El
Socialista 586
Contenido
Editorial: Rechacemos
la privatización de las entidades estatales Paro estatal indefinido inmediato
Nacional: Frente al paquetazo
de Uribe: de la concertación al desconcierto
Democrático Continúa
la masacre contra el movimiento obrero¡Detengámosla!
Economía ¿Qué
es el Tratado de Libre Comercio? No alcapitalismo
Ssindical: Habla Jorge Lerma
presidente del sindicato de trabajadores de Telecom
Internacional Perú: Al Perú
Posible de Toledo lo rechazan las masas
Palestina: La
Hoja de Ruta... Trampa imperialista
Ecuador: Uribe
y Gutiérrez encarcelan dirigentes sindicales petroleros
![]()
En esta edición denunciamos la política del gobierno de Uribe de privatización de las empresas más rentables del Estado y de desconocimiento de los derechos de sus trabajadores.
En el Editorial llamamos a realizar un paro estatal indefinido indemediato para exigir la derogatoria de los decretos de reestructuración del Estado.
En Nacional analizamos las medidas de reestructuración de las entidades estatales expedidas por el gobierno de Uribe al amparo de las facultades extraordinarias que le otorgó el Congreso y llamamos a hacer un balance serio de la política de concertación que impulsa la alta dirección sindical, aprovechada por los gobiernos liberales y conservadores para aplicar los planes de recorte de las conquistas laborales y sociales.
En Libertades democráticas, denunciamos el asesinato sistemático de dirigentes sindicales en Colombia y el rechazo de la OIT a la exigencia de una Comisión de Encuesta en la pasada reunión general.
En Economía explicamos el contenido del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) con el que el imperialismo norteamericano pretende recolonizar el continente.
En Sindical, entrevistamos al compañero Jorge Lerma, presidente de la Unión Sindical de TRabajadores de las Comunicaciones (USTC) que agrupa a los trabajadores de Telecom y las empresas asociadas, que hoy enfrentan la brutal arremetida del gobierno de Uribe. El compañero explica los intereses imperialistas que se ocultan detrás de la liquidación de la empresa.
En la sección Internacional analizamos el plan de paz del imperialismo para el conflicto palestino-israelí denominado Hoja de Ruta con el que se pretende desarticular la intifada y reprimir a la resistencia palestina.
También reseñamos la resistencia de los trabajadores peruanos contra el gobierno de Alejandro Toledo. Además denunciamos la persecusión del gobiernos de Lucio Gutierrez de Ecuador y Alvaro Uribe de Colombia contra los trabajadores petroleros.
Proponemos a nuestros lectores organizar círculos de El Socialista, para discurtir el contenido de nuestro periódico y ayudar a organizar la lucha contra el plan de Uribe y el imperialismo y a construir un partido revolucionario. Escribanos a nuestra dirección electrónica (pstcolombia@yahoo.com) con aportes, comentarios o críticas. Y los invitamos a vincularse a nuestro partido y al CITO
![]()
Haciendo uso de las facultades extraordinarias que le otorgó el Congreso, el gobierno de Álvaro Uribe ha expedido más de un centenar de decretos de reestructuración de entidades del Estado. Aunque al cierre de esta edición de El Socialista aún no se conocen los términos de la mayoría de ellos, los más importantes ya se han hecho efectivos con la liquidación de Telecom, la reestructuración de Ecopetrol y la desintegración del ISS. Más de 40.000 trabajadores serán despedidos; los que conservan el cargo lo harán bajo un régimen laboral distinto, desconociendo conquistas convencionales y la propia ley. La reacción inicial ante este paquetazo fue tan débil que el gobierno se ha dado el lujo de anunciar congelación salarial para los próximos años, y otra contrarreforma pensional y tributaria. Sumándose a la ofensiva uribista, la Corte Constitucional aprobó el texto del Referendo que completa las contrarreformas pactadas con el Fondo Monetario Internacional y descarga aún más el peso de la crisis sobre los hombros de la población trabajadora.
El Comando Nacional Unitario, presidido por las centrales obreras CUT, CGTD, CTC y la Confederación de Pensionados, y apoyado por la mayoría del movimento sindical, en particular el sector estatal, ha convocado un Paro Cívico Nacional para el 12 de agosto. Esta convocatoria no sólo es tardía —expedidos ya los decretos de reestructuración e iniciado los procesos de despido de miles de trabajadores y la liquidación de decenas de entidades—, sino dilatoria de la respuesta urgente que necesitan los trabajadores de Telecom que desde el 13 de junio resisten aislados la militarización de las instalaciones y la liquidación de la empresa.
El movimiento de rechazo al paquetazo de Uribe debe articularse alrededor de los trabajadores estatales, que son los directamente afectados con los despidos masivos y la pérdida de sus derechos. Para el 24 de julio los trabajadores del ISS y los empleados del Sena han anunciado el inicio de un paro indefinido y el 5 de agosto el magisterio nacional realizaría un paro de 24 horas convocado por la Federación Colombiana de Educadores y el mismo 12 de agosto los pequeños propietarios agrícolas organizados en el Movimiento de Salvación Agropecuaria organizan un marcha nacional de protesta. Otros sectores, como los usuarios de servicios públicos, los deudores de préstamos de vivienda, los pequeños transportadores o los vendedores ambulantes, estarían dispuestos a sumarse a la lucha.
La confluencia de estos sectores en conflicto puede ser catalizada por el movimiento estatal organizado. Por eso es urgente unificar la acción iniciando el paro indefinido. El Sena y el ISS deberían adelantar la fecha anunciada, para impedir el desgaste que provocan los paros aislados. Los trabajadores de Ecopetrol, no deberían esperar la convocatoria del tribunal de arbitramento o un posible acuerdo, sino declarar la huelga hasta derrotar el decreto de privatización y el referendo que suprime su régimen especial. Y así los demás sectores que, como las contralorías y personerías también serán liquidados vía referendo.
La participación en el Paro Nacional debe ser votada desde las bases trabajadoras en asambleas inmediatas que hagan un balance serio de las consecuencias del plan de Uribe y todo su paquete de contrarreformas, así como de la nefasta política de concertación que ha llevado a los trabajadores a la situación actual. También allí debe discutirse el pliego de exigencias al gobierno para que el cese de actividades no se limite a la protesta. Este pliego debe empezar por exigir la derogatoria de todo el paquete de decretos de reestructuración, la suspensión de las contrarreformas anunciadas, la congelación de precios y tarifas y un aumento general de salarios.
Por otra parte la participación de los trabajadores en la campaña electoral para corporaciones públicas debe estar al servicio de organizar y centralizar la resistencia contra los planes de Uribe y el imperialismo, y no de distraer la atención del pueblo colombiano con la farsa de una democracia cada vez más restringida para los que luchan. La Reforma Política aprobada decreta la muerte política de los partidos revolucionarios y de oposición, y es el complemento del proyecto de Estatuto Antiterrorista y el Plan de Seguridad Democrática de Uribe financiado por el gobierno norteamericano.
