Nacional

El gobierno de Santos: ¿Prosperidad para quién?


El triunfo electoral de Santos cerró un capítulo en la disputa por el gobierno entre franjas de la burguesía, que signó el período más reciente de la situación nacional. Con su llamado a la “unidad nacional” neutralizó a todos sus opositores y con la consigna de “Empleo, empleo y empleo”, que machacó durante los últimos días de campaña, cohesionó a un electorado que va desde los estratos más pobres de la población, cuya suerte depende del subsidio de Familias en Acción o el simple rebusque, hasta los privilegiados que viven en Miami y dependen de la “confianza inversionista” para asimilar los efectos de la crisis económica mundial. Santos prometió dar continuidad a la Seguridad Democrática de Uribe, pero pasar a la etapa de la “Prosperidad Democrática”. La pregunta que hoy se hacen muchos es: ¿Prosperidad para quién?

Cambio de gobierno…
El grado de polarización al que había llevado el gobierno de Uribe a sectores de la burguesía en la disputa por el control del aparato del Estado, ponía en riesgo la estabilidad económica del país, en una coyuntura internacional desfavorable. El crecimiento de los años recientes fue usufructuado por los más grandes grupos económicos, pero se deterioraron las relaciones comerciales con Venezuela y Ecuador, mientras se agravaban los problemas sociales, crecía el desempleo y Colombia comenzaba a sacudirse por las réplicas de la crisis mundial.

Muchos analistas burgueses, hasta hace poco uribistas incondicionales, prendieron las luces de emergencia, planteando la necesidad de reorientar los planes, y sus contradicciones e intereses sectoriales se expresaron en la proliferación de candidatos presidenciales y en el agrio debate intrapartidario. Finalmente se impuso el control del aparato gubernamental sobre el electorado, puesto al servicio de Santos, quien realizó un pacto de conveniencia con el propio Uribe. La adhesión pública de sus hijos a la campaña de Santos fue el símbolo de esta alianza.

Los comentaristas y politólogos ahora especulan sobre la independencia relativa de Santos o el pase a retiro de Uribe, tratando, en algunos casos, de explicarse las decisiones políticas por sus características sicológicas, el primero conciliador y respetuoso y el segundo prepotente y grosero. Se olvidan que estos individuos representan poderosos intereses económicos nacionales e internacionales, que son los que, en última instancia, determinan el comportamiento de los mandatarios.

…continuidad del régimen
Santos tratará de minimizar los daños provocados por Uribe y sus secuaces, pero hay “unidad nacional” de la burguesía para dar continuidad al régimen consolidado bajo su administración. En primer lugar una institución presidencial fortalecida por el propio Uribe. Desde la Casa de Nariño se seguirá controlando el país, de común acuerdo con la embajada yanqui. La visita de Hilary Clinton y la entrevista con los dos candidatos en contienda iba más allá del protocolo diplomático; tenía el sentido de manifestar el apoyo del Departamento de Estado al que ya se sabía ganador. Por eso Santos no piensa renunciar a la concentración de poder de la que goza hoy el Ejecutivo y para ello cuenta con el respaldo de la principal institución de cualquier Estado burgués: las fuerzas armadas, triplicadas bajo los gobiernos de Pastrana y Uribe y financiadas por el gobierno norteamericano.


La importancia del aparato militar  se expresa en la discusión provocada por la condena del coronel Plazas Vega, quien fue encontrado culpable por la desaparición de civiles, detenidos en la retoma militar del Palacio de Justicia hace veinticinco años (ver artículo en esta edición). Garantizar la impunidad para las acciones ilegales de los militares en defensa del Estado burgués —lo que llaman en la jerga castrense “daños colaterales”— es de vida o muerte para los capitalistas nacionales y extranjeros. Por eso Uribe y Santos reclaman que se devuelva el fuero a los militares para que se apliquen su propia justicia, y la juez que condenó a Plazas ha tenido que huir del país. Así funciona la Seguridad Democrática.

Cortejando a las Cortes
La búsqueda de un acuerdo con el poder judicial, por parte de Santos, apunta en la misma dirección. Por un lado les ofrece a los jueces revivir el Ministerio de Justicia para liberarlos del Ministerio del Interior; por otro, una remodelación del Consejo Superior de la Judicatura, para que los magistrados administren sus propios negocios burocráticos, e incluso se discute para las altas cortes cargos vitalicios y jugosas prebendas. Con una cúpula judicial llena de privilegios los jueces de a pié son pan comido, si no que lo diga Asonal Judicial, el sindicato del sector, perseguido sin descanso por el gobierno.

