa expropiación, formuló la consigna de revolución política para indicar que los trabajadores debían hacer una revolución para derrocar el régimen estalinista, recuperar el poder y establecer un régimen de democracia obrera aboliendo todos los privilegios de la burocracia y la desigualdad social. Las masas hicieron muchos intentos en ese sentido. Basta recordar el levantamiento de 1953 de los trabajadores berlineses, la insurrección de 1956 en Hungría, la de Praga en 1968, la de Polonia en 1982 y la China en 1989. Lamentablemente todos estos procesos fueron aplastados por el poderoso aparato estalinista y porque las masas no lograron construir un partido político revolucionario que las condujera a la victoria, aunque en algunos casos avanzaron en la construcción de organismos de poder de tipo soviético.
La revolución política, como la entendía Trotsky, también es válida para las organizaciones sindicales en las que una capa de dirigentes se apoltrona en la dirección y desde allí controla el movimiento obrero, en muchos casos convirtiéndose en agente de los gobiernos y los patronos y ayudando a aplicar los planes antiobreros mediante la política de concertación.
Esta es una síntesis comprimida de lo que es el trotskismo; es el marxismo revolucionario desarrollado en el siglo XX, a partir de las experiencias revolucionarias y las luchas del movimiento obrero en la fase decadente del capitalismo. Por eso, si se compara con los postulados de Chávez, su socialismo del Siglo XXI y su revolución bolivariana, el trotskismo no tiene nada que ver con esos inventos, aparentemente novedosos, pero que no son más que reformismo reciclado. Pues Chávez no ha colectivizado la propiedad de los medios de producción en favor de los trabajadores, no ha impulsado la planificación democrática de la economía, ni ha promulgado el monopolio del comercio exterior por parte del Estado, y estas tres medidas responden a los pilares básicos de una revolución socialista. Por el contrario, la burguesía y las transnacionales siguen explotando a los trabajadores y asesinando a sus dirigentes sindicales. Por eso las declaraciones del comandante de las Fuerzas Armadas, lo que develan es el bajo nivel cultural de la oficialidad colombiana, que confunde chavismo con trotskismo.
Alejandro Pereira
El origen del término |
El término trotskismo fue un invento de la burocracia soviética encabezada por Stalin para referirse a los opositores de izquierda que no compartían sus métodos autoritarios y su nefasta teoría del socialismo en un solo país. El primero que se negó a aceptar el término fue el mismo Trotsky, así cómo Marx no aceptó que lo llamaran marxista. Esto por considerar que su obra era un producto colectivo y social, y no individual. Pero los términos se imponen y cuando se defiende la obra encabezada por un dirigente, se termina aceptando, incluso reivindicando el término. Pero el término con el que se identificaba Trotsky y los llamados trotskistas, era el de bolchevique, para reivindicar el partido político que encabezó la revolución socialista de Octubre en Rusia. En las filas de los revolucionarios —desde la época de Marx—, para combatir a los opositores políticos, se ha defendido un método que no acepta la calumnia. Pero esto no sucede con los contrarrevolucionarios burgueses y con muchos reformistas. Antes del triunfo de la Revolución de Octubre, sus dos principales dirigentes (Lenin y Trotsky), fueron acusados de ser agentes del imperialismo alemán. A Lenin lo acusó el Partido Kadete (partido liberal de Rusia), mientras que Trotsky fue acusado por el embajador inglés en Petrogrado, por los mencheviques y los socialrevolucionarios. Luego el estalinismo recogió esa acusación para hacer una campaña mundial contra Trotsky, acusándolo incluso de haberse reunido con Hitler para tumbar el gobierno soviético. Parte de esa campaña fue la orientación de Stalin, a todos los militantes de los partidos comunistas del mundo, de que a sus perros les colocaran el nombre de Trotsky. La campaña incluyó asesinar a todos los bolcheviques rusos, simpatizaran o no con las ideas de Trotsky… y al mismo Trotsky. |