A pesar de la condiciones adversas que debemos superar para enfrentar esta ofensiva, los trabajadores colombianos debemos mirarnos en el espejo de América Latina, donde, como rechazo a la misma política de recolonización por parte del imperialismo y de sobreexplotación por parte de la burguesía, los trabajadores se han tomado las calles, han derribado gobiernos e incluso han logrado frenar la aplicación de los planes.
![]()
Los decretos de reestructuración del Estado con los que se liquida Telecom, se reestructura Ecopetrol, se descuartiza al ISS y se afectan decenas de entidades del nivel central o regional son el final de un largo proceso de contrarreformas iniciado hace más de una década. Se ha flexibilizado la legislación laboral, se privatizaron cesantías, pensiones y servicios de salud. Tiempo atrás fueron privatizados o liquidados puertos, ferrocarrilles, aeropuertos, y las empresas distritales de transporte y aseo. Después las telefónicas, electrificadoras y acuedutos. Una tras otra, ramas enteras de actividades rentables monopolizadas por el Estado, fueron desmanteladas y entregadas a la voracidad de capitalistas nacionales y extranjeros. Con ellas se robaron años de ahorro de los contribuyentes, de construcción de costosas infraestructuras, de servicios subsidiados y de fuentes de recursos para que el propio Estado financiara servicios sociales como la educación, la salud o las obras públicas. Pero aún quedaban empresas productivas a cargo del Estado y hacia ellas vuelcan hoy su apetito el imperialismo y la burguesía.
Los servidores del Estado —por su nivel de concentración (la Federación Colombiana de Educadores llegó a tener más de 200.000 afiliados), la rentabilidad relativa del sector (como en el caso de Ecopetrol) y el monopolio sobre áreas de la producción o los servicios (como Puertos de Colombia o Telecom)— pudieron imponer al Estado-patrón conquistas laborales superiores a los de otras áreas de la economía. Gracias a ello disfrutaron de mejores condiciones de vida que la mayoría de los asalariados del país. Esto generó también una fuerte conciencia sindical, al ser su organización gremial la garantía para la defensa de esas conquistas y el principal obstáculo para que la burguesía y el imperialismo impusieran su planes de privatización y desmantelamiento de garantías sociales. Esta es la razón por la que los gobiernos liberales y conservadores se empeñan en calificarlos como “oligarcas de overol” y señalan a los sindicatos como los responsables del déficit en el presupuesto público.
En realidad la causa de la crisis de estas empresas ha sido la política privatizadora de los gobiernos liberales y conservadores y la corrupción de las cúpulas administrativas, nombradas para lucrarse y saquear el erario público. Un ejemplo reciente de ello ha sido el caso de Invercolsa donde el actual Ministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño, haciendose pasar por trabajador de Ecopetrol sirvió de testaferro para apoderarse de $8.000 millones en acciones. Ahora, ante la conminación judicial, ha aceptado devolverlas, ¡pero pide a cambio $25.000 millones!. Así no hay empresa que resista. Hoy los capitalistas nacionales y extranjeros quieren apoderarse de lo que queda.
Los casos más sonados por el dinero en juego son Telecom, Ecopetrol y el Seguro Social, cuya situación financiera no es responsabilidad de supuestos “oligarcas de overol” sino de los ladrones de cuello blanco. Sólo Ecopetrol produjo $18 billones (millones de millones) en utilidades los dos últimos años. Telecom, a pesar de la estafa de las transnacionales con los contratos “joint venture” (riesgo compartido), a partir del próximo año iba a generar cuantiosas utilidades. El ISS por su parte, no obstante su debilitamiento (se redujo a 3’500.000 afiliados), seguía siendo una piedra en el zapato de las aseguradoras privadas y base material de una sistema nacional estatal de servicios de salud para la población trabajadora y pobre.
Los grandes medios de comunicación han dicho que la avalacha privatizadora del gobierno “tomó a los trabajadores por sorpresa”. Es una verdad a medias pues —aunque el gobierno actuó otra vez en secreto, de manera siniestra, como hizo con la Caja Agraria hace sólo cuatro años— desde la propia campaña electoral Uribe había anunciado la reestructuración. Las contrarreformas aprobadas en diciembre y el Plan de Desarrollo fueron pasos en ese sentido, al igual que el Referendo. El Acuerdo Stand-By firmado con el Fondo Monetario Internacional incluye el “adelgazamiento” del Estado como una de sus condiciones. Las facultades extraordinarias sólo eran el bisturí para esta “liposucción” masiva. El problema es que la alta dirección sindical —en la que tienen gran peso, no sólo los sectores abiertamente uribistas sino la izquierda reformista, el Frente Social y Político y el Polo Democrático— han mantenido anestesiado al paciente con la nefasta política de la concertación (ponerse de acuerdo con el gobierno en la aplicación de los planes). Y ahora, están “desconcertados”.
La situación de los trabajadores no puede ser más dramática. Sometidos a este golpe demoledor han sido puestos a la defensiva. En Telecom y Ecopetrol las instalaciones fueron militarizadas. En ambas empresas el funcionamiento lo han garantizado los trabajadores por contrato. En el ISS los 17.000 empleados ni siquiera saben cual es su situación contractual, mientras escuchan al presidente del sindicato afirmar que están dispuestos a administrar las nuevas entidades “siempre y cuando no se las entreguen en las condiciones que plantea el decreto”. En las demás entidades afectadas (se calcula que son alrededor de 320), la mayoría esperan nerviosos el golpe de guillotina. La única explicación de esta actitud es el desgaste que ha producido en la luchas de resistencia la política capituladora de la alta dirección sindical y los sectores políticos que la sustentan.
Con el argumento de que estabamos “acumulando fuerzas” se permitió durante más de una década que cada sector tratara de resistir aisladamente, y buscara la “concertación” de los planes. La Caja Agraria, por ejemplo, fue liquidada sin que hubiera un movimiento nacional para impedirlo. En el sector privado la última batalla importante que se libró fue la huelga de Bavaria a la que la cúpula sindical dejó aislada. Finalizado el conflicto, la empresa procedió a los despidos masivos y el sindicato, de más de cincomil afiliados, ha quedado reducido en sólo año y medio a menos de trescientos.
Nunca hubo un plan de conjunto para enfrentar esta guerra declarada por el imperialismo y la burguesía. La “acumulación de fuerzas” fue en realidad despilfarro de las energías de los trabajadores en escaramuzas inútiles, donde sector por sector era emboscado, retrocedía y se atrincheraba de nuevo, mientras el enemigo avanzaba sin dar tregua.
Para relanzar un movimento de resistencia unificado es indispensable hacer un balance serio. En primer lugar reconocer que no sólo ha sido la brutal ofensiva del imperialismo y burguesía —que ha incluído el asesinato y amedrentamiento sistemático de los sindicalistas y la oposición de izquierda—, la que condujo a los trabajadores a la actual situación de derrota, desmoralización y desorganización, sino también la política de “concertación” que tercamente han sostenido los dirigentes a lo largo de esta década de contrarreformas. Pero en el Comando Nacional Unitario (CNU) no hay disposición para ello. Todo lo contrario, la vocería de Julio Roberto Gómez, presidente de la CGTD, que representa el ala más conservadora de la alta burocracia sindical, es la mejor expresión del carácter retardatario de esta dirección. Pero a su sombra, trata de ocultar sus vergüenzas la dirigencia del sector estatal, que aún tiene posibillidad de hacer resistencia al plan.
