Juan Manuel Santos obtuvo la presidencia llamando a la Unidad Nacional e invitando a todos sus contendores a hacer parte de su gobierno. Para la segunda vuelta logró arrastrar a todo el uribismo, conservadores y liberales, abatiendo electoralmente a Mockus. Después del triunfo ha insistido en la unidad, obteniendo la promesa de los verdes de limitarse a “criticar lo malo y apoyar lo bueno”. Por esa vía tiene al Congreso en el bolsillo, a pesar de la anunciada oposición parlamentaria de algunos liberales radicales y las disminuidas curules del Polo. Ha buscado también un acuerdo con las Cortes, anunciando la reforma concertada del poder judicial, y proponiendo a cambio el nombramiento del Fiscal General por parte del Ejecutivo, garantía de impunidad para corruptos y asesinos.
Esa es la “unidad nacional” de Santos: un frente de todos los privilegiados del país para dar continuidad a los planes estratégicos de la burguesía: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. La primera es la consolidación del régimen autoritario construido bajo el gobierno de Uribe; la segunda, la garantía de sobreexplotación de los trabajadores y el saqueo del país, y la tercera, el sostenimiento de los planes asistencialistas que han permitido amortiguar la grave crisis social en que se hunde la mayoría de la población del país. Se preparan así para descargar la crisis, que continúa sacudiendo la economía capitalista mundial, sobre nuestros hombros.
Por su parte, Angelino Garzón, el nuevo vicepresidente, desertor de las filas del movimiento sindical y ahora un agente más de la burguesía, ha informado que su papel será el de garantizar el respeto a los derechos humanos y la relación con los gobiernos regionales, al tiempo que invita a las Farc a liberar unilateralmente a los secuestrados y retenidos. Gracias a Garzón, Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT y miembro de la dirección del Polo, llamó a los trabajadores a votar por Santos, traicionando abiertamente a su partido. Gustavo Petro, siguiendo su camino, ha iniciado la negociación política con el nuevo gobierno, tratando de arrastrar a sus seguidores a la Unidad Nacional de Santos.
...unidad en la lucha de los trabajadores
Una de las novedades del gobierno Santos será ese intento de sobornar a la alta burocracia sindical para que concerte la aplicación de los planes del gobierno contra los trabajadores. De los escasos intentos de movilización social de los últimos años, podemos pasar a la desmovilización total, como lo evidencia la ausencia de planes de acción que rodeen de solidaridad a quienes hoy enfrentan conflictos sindicales, o traten de unificar a amplios sectores sociales en la lucha contra el gobierno y la ofensiva colonizadora del imperialismo y las transnacionales.
Hoy más que nunca, la posibilidad de construir un amplio frente de lucha que exija solución a los más graves problemas sociales y políticos que nos afectan, pasa por la decisión de las bases sindicales, populares, indígenas y estudiantiles, de impulsar la movilización pasando por encima de los dirigentes que llaman a confiar en la Unidad Nacional y la concertación con el gobierno. En ese sentido, quienes coincidimos en la campaña electoral pasada llamando a votar en blanco contra todos los candidatos, tenemos la responsabilidad de promover esa unidad por la base.
A la vez, es necesario denunciar como traidores y repudiar a los dirigentes que desde las organizaciones obreras, populares o democráticas se pasen a colaborar con el nuevo gobierno o fomenten ilusiones en sus políticas, rompiendo inmediatamente con ellos y llamando a su expulsión. Sólo en esa forma, uniendo la movilización y unidad por la base con la lucha por la construcción de una nueva dirección sindical y popular que consecuentemente la dirija, podremos tener éxito en las luchas que inexorablemente se tendrán que dar contra el nuevo gobierno.
El gobierno de Santos-Garzón tendrá como política ofrecer la zanahoria de la concertación social, mientras golpea con el garrote de la Seguridad Democrática de Uribe, con el objetivo de que aceptemos soportar los efectos más brutales de la crisis. La mayoría de la población se hunde en la pobreza y la violencia, tres millones de trabajadores se encuentran sin empleo, la salud colapsa, el desplazamiento y las masacres continúan. Un ejemplo macabro del futuro que nos promete el capitalismo es la muerte de más de setenta mineros en Amagá, producto de la voracidad sin medida de los empresarios y la indolencia cómplice del gobierno de Uribe.
Los trabajadores europeos, hasta ayer presentados como beneficiarios del Estado de Bienestar, hoy se enfrentan con huelgas generales a los planes antisociales de ajuste de la burguesía imperialista. Debemos seguir su ejemplo. Contra la política de Santos-Garzón de que la crisis la paguemos los pobres, nuestra consigna de lucha debe ser: ¡Que la crisis la paguen los ricos!
Bogotá, junio 28 de 2010