Pero a cambio de esto Santos exige el derecho a nombrar al Fiscal, y que la Fiscalía dependa del Ejecutivo. Con este aparato de investigación y persecución en sus manos, el presidente podrá garantizar la impunidad para sus amigos y el chantaje contra los opositores. Al mismo tiempo harán la reingeniería del DAS asesorados por el FBI. La posibilidad de que Uribe y su pandilla salgan ilesos de los escándalos de la yidispolítica, la parapolítica, las chuzadas y los negociados de la familia presidencial dependerá en buena medida de este acuerdo. Sobre Santos pende a su vez la investigación por los falsos positivos, recordemos que él era el Ministro de Defensa. Uribe debe tener guardadas todas las pruebas. Pero, como dice el adagio popular: “entre bomberos no se pisan las mangueras.”

Angelino, pan y vino
El otro cambio significativo del nuevo gobierno es la figura del vicepresidente, Angelino Garzón, y las tareas que se propone: velar por los derechos humanos y la atención a las regiones. Angelino acumuló una amplia experiencia de negocios y traiciones en su exitosa carrera como burócrata sindical y oportunista político. Finalmente se declaró devoto del Señor de los Milagros de Buga, y se plegó a los Santos, como agente de una de las instituciones más reaccionarias del país: la Iglesia Católica. Sí, la misma de los curas pederastas, la santificación de los dineros del narcotráfico y la absolución a los paramilitares. Como parte de su labor pastoral, Garzón ya instó a las Farc a que dejen de secuestrar y liberen unilateralmente a los retenidos, mientras se aplica todo el rigor del Plan Colombia y se terminan de instalar las bases yanquis. De paso se lamentó por la "injusta" condena contra Plazas Vega.

Este sinuoso personaje logró la adhesión de Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT y flamante miembro de la dirección del PDA, a la campaña de Santos. Ya Julio Roberto le había hecho un favor a Uribe al declarar ante la OIT que los derechos humanos habían mejorado en Colombia; tanto, que sigue siendo el país donde se asesina impunemente a la mitad de los dirigentes sindicales del mundo, como lo tuvo que reconocer la propia ONU. Este par de angelitos tienen la tarea de colocar al movimiento sindical a la cola del gobierno de Santos, o sea, garantizar la paz social que necesita para imponer sus planes. Mientras tanto seguirán actuando sin descanso los paramilitares de la Nueva Generación.

Santos no hará milagros
Pero aunque Santos trate de refaccionar la Casa de Nariño, los problemas estructurales están vivos y agravándose. En primer lugar las ondas expansivas de la crisis europea golpearán las costas de Colombia, desde la contracción de las inversiones empresariales hasta la reducción de las remesas de los inmigrantes. Los Tratados de Libre Comercio son tan leoninos que hasta los lecheros pusieron el mugido en el cielo. Por eso necesita desesperadamente reconciliarse con Chávez y Correa, pues sólo si reactiva un poco las exportaciones tradicionales empezará a recuperarse el empleo formal y la recaudación de impuestos. También tendrá que seguir feriando los recursos naturales y las empresas del Estado o endeudando aún más al país con la banca internacional. Mientras tanto, el único recurso que le queda es seguir metiendo la mano en el bolsillo de la población y para ello tendrá que aplicar la fórmula que aprobaron en el G-20 los veinte países más desarrollados del mundo capitalista y que ya encendió la chispa de la protesta en Europa: recortes del gasto social, empezando por el salario de los trabajadores estatales, las pensiones, la salud y la educación. Sólo así podrán garantizar la prosperidad de los capitalistas.

Pero en Europa por lo menos ha habido “Estado de Bienestar” —las garantías sociales que podían brindar los países imperialistas a su población, a costa de empobrecer al resto del mundo— de donde recortar, en cambio aquí hay cada vez más un estado de malestar, que de vez en cuando estalla como protesta social.

Que prosperen las luchas y en ellas forjar una dirección política
 y sindical revolucionaria para los trabajadores

La única posibilidad que tenemos los trabajadores y los pobres de acceder a la “prosperidad democrática” que prometió Santos y no va a cumplir, es confiar en nuestras propias fuerzas y prepararnos para luchar.
En primer lugar exigiendo a la alta dirección sindical un plan de solidaridad con los sectores que salen a la lucha para que resistan la ofensiva patronal. En segundo lugar expulsando de las filas de los trabajadores a personajes como Julio Roberto Gómez, quienes se han puesto abiertamente al servicio del gobierno. En tercer lugar fortaleciendo una alternativa política independiente, que se proponga dirigir las luchas de resistencia, como la que empezó a vislumbrarse con la propuesta de voto en blanco contra todos los candidatos en las pasadas elecciones.
Sebastián Marlés