A medida que pierde la base la alta dirección sindical depende cada vez más de las migajas que deja caer el gobierno y la patronal o los gobiernos imperialistas. Se convierten así en agentes directos de la aplicación de los planes. No otra puede ser la explicación para que Julio Roberto Gómez declare que “no hay temas vedados para la discusión”, o que Saúl Peña, presidente de Sintraiss, diga que están dispuestos a aceptar la administración de las entidades en que Uribe descuartizó el Instituto, mientras 12.000 trabajadores pierden los derechos convencionales y la estabilidad, o que el sindicato de Caprecom acepte el recorte del 70% de la convención para “salvar la entidad y la fuente de trabajo”, que fue lo mismo que le hicieron a los obreros de Paz del Río y la empresa siguió quebrada. ¡Por eso Uribe los ha aplaudido afirmando que "ese es el sindicalismo que necesita el país", ahora que los trabajadores han aceptado la congelación salarial y aportar parte de su salario para "fortalecer la empresa"!
Frente al ataque demoledor de Uribe el CNU se ha visto obligado a convocar un Paro Cívico Nacional (PCN) de protesta para el 12 de agosto. Aunque es un llamado necesario, pues el plan de Uribe golpea al conjunto de los trabajadores y los pobres, aplaza la respuesta urgente que debemos dar a la ofensiva uribista y disuelve en una "acción cívica" amorfa el cese de actividades que se debe concretar de inmediato unificando a los estatales, golpados no sólo por la andanada de decretos, sino por el Referendo aprobado por la Corte Constitucional. Mientras supuestamente se organiza el PCN, se desgastará la débil resistencia en Telecom, negociarán en Eco-petrol o se adaptarán en el Sena y el ISS. Es repetir la táctica de mantener desarticulados los conflictos con la esperanza de "concertar" sector por sector; y que el gobierno aprovechará para golpear... sector por sector.
Durante los últimos años, cada vez que el gobierno de turno atacaba, el CNU anunciaba Paro Cívico y llamaban a “movilizarse…para concertar” . Después le decían a las bases que “concertar” los planes era lo mismo que negociar un pliego de exigencias. Cuando las bases respondían con fuerza al llamado, como en el Paro Nacional Estatal de 1998, la dirección lo levantaba a cambio de “mesas de concertación” que se disolvían en palabrería, mientras el gobierno aplicaba sus medidas.
En realidad la concertación era la adaptación a los planes de la patronal y el gobierno “entregando algo para salvar algo”, lo que después era presentado como un triunfo. Pero como el nivel de vida de los trabajadores se deterioraba inexorablemente, cada vez era más difícil movilizar… y el gobierno no necesitaba “concertar”. Así se pudo comprobar hasta la saciedad durante el gobierno de Pastrana. Pero Uribe ha ido más a fondo, como se pudo comprobar en la entrevista que sostuvo con los dirigentes de las centrales obreras y los sindicatos estatales después de anunciar la liquidación de Telecom y militarizar sus instalaciones. Se limitó a informarles del contenido de los decretos y les dijo que no estaba dispuesto a negociar las medidas. Fue lamentable la sumisa actitud de la cúpula sindical que, en lugar de darle un ultimátum al gobierno y llamar al paro nacional inmediato estatal se conformó con proclamar su descontento. La única voz discordante en ese vergonzoso besamanos fue la de Jorge Lerma, presidente del sindicato de Telecom, a quien el propio Uribe se atrevió a decir que la liquidación había sido la única salida, "pues con el sindicato era imposible llegar a un acuerdo". El manoseo fue tan evidente que el CNU no tuvo más alternativa que llamar a la protesta y respaldar de palabra las acciones de lucha convocadas por los diferentes sectores estatales.
Para salvar lo que queda los trabajadores debemos obligar a la dirigencia sindical a abandonar su política cobarde y capituladora y retomar el camino de la unidad para movilización. En lo inmediato luchar por concretar el Paro Estatal Indefinido, unificando los conflictos y llamando a los demás sectores sociales afectados por el plan de Uribe y el imperialismo a sumarse a la movilización.
![]()
Al finalizar su mandato, César Gaviria reconoció que el momento más crítico de su gestión fue la huelga de los trabajadores de Telecom de 1992. El intento de privatizar la empresa en ese momento fue respondido con un cese de actividades que no sólo paralizó las comunicaciones telefónicas sino todas las transacciones financieras nacionales e internacionales del país. El gobierno tuvo que retroceder, aunque castigó la osadía de los sindicalistas encarcelando a la mayoría de los directivos durante once meses, acusándolos de terroristas. Efectivamente a la burguesía le produjo “terror” constatar su vulnerabilidad frente a la lucha de los asalariados. A partir de allí tomó la decisión de desmontar Telecom.
Durante diez años sucesivas administraciones conspiraron para debilitar la empresa y los sindicatos. Se impidió que Telecom participara en el negocio de la telefonía celular —que permite el desarrollo inalámbrico de las telecomunicaciones, volviendo obsoleto el tendido de redes— y se le impusieron onerosos contratos “joint venture” (riesgo compartido) con compañías transnacionales para la expansión del servicio, sobre la base de cálculos fraudulentos para llevarla a la quiebra . Al mismo tiempo pusieron a competir por el mismo mercado a varias empresas estatales como la Empresa de Teléfonos de Bogotá o Empresas Públicas de Medellín, mientras a las compañías privadas se les permitía utilizar la infraestructura de las públicas. Negocio redondo. Pero, a pesar de esa política conciente de destrucción del patrimonio estatal, Telecom sigue siendo el operador de comunicaciones más grande del país. Con 2'700.000 líneas telefónicas tiene el 38% del mercado nacional. Ofrece telefonía básica en 4.000 localidades (en 725 es el único operador). Por eso Uribe necesita privatizarla para entregar el negocio a las transnacionales.
La estrategia de la burguesía funcionó. La mejor prueba de ello es que, cuando el gobierno anunció la liquidación de la empresa y militarizó las instalaciones, la capacidad de los trabajadores de paralizar las comunicaciones se había reducido al mínimo. Sólo fueron aislados algunos municipios menores y el plan de contingencia lo garantizan técnicos al servicio de empresas extranjeras y trabajadores por contrato. La moral de los trabajadores también se había debilitado: pocas semanas antes la administración ofreció un plan de pensiones anticipadas al que se acogieron más de un millar de empleados, la mayoría de ellos afiliados al sindicato.
A pesar de lo adverso de la situación un núcleo significativo de trabajadores se mantiene firme en la defensa del carácter estatal de Telecom y sus derechos colectivos. Es urgente que alrededor de ellos se articule la solidaridad y la unidad del movimento estatal, para demostrarle a Uribe que si con el 09 Colombia ya no se mueve, con los trabajadores sí.
![]()
En nuestra edición pasada afirmábamos que la política gubernamental tenía al ISS en estado de coma. Con el decreto de reestructuración Uribe lo ha descuartizado para hacerle la autopsia.
