Nacional

Campaña electoral, emergencia social
y reelección de Uribe

Pelea burguesa a dentelladas y protestas contra el gobierno


El 14 de marzo y 30 de mayo se realizan las elecciones de Congreso y Presidente. Aún sigue pendiente (al cierre de esta edición) si se convocará o no referendo y si Uribe será nuevamente presidente-candidato o abrirá paso a todos los que quieren sucederlo. En medio de debates, ataques y acusaciones de toda índole, un multimillonario despliegue de publicidad, las distintas fracciones burguesas —representantes de las diversas franjas del capital nacional y de las multinacionales—, se pelean a dentelladas el mayor control posible sobre dos instituciones fundamentales del régimen político: el Congreso y la Presidencia.

El 18 de febrero pasado se realizaron grandes manifestaciones en diversas ciudades, protestando contra los decretos de emergencia social. La semana anterior miles de motociclistas se habían movilizado contra el intento gubernamental de cobrarles peajes, exigir un chaleco único nacional y restringir su movilidad. El gobierno ya anunció aumentos en las tarifas de energía, argumentando sobrecostos por el fenómeno de El Niño, lo que puede atizar el descontento popular.

Son estos dos ejes, la campaña electoral y el rechazo a las medidas gubernamentales, los que determinan la actual coyuntura política.

Cueva de ladrones
La cuota de representación parlamentaria de cada sector es fundamental a la hora de la repartición del aparato estatal. Ella permitirá definir el control de Ministerios e institutos, en los cuales se deciden billonarios contratos durante los próximos años, e influir decisivamente a favor de su grupo económico en una licitación millonaria o en la expedición de una ley o decreto que le beneficie.

Los millones que recibe cada parlamentario son sólo las monedas de bolsillo en la primera repartición del botín. Por eso, los gastos estrambóticos de las campañas no les preocupan. Pueden gastar a manos llenas comprando votos, ofreciendo recompensas y favores. “Exceptuando el caso de los llamados candidatos de opinión, en los pasillos del Congreso se calcula que los costos de las campañas se dispararon al punto que, entre gastos publicitarios y líderes, un candidato a Cámara puede llegar a gastarse 2.000 millones, y uno a Senado 5.000 millones”. (Revista Semana, 20/II/2010). De los impuestos que nos arrancan, producto del trabajo de millones de colombianos, hay más que suficiente para “recuperar la inversión”, multiplicada muchas veces.

En los años anteriores quedó claro a los ojos de millones que el Congreso es un antro podrido que sólo ha servido para cubrir la apariencia de “democracia” del reaccionario régimen político encabezado por el presidente Uribe. Aprobó todos sus proyectos sin cuestionar lo lesivo de ellos para la población y los debates realizados por unos cuántos parlamentarios, terminaron siendo más que nunca, como se dice en términos populares, “pura paja”.

Presidente sólo hay uno
Pero el Congreso necesita un director. En las repúblicas burguesas ese papel lo cumple el Presidente. El de Colombia, Uribe, garantiza el apoyo de sus parlamentarios en suculentos desayunos en la “Casa de Nari”, condimentados con distribución de puestos y prebendas. Por ese inmenso poder del Presidente, que es decisivo a la hora de nombrar Fiscal, Procurador, Magistrados, etc., etc., las fracciones burguesas mayoritarias se disputan a veces con toda clase de armas, permitidas o no, esa posición.

En la coyuntura actual hay trabada una batalla, aún no decidida a nivel jurídico, pues la fracción de Uribe desea su reelección. Luego de todos los vicios y atropellos con los que fueron recolectadas las firmas para el referendo, luego de la sarta de ilegalidades de toda índole cometidas en el Congreso para lograr su aprobación, este entuerto está bajo examen de la Corte Constitucional, con ponencia negativa del magistrado sustanciador.

Todo indica que, para lograr su objetivo reeleccionista, Uribe le tendría que retorcer el pescuezo a más de una ley y reglamentación en diversos terrenos, así la Corte apruebe el engendro, debido a que los plazos legales para hacerse candidato están prácticamente acabados. Ello brindaría argumentos adicionales a los contendores y enemigos de la reelección, pues una fracción burguesa significativa está decidida a dar continuidad a la política uribista de los últimos 8 años, teniendo como candidato y futuro presidente a Juan Manuel Santos, Germán Vargas, Andrés Felipe Arias o incluso Nohemí Sanín. Pero ello va a ocasionar que la agitación electoral sea aún mayor pues cualquier candidato uribista distinto del mismo Uribe es un candidato más débil, que corre más riesgos que él, quien según las encuestas prácticamente tendría asegurada su reelección si fuese candidato.

Miles en las calles
Que existe una situación económica y social que está golpeando duramente a millones de colombianos y que de esos millones –si hay una orientación de lucha y movilización por parte de las direcciones mayoritarias de las organizaciones sociales y políticas que dicen defender sus intereses– hay miles y miles que están dispuestos a salir a las calles a luchar, no hay la menor duda. La casi espontánea manifestación del 6 de febrero y luego la multitudinaria del 18, convocada por las organizaciones sindicales, lo demuestran categóricamente.

El gobierno, quitándose su careta populista, ha tenido que empezar a dar “raponazo limpio” contra el bolsillo de los trabajadores para garantizarle a los grandes burgueses y multinacionales sus niveles de ganancia en un planeta que continúa vapuleado constantemente por la crisis capitalista imposible de cerrar. Es esa la razón última de los decretos de emergencia social y de todas las medidas de los últimos días y en el rechazo a ellos se encuentra el filón más rico para impulsar la lucha y la movilización.

 

Unir la lucha de masas con el repudio al régimen político

La alternativa revolucionaria tiene que lograr una respuesta simultánea a los dos aspectos que golpean el bolsillo y la conciencia de los trabajadores y sectores populares.

Por un lado, tiene que impulsar, contribuir a unificar, dinamizar y profundizar todas las acciones de movilización posibles, exigiendo a las direcciones que se coloquen a la cabeza de ellas. Por otro lado, simultáneamente, al señalar que ese es el único camino para derrotar las políticas gubernamentales, brindarles una alternativa de expresión política que exprese su rompimiento con las propuestas burguesas; el convencimiento de que no serán los “discursos y debates de oposición” en un parlamento corrupto y reaccionario los que cambiarán la situación. En ese sentido, el voto útil se convierte en completamente inútil, más aún, cuando los supuestos partidos de “oposición”, como el PDA, han terminado convertidos en administradores de una parte del Estado, en piñones y correas de transmisión del régimen (apoyando la elección de un procurador reaccionario y diversas leyes lesivas a los trabajadores).

 En medio de la actual situación la propuesta de voto en blanco para parlamentarias, colocando en primerísimo y determinante lugar el llamado a la lucha, movilización y protesta callejera contra las medidas gubernamentales, se convierte en la mejor alternativa para lograr un avance en la conciencia de sectores de trabajadores y sectores populares.