Expedida la Ley 100 los empresarios privados creyeron haber hecho el negocio del siglo. En el caso de cesantías y pensiones fue así. El Estado tuvo que asumir una deuda que antes no existía pues el régimen anterior se basaba en la solidaridad transgeneracional: los jóvenes de hoy cotizaban para sostener a sus padres y abuelos a quienes debían los años de crecimiento y formación educativa. Hoy esos fondos privados manejan especulativamente cuentas multimillonarias que son el ahorro de cesantías y pensiones.
Pero en la salud la competencia fue a otro precio. Se requerían centenares de miles de afiliados al sistema para que los cotizantes sanos y de altos ingresos compensaran a los pobres y enfermos. Esa economía de escala era la que manejaba el Seguro Social. Por esa razón era necesario quebrarlo legalmente. Como integraba aseguramiento, riesgos profesionales, pensiones y servicio de salud, tenía un juego financiero más flexible. Inicialmente la afiliación creció, pues a pesar de la campaña de desprestigio a que fue sometido, cualquier trabajador sabía que en tratamientos costosos o enfermedades ruinosas el ISS era insuperable. El gobierno entonces, a través de la Superintendencia de Salud, lo sancionó impidiendo la afiliación y la renovación de los afiliados.
Uribe le ha dado el golpe de gracia al separar la funciones financieras de las de prestación de servicios, al tiempo que lo desintegra en siete Eses (Empresas Sociales del Estado) por regiones.
Pero el objetivo principal es liquidar los derechos laborales de sus servidores. De los 17.605 trabajadores que tenía el ISS, 2.921 permanecerán en las áreas de seguros y administración de pensiones. De los 13.870 que pasarán a las Eses, 2115 preservarán los beneficios de la convención colectiva, mientras que los 11.755 restantes serán clasificados como empleados públicos, de libre nombramiento y remoción. En realidad todos los trabajadores se encuentran en situación de interinidad, mientras se demuestra que las nuevas empresas “son viables”. Por esta vía el gobierno se quiere ahorrar costosas indemnizaciones con los inevitables despidos masivos.
La privatización de Ecopetrol será "refinada". Conciente de la capacidad de lucha que aún tienen los trabajadores petroleros y la influencia política que ejercen sobre sectores importantes de la población que serán afectados por el desmonte de sus garantías laborales, como ocurre en Barranca (similar a lo que ocurrió hace veinte años con los portuarios en Buenaventura) Uribe se propone la liquidación paulatina. La empresa ha sido dividida en Ecopetrol S.A. y la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). La primera conserva a los actuales trabajadores con los derechos contemplados en su convención colectiva (los que aspira a reducir vía el tribunal de arbitramento para la negociación en curso) y seguirá administrando los actuales recursos. La ANH será la encargada de otorgar los nuevos contratos de exploración y explotación y manejar las regalías, tiene también bajo su control la litoteca (toda la información geológica que permite definir las áreas más promisorias para la exploración) y sus empleados serán de la nómina de Ecopetrol, en calidad de encargo. No sobra agregar que toda la infraestructura de transporte (oleducto) podrá ser utilizada por las compañías extranjeras.
Uribe asegura que Ecopetrol no se privatizará pues los inversionistas serán las propias entidades estatales, pero según la legislación comercial toda Sociedad Anónima (S.A.) tiene que abrirse tarde o temprano a la inversión privada y, si se le colocan obstáculos, la Organización Mundial de Comercio (OMC) impondrá su ley. A los trabajadores se les ofrece la oportunidad de ser “inversionistas” para que arriesguen su fondo pensional (que cuenta con más de cuatro billones de pesos). Lo que el gobierno no dice es que Ecopetrol S.A. administrará pozos cuya producción está en proceso de declinación y que la infraestructura de extracción y refinación es obsoleta. Además la posibilidad de expansión a nuevas áreas y su desarrollo empresarial estará limitado por la competencia con la transnacionales petroleras que serán privilegiadas por la ANH.
No es casual que recién invadido Irak por los United States of America (USA) con el objetivo de apoderarse de su petróleo, el gobierno de Uribe, sumiso lacayo de Bush, imponga por decreto las condiciones para que las petroleras imperialistas puedan saquear a su antojo este recurso natural en Colombia. Recordemos que el propio gobierno norteamericano destinó presupuesto especial para la vigilancia del oleoducto.
Con la privatización de Ecopetrol no sólo pierde la Unión Sindical Obrera (USO), a la que se debe la nacionalización del petróleo, sino todo el pueblo colombiano, por los beneficios sociales que se han derivado de este monopolio estatal sobre el petróleo y cuyas utilidades ahora pasarán al bolsillo de los empresarios privados nacionales y extranjeros.
![]()
Entre 1991 y el 2002, 160 dirigentes y activistas sindicales han sido asesinados al año en promedio, según informe de la Escuela Nacional Sindical. En total, en el periodo, 1.937 de asesinados. Todos los organismos internacionales coinciden en afirmar que Colombia es lugar más peligroso del mundo para el ejercicio de la actividad sindical. El movimiento obrero colombiano soporta el 96% del total de asesinatos cometidos contra el mismo en América Latina, 184 en el año anterior sobre un total de 213. A lo anterior tenemos que agregar los varios miles asesinados la década de los 80 al 90 y los miles que han tenido que huir del país hacia el exterior, para salvar su vida, o han tenido que desplazarse, alejándose o debilitando su actividad sindical. Son cifras y afirmaciones que a cualquiera con un mínimo de sensibilidad le llevarían a reaccionar, y a intentar hacer algo. Pero no siempre es así.
En el papel, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tiene como una de sus funciones vigilar que los gobiernos cumplan y hagan cumplir unas normas mínimas de protección a los trabajadores, tanto en la actividad laboral directa como en el ejercicio de sus derechos a través de la actividad sindical.
Pero eso es en el papel. En la práctica todas sus decisiones están determinadas por las conveniencias políticas y económicas en las relaciones entre los diferentes gobiernos, organizaciones patronales y direcciones sindicales, cuyos representantes allí confluyen. Se trata en últimas de un gran tribunal del arbitramento en el cual siempre, en las decisiones trascendentales, hacen mayoría los representantes de los gobiernos y de los patronos contra los trabajadores.
La masacre a la que está siendo sometido el movimiento obrero colombiano fue puesta a consideración de la OIT en su reunión del pasado mes en Ginebra, Suiza. Ya desde hacía varios años existía la solicitud de que la OIT conformase una Comisión de Encuesta para encargarse del asunto pero siempre la decisión se aplazaba. Al ser sometido una nueva resolución en este sentido, el pasado 20 de junio la OIT la negó con la votación unificada de los 14 representantes patronales y 12 de los 14 representantes gubernamentales en contra, frente a los 14 representantes de los trabajadores.
La OIT, que le quede claro a quien quiera entender, actúa igual que la ONU y toda esa gama de organizaciones internacionales similares: dando la apariencia de imparcialidad, de defender los derechos de los más necesitados, etc., etc. pero a la hora de la verdad son agencias que le acolitan al imperialismo y a sus gobiernos sus actos de masacre y de guerra contra los trabajadores y pueblos del mundo. Así quedó claro con el papel de la ONU frente a la invasión yanki a Irak y ahora con el papel de la OIT frente a la masacre al movimiento obrero colombiano.
En América Latina el movimiento obrero más poderoso y organizado es el brasileño. El actual presidente del país, Lula, se formó en ese movimiento obrero. Millones y millones de obreros y trabajadores brasileros votaron por él, con la vana ilusión de que aplicaría políticas y medidas a favor de los trabajadores. Sin embargo, cada paso y medida del gobierno de Lula está determinado por otros intereses: mantener la confianza del imperialismo y las buenas relaciones con los gobiernos y burguesías de los países vecinos.
Así quedó demostrado en la reunión de la OIT donde el delegado del gobierno brasilero, del gobierno de Lula, votó contra la conformación de la Comisión de Encuesta para Colombia. Es decir, escupió sobre los miles de dirigentes sindicales y activistas asesinados en el país en los últimos años; ayudándole al gobierno de Uribe a obtener un triunfo político y propagandístico. El movimiento obrero brasilero y latinoamericano no debe perdonar al gobierno de Lula esta bofetada que la ha propinado al movimiento obrero más perseguido y masacrado del continente.
Desde hace muchos años, los socialistas afirmamos que sólo con gigantescas movilizaciones y huelgas nacionales era posible detener la mano de los asesinos. Señalamos que para ello era imprescindible la decisión de la alta dirección sindical de organizar la parálisis total del país cada vez que fuese asesinado un dirigente o activista sindical.
Pero la alta dirección sindical se negó a actuar de esta manera, ello hubiese precipitado una crisis política total y los compromisos o políticas de conciliación y colaboración de esos dirigentes con los gobernantes de turno se lo impedían, e impiden aún hoy.
Las heroicas luchas de algunos sectores, enterrando semana a semana sus muertos, se fueron debilitando. La burguesía y sus distintos gobiernos, apretando la otra parte de las tenazas, eliminaron los derechos de millones de trabajadores colombianos. Hoy el gobierno de Uribe está rematando lo poco que queda.
La dominación y opresión sobre el proletariado colombiano, mínimo en las últimas dos décadas, ha unido indisolublemente la masacre física, el asesinato, el desplazamiento forzado de los dirigentes, con la masacre generalizada de los derechos a través de leyes y decretos. En ese sentido, premeditadamente o no, como un plan pactado previamente o no, todos los gobiernos y sectores burgueses son responsables en ambos terrenos.
Algunos empresarios contratan la banda paramilitar para amenazar o asesinar al dirigente sindical que les causa problemas, el gobierno se hace el de la vista gorda, no investiga, no detiene a los culpables. Algunas veces se lava las manos otorgando unos cuantos pesos para «protección a los dirigentes» o un cuerpo de escoltas. Permite o facilita la masacre de miles. Entretanto, liquida empresas, despide trabajadores, deja que los patronos hagan y deshagan, hace aprobar reformas laborales y pensionales que arrebatan hasta los más mínimos derechos.
Por lo anterior, para poder dar pasos en el sentido de detener la masacre es necesario en primer lugar hacer un viraje completo en cómo debe relacionarse el movimiento obrero con los gobiernos de turno. Las políticas de concertación y conciliación, de «lobby» parlamentario, han fracasado completamente. Hay que reorganizar todas las fuerzas hacia la lucha callejera, hacia la movilización masiva, hacia la organización de miles y miles en el enfrentamiento a los planes gubernamentales. Ello no es fácil, pero no es imposible. Incluso en países vecinos hemos visto cómo es posible tumbar gobiernos o hacerlos retroceder de sus planes y si se conforma una dirección del movimiento que avance en este camino las masas trabajadoras responderán y se movilizarán.
El proceso ALCA se inició con una primera ronda de discusiones en 1994 al calor del “Consenso de Washington”, un “acuerdo” de implementación de las políticas neoliberales a escala global impulsado por los EUA. En todos los países de América Latina se aplicaron entonces los modelos aperturistas y privatizadores que, atados a los préstamos internacionales y las políticas del FMI, quebraron todas las economías de la zona, siendo los casos más reveladores los de los gigantes económicos México, Brasil y Argentina que colapsaron en 1998, 99 y 2001 respectivamente.
Los indicadores sociales mundiales (hambre, miseria, desempleo, analfabetismo, cobertura de servicios básicos y salud) retrocedieron al nivel de los años 70, echando por la borda décadas de conquistas arrancadas al capital en duras luchas. Los países del ex “socialismo real” sufrieron y sufren un descalabro social que los ha convertido en economías semicoloniales. En Latinoamérica la situación ha retrocedido al nivel de los países de Africa y en algunos aspectos incluso peor. Paralelamente se ha dado un proceso de concentración de la riqueza en las manos del gran capital, el de la especulación financiera, las multinacionales y los monopolios.
Según datos de las Naciones Unidas, el 20% más rico de la población mundial recibe un ingreso 150 veces superior al 20% más pobre. En 1993, el 78% del PIB mundial era apropiado por los países industrializados (los del G7), mientras que a los demás países, que concentran el 80% de la población mundial, solo les corresponde el 22% restante. Como dato revelador, lo que se está globalizando en el mundo es la pobreza: cada minuto 47 personas pasan a ser pobres, confirmando la creciente redistribución del ingreso a escala mundial…a favor de los más ricos.
Colombia, fiel a la tradición entreguista de sus gobiernos, aplicó el modelo aperturista aprobando en 1991 una constitución de amplio contenido neoliberal (especialmente en cuanto a las normas que regulan la actividad económica), implementando las medidas de la “Apertura Económica” gavirista, que quebraron el agro y gran parte de la industria colombiana; las leyes 50 y 60 del 90 que desmontaron gran parte de las conquistas laborales en los sectores privado y estatal y la ley 100/93 que privatizó la salud y las pensiones. El proceso de privatizaciones entregó al capital multinacional los servicios públicos y áreas claves de la economía, aunque la resistencia de los trabajadores impidió una entrega más profunda. Internacionalmente, el gobierno de Gaviria se prestó para liquidar el Pacto Internacional del Café, hecho que a su vez quebró la economía cafetera favoreciendo a las multinacionales tostadoras del grano.
Los peores pronósticos de quienes desde la academia, el movimiento obrero y popular e incluso desde algunas esferas gubernamentales nos manifestamos contra este modelo aperturista se cumplieron y en 1999 el país cayó preso de la peor crisis económica de su historia: el desempleo alcanzó el 20%, el subempleo casi el 40% de la población económicamente activa; la pobreza llegó al 64 % de la población y no para de subir y 7 millones viven en la pobreza absoluta. Mientras tanto la deuda externa se sitúa en U$24.000 millones que representa más del 30% de toda la producción nacional. El pago de capital e intereses de la deuda se lleva cada año más del 50% del presupuesto nacional mientras se cierran los hospitales, las escuelas y universidades, se liquida el patrimonio nacional como con el caso de Telecom y Ecopetrol. Aparejado con ello, el sector financiero “colombiano” (hoy concentrado en pocas manos, en su mayoría extranjeras), realiza ganancias anuales (declaradas) de 2 billones de pesos (6.17 millones de salarios mínimos) cabalgando sobre la miseria del pueblo.
Si presentamos este desolador panorama económico social es por una simple razón: el El ALCA profundizará esta situación a niveles cualitativamente superiores.
La economía imperialista mundial, tanto la norteamericana como la europea y asiática, se debaten en una profunda crisis económica. Desde la crisis mexicana (Tequila) de 1994, pasando por la quiebra de Japón, Singapur y Corea, de la que aún no se reponen, la debacle rusa de 1998, la recesión europea desde 2000 y la actual desaceleración de la economía norteamericana (que llevó el índice de la Bolsa de Valores de Nueva York, el Dow Jones, a caer de 11.500 a finales de 2000 a 7.500 a comienzos de 2003) son los síntomas de la enfermedad crónica. La profundidad de la crisis, la más duradera y generalizada desde la segunda guerra mundial, determina que ya las medidas de “respiración artificial” que se venían aplicando desde la década de los 70 (deuda externa, remisión de utilidades, contratos de explotación de recursos naturales, mano de obra barata, comercio desigual), medidas que buscaban evitar que la crisis llegara a EUA y no sean suficientes para mantenerlo a flote, porque la crisis ya está en el corazón del monstruo: la economía norteamericana. Se requiere de una profundización cualitativa, a gran escala, de la sobreexplotación y el saqueo del “tercer mundo”.
El ALCA es parte de una estrategia global de los EUA que incluye aspectos económicos, políticos, militares e ideológicos, enmarcados en lo que ha venido a llamarse el proceso de recolonización. Este proceso de recolonización es una estrategia de carácter estructural, es decir que no son pañitos de agua tibia sino que busca transformaciones de fondo en la estructura de las relaciones económico-políticas del imperialismo yanqui con los países del “tercer mundo”. Podemos explicarlo mirando por separado algunos de sus aspectos más sobresalientes:
• Deuda externa: hasta los 90 la deuda externa fue un mecanismo de transferencia de capitales desde las economías semicoloniales hacia las economías imperialistas norteamericana y europeas. Hoy en día los préstamos no sólo vienen atados a condiciones económicas desventajosas sino que principalmente tienen como objetivo poner a funcionar las economías en función del pago de la deuda externa. Por medio de acuerdos “stand by” y “cartas de intenciones” el FMI controla las políticas económicas gubernamentales (en Colombia el FMI pone al ministro de Hacienda), dictamina qué se debe hacer en materia social, laboral, servicios públicos, gasto público, privatizaciones, etc.
• Desnacionalización de las economías: No solo los países no pueden implementar soberanamente las políticas económicas y sociales, sino que deben entregar al capital multinacional los sectores estratégicos del aparato de producción, los bancos, los servicios públicos, los recursos naturales etc. desmontando todas las regulaciones que limitan la entrada y salida del capital transnacional y las transferencias de utilidades.
• Estas políticas económicas antinacionales y antisociales requieren de gobiernos dóciles hacia los amos imperiales y fuertes hacia adentro. De ahí que las reformas económicas vayan aparejadas con reformas en el régimen político, reformas de carácter antidemocrático: recorte de libertades y garantías constitucionales, concentración de poderes en el ejecutivo limitando los del legislativo y judicial.
• También se producen cambios estructurales en el terreno militar. Los ejércitos han venido transformándose en ejércitos profesionales (a sueldo), atados en el terreno estratégico al mando directo del departamento de estado de los EUA y los generales yanquis.
En el marco de este proceso de recolonización el imperialismo yanqui pretende entonces imponer un Area de Libre Comercio de las Américas, que compromete a los países Latinoamericanos a adoptar una serie de reformas estructurales, reformas que en ningún caso comprometen a los Estados Unidos. El proceso ALCA contiene nueve áreas de “negociación”:
-Servicios
-Inversiones
-Compras del sector público
-Acceso a mercados
-Agricultura
-Derechos de propiedad intelectual
-Subsidios y derechos compensatorios
-Política de competencia
-Solución de controversias
Para cada una de ellas se han establecido unos parámetros que muestran
claramente el carácter expoliatorio y ampliamente desventajoso para los
países Latinoamericanos:
• Desregulación total de los mercados por medio del desmonte de todos los aranceles y las medidas de protección a la industria y agricultura nacionales. Prohibición de todo tipo de subsidios, créditos de fomento y financiación estatal de servicios públicos (incluyendo educación y salud). Desregulación laboral (desmonte de conquistas y garantías laborales, liquidación de la estabilidad, desmonte del salario mínimo, limitación o eliminación de la actividad sindical), levantamiento de las restricciones ambientales y de todas las restricciones a la inversión extranjera, a la remisión de utilidades y en general a la circulación de capitales, mercancías y servicios. Todo ello con el objetivo de ofrecer a los inversionistas del gran capital un terreno absolutamente abierto y darles las mejores condiciones para explotar mano de obra y recursos naturales al menor de los costos posibles, garantizando así tasas de ganancia “atractivas”. Sin embargo explícitamente se parte de la base de que “los subsidios a la producción agrícola e industrial y los aranceles que protegen a los productos estadounidenses no están en discusión”.
• Las compras y contrataciones del sector público deben estar abiertas a las transnacionales en iguales o mejores condiciones que para las empresas nacionales, en particular en materia tributaria.
• Privatización de todos los servicios y bienes públicos para convertirlos en mercancías sujetas a las leyes del mercado, convirtiéndolos en negocios. Esto incluye por supuesto los servicios públicos como agua, energía, teléfono, pero también educación (media y superior), salud, carreteras, transporte y hasta los organismos de control, la justicia, el sistema carcelario y la “seguridad”.
• El derecho de propiedad intelectual y patentes que permite la apropiación de nuestra biodiversidad, saber tradicional y desarrollo técnico-científico y cultural por parte de las grandes multinacionales dueñas de los mercados farmacéutico, agroquímico, alimenticio y de la comunicación; y que además son las que tienen la capacidad tecnológica para desarrollar procesos de investigación sin el apoyo del estado.
• Avanzar en el proceso de dolarización de las economías que significa, entre otras cosas, la subordinación de las políticas económicas latinoamericanas a las políticas de la Reserva Federal norteamericana, que controla al FMI y el BID. Este proceso se inició ya desde comienzos de los 90. En Colombia, por ejemplo, la constitución del 91 estableció como máxima autoridad económica a la junta directiva del Banco de la República, una institución que nadie elige y que está subordinada a las políticas dictadas por el FMI.
• Para dirimir controversias entre los países y los inversionistas extranjeros se establecen tribunales comerciales supranacionales privados que se colocan por encima de los jueces y las cortes de cada país.
• Las transnacionales invierten sobre la base de ganancias “esperadas”. Si sus proyecciones no se cumplen pueden exigir el pago de indemnizaciones a los gobiernos. Es el caso de los leoninos contratos de “riesgo compartido” que, por ejemplo, obligaron a Telecom a pagarle a las multinacionales gigantescas indemnizaciones porque lo que ganaron no era tanto como esperaban ganar.
El plato que se está cocinando en el ALCA no se reparte por igual entre los que participan. No se trata de un proceso de negociación sino de una imposición, lo cual queda plenamente demostrado teniendo en cuenta los siguientes elementos:
• No es un proceso entre iguales que parten de condiciones de negociación y de desarrollo siquiera comparables. El peso de la economía norteamericana es tan abrumador y la ventaja que llevan las corporaciones multinacionales tan grande, que ninguna economía de los 33 países de la región puede competir en ninguno de los terrenos en “discusión”. “En general, el ALCA, ha sido calificado como un «modelo insustentable de negociación». La inequidad es evidente, teniendo en cuenta que el espacio NAFTA equivale a cerca del 90% del producto bruto del continente, la siguiente economía, Brasil, escasamente llega a ser el 6%, Mercosur en total no llega al 8% y la Comunidad Andina apenas un 1.5% estimado, por su parte, Centroamérica en conjunto se acerca al 0.5%, algunos países de las Antillas están en franca bancarrota.”
• La totalidad de los países del área están absolutamente endeudados con los organismos multilaterales controlados por los yanquis. Los nuevos préstamos, muchos de ellos contraídos para pagar deuda, vienen atados al compromiso de avanzar en el proceso ALCA.
• El desmonte de aranceles y subsidios, la apertura de mercados, las migraciones laborales, la desregulación en materia laboral y ambiental y el levantamiento de todas las restricciones a la “libre competencia” comprometen a todos los países, menos a los Estados Unidos. God Bless America.
Hasta aquí hemos visto el marco general de lo que es el proceso ALCA. Esto es lo que se está cocinando a nuestras espaldas y realmente huele a podrido. Desde ya es necesario decir que no estamos porque se le agreguen unos ingredientes a la receta y se le quiten otros como proponen algunos sectores, sino que estamos por voltear el caldero y sacar a patadas al chef y sus ayudantes.
“¿...y si no nos hacemos matar por esto, entonces por qué?”
El gobierno de Uribe acaba de expedir una serie de decretos con los cuales liquida entidades estatales como Telecom, y abre el camino para la privatización de otras como ECOPETROL y el Seguro Social. El Socialista entrevistó a Jorge Lerma, presidente de la USTC (Unión Sindical de Trabajadores de las Comunicaciones) para que explique a nuestros lectores el significado del decreto 1615 que liquida a Telecom y el 1616 que crea una nueva entidad.
Uno de los argumentos que esgrime el gobierno para liquidar la empresa es que los privilegios de los trabajadores y la carga pensional fueron los que la llevaron a una situación de crisis y de inviabilidad financiera. ¿Qué opina sobre esto?
La nueva empresa que se crea inicialmente es estatal. Se llama Colombia Telecomunicaciones S.A., ESP; es decir, es una sociedad anónima y rápidamente permitirá capital privado. Se crea única y exclusivamente para poder pagar los contratos asociativos joint venture que hoy ascienden al monto de 1.800 millones de dólares. De un contrato inicial de 600 millones de dólares y un pago que ha hecho Telecom durante todo este periodo de un poco más de 2.500 millones de dólares. La empresa la crean única y exclusivamente para poder garantizarle a las empresas transnacionales que van a tener la plata que ellos exigen. Un peso más que se les pague a las transnacionales es regalado.
El primer decreto manifiesta que inicia el proceso de liquidación de Telecom en virtud de la Ley 489 de 1998. Es una arbitrariedad porque con esta ley no se podía liquidar a Telecom ni tampoco a las empresas teleasociadas. La única ley que podría, eventualmente, permitir la liquidación es la ley 142 pero se tenía que haber hecho todo un proceso de intervención de la empresa con fines liquidatorios y duraría un mínimo de dos años. De tal manera que el gobierno nacional para poder explicarle al país de manera mentirosa el porqué quiere liquidar a Telecom y crear una nueva empresa plantea que lo hace porque la carga laboral y pensional de los trabajadores le impide la viabilidad de Telecom. La nueva empresa es creada no solo para garantizar el negocio de las transnacionales sino para tapar toda la corrupción y los errores que todos los gobiernos, desde Gaviria hasta ahora, con todas sus administraciones al interior de Telecom han cometido contra Telecom por haber suscrito esos acuerdos asociativos joint venture; donde acordaron con la transnacional que si ella no recuperaba el 95% de su inversión a los dos años, siendo un contrato de diez años, Telecom le pagaba el 95%.
¿O sea que realmente la crisis de la empresa empieza en 1993, cuando se firman los joint venture?
¡Claro! Ese es uno de los elementos determinantes. Y aún así Telecom no tendría necesidad de liquidarse ni de transformarse porque hacia el año 2005, el 100% de la facturación que hoy se divide en el 80% para la transnacional y el 20% para Telecom, o el 90% y el 10%, pasaría a esta última. Entonces Telecom estaría recibiendo, por solo ese concepto de nuevos ingresos, más de 110 millones de dólares al año.
Telecom hoy destina para pago de las transnacionales 460.000 millones de pesos mientras que los salarios de los trabajadores y las prestaciones para el año pasado fue de 167.000 millones de pesos, frente a un ingreso de un billón 800 mil millones de pesos y frente a un presupuesto, de 2 billones 400 mil millones de pesos.
Si nosotros comparamos porcentualmente esos 167.000 millones no llegan ni al 10% de los ingresos. Pero además se fueron trabajadores de Telecom este año, en planes de pensiones anticipadas mentirosas, que demostrarían que este año los ingresos de los trabajadores de Telecom no serían 167.000 millones de pesos, sino mucho menos. Podrían estar por el orden de los 140.000 millones o 130.000 millones.
¿Hace algunos años, antes de que existieran los joint venture, Telecom giraba plata al Estado, cuántos trabajadores tenía y en qué condiciones laborales?
Y hasta después de firmados los joint venture. Telecom dejó de ser esa empresa en donde el gobierno sacó como caja menor para diferentes renglones de la economía. Después del año 1998 cuando el gobierno hace la apertura de las telecomunicaciones, por un valor de 300 millones de dólares, el gobierno entregó al sector privado un mercado que hoy produce, 3.000 millones de dólares anuales. Telecom llegó a tener como máximo 12.400 trabajadores a pesar que su nómina aprobada era de 14.000. Si nos ubicamos en los años de 1990 cuando se arranca con la apertura económica y de las telecomunicaciones aquí en el país, estamos hablando de un total de 9.800 trabajadores. Era mucho más de lo que hoy existe. Hoy somos 4.911. Las convenciones del 96 para acá no han cambiado mucho y cubrían a todos los trabajadores. O sea, no se puede decir que son los ingresos de los trabajadores los que debilitan económicamente a la empresa porque en el 96, que fue cuando se hizo la unificación de los trabajadores de antes del 93 y después del 93, se le pagaba la convención a absolutamente todos y los ingresos y las utilidades de Telecom estuvieron por encima de los 400.000 millones de pesos.
Entrada la competencia, que fue advertencia de este sindicato en el 96, se le dijo a los gobiernos: mire, ustedes no pueden abrir las telecomunicaciones porque si las abren van a recibir 300 millones de dólares por una sola vez y vamos a perder un mercado, en el año, de 3.000 millones de dólares. Todo ese otro dinero que se le ha drenado por efecto de la productividad a Telecom, se está yendo para el sector privado, que no pone absolutamente nada, se han apropiado de las redes de Telecom, no le pagan un solo peso y todas sus llamadas las pasan por las redes de Telecom.
¿De qué países son las transnacionales que tienen firmados los contratos joint venture, con Telecom?
Hay dos japonesas, la Itochu y la NEC, una sueca, la Ericson; una alemana, la Siemens, una franco-española, Alcatel y hay una de capital estadounidense y canadiense, ambos norteamericanos, que es la Nortel.
La que ha salido más favorecida es la Nortel y es a la vez la que más ha violado la ley en Colombia, porque la Ley 37 de 1993 dice que: primero, debe hacerse a riesgo compartido. Ya explicamos que no hay riesgo compartido porque los señores reciben el 95% de su inversión a los dos años de iniciado el contrato. Segundo, dice que los equipos deben ser propios. Y la Nortel, por ejemplo, no compró sus equipos sino que los alquiló en Islas Caimán, para evadir los impuestos que determina la ley colombiana. Entonces engañaron al país y a Telecom violando la ley que exige equipos propios.
Un tercer elemento es que los repartos se deberían hacer entre utilidades y pérdidas. Estos se han hecho solamente por ingresos brutos de Telecom. Esos tipos se han llenado de plata con Telecom. Si le sumamos la cartera morosa por la incapacidad de estas administraciones y a su vez, la prestación a pérdida de la telefonía social, la rural, Telecom pierde 230.000 millones de pesos al año por este concepto. Pero además hay otro problema, Telecom paga licencia del espacio radioeléctrico en esas zonas donde está trabajando a pérdida. Hay pérdida en telefonía rural, en el pago del espacio radioléctrico, en el pago de los joint venture sumado a que los ingresos ya no son los mismos porque ese flujo de llamadas que se daba antes de 1998 se ha reducido sin contar con la feria de contratos innecesarios que se traducen en corrupción. Todo eso es lo que ha hecho difícil la situación de Telecom. Hoy se hacen muchas más llamadas que en el 98 pero se las reparten entre las empresas privadas y Telecom, a pesar de ser la estatal la propietaria de toda la red nacional, pues las privadas solo han tenido que aportar una cuenta bancaria. Cuando la empresa privada hace una promoción a 80 pesos por llamada, gana. ¿Por qué? Porque no son los propietarios de las redes y por tanto no tienen ni ingenieros, ni técnicos, ni administrativos, ni área contable que tengan que pagar. No generan costos de producción ni gastos administrativos. Estos los asume Telecom y la ganancia neta se la llevan las empresas privadas.
En la izquierda hay un debate, porque esta política se viene aplicando hace más de una década. ¿Quién enfrenta esta política imperialista? Hay sectores que plantean que los trabajadores en alianza con la burguesía nacional, ¿usted qué opina?
Hay que partir del hecho que en Colombia y en Latinoamérica no hay oligarquía nacional. Las oligarquías además son internacionales. Se comportan y piensan y actúan de igual manera aquí y en el mundo entero. Lo que pasa es que las oligarquías nacionales tienen menos plata que las oligarquías internacionales pero buscan el mismo propósito. El que piense que hay que esperar que sea ella quien lidere esas banderas está equivocado. Son tan entregadas que prefieren vivir de las migajas que le entregue el capital transnacional. Si hubiera sido así con la misma apertura se hubiera generado una confrontación brutal. Lo que le dijeron a la oligarquía fue: ustedes cierren las industrias que tienen, que nosotros les vamos a importar todo. ¿Y qué hizo esa oligarquía nacional? Prefirió volverse comerciante y decir, si bueno, yo les compro lo que ustedes fabrican por allá y yo vendo lo que ustedes fabrican. Ni aquí, ni en el mundo liderarán nada. Tiene que ser el trabajador, la clase popular, el campesino, quien esté llamado a organizarse y a liderar una lucha de revolución. Uno de los problemas de las organizaciones sindicales es que están pensando en sus meras reivindicaciones. Están pensando en cómo mantienen ahí sus convenciones colectivas, pero nunca hemos podido avanzar hacia el desarrollo de una sociedad diferente, con un modo de producción socialista, que es el que anhelamos nosotros.
Volviendo otra vez a lo de la liquidación de Telecom. ¿Qué le espera a los trabajadores de Telecom? ¿Qué van a hacer? ¿Qué cree usted que hay que hacer? ¿Qué hay que plantearle a las centrales? ¿Cuál ha sido el papel de las direcciones de las Centrales Obreras en esto?
Hay que hacer por parte de las Centrales una convocatoria nacional que no solamente convoque al movimiento sindical sino a todo el movimiento popular, que es el que está viviendo en últimas los resultados de esta política, el incremento de los servicios públicos, en el agua, en el alcantarillado, en la recolección de basuras, en la energía, en todo, en la educación, en absolutamente todo. Yo no veo al movimiento sindical, en el caso de las Centrales, en esa dirección; a pesar de que tengo muy buenas amistades ahí y los respeto mucho, pero no los veo en esa posición.
Me parece que en este momento tan especial...podría ser un buen detonante para todo un movimiento popular que se pudiera levantar... no en contra de Alvaro Uribe, solamente. Claro que ese es el agente del capitalismo y hay que derrocarlo. Pero.. todo un movimiento popular para generar bases diferentes en el modo de producción. Nosotros hacemos ese llamado también a la población colombiana, no porque nos esté pasando esto hoy. Lo hemos hecho en el pasado y lo vamos a seguir haciendo desde el escenario que nos toque. Y eso sí, llamar a una pelea férrea, porque es que el movimiento sindical viene planteando que es que no podemos hacernos matar por esto que está pasando en Telecom porque hay otras luchas más adelante. Entonces nosotros decimos: ¿y si no nos hacemos matar por esto entonces por qué?. Yo digo que las luchas hay que vivirlas en su momento con la intensidad que se requiere. Otra cosa es que uno termine derrotado. Pero nosotros tenemos que ponerle corazón y si es preciso la vida a este movimiento por la salvación de estas empresas que de alguna forma le han entregado, en medio de tanta crisis algo de bienestar a la población.
Hay algunos dirigentes sindicales, que opinan que ante esta arremetida tan terrible y el avance de los planes neoliberales lo que hay que hacer es convertirse en socios de las empresas. ¿ que opina usted?
¡No! Ese planteamiento lo vinieron haciendo desde el 90. En el 92 lo hicieron antes del paro. Desafortunadamente ayer escuchaba al presidente del Sindicato de Cajanal, quien de manera, yo diría inconsecuente, planteaba que ellos están por la transformación en empresa de economía mixta para salvarla. Los trabajadores si compran participación de las empresas no solamente los van a despojar rápidamente, como ya lo han hecho en todo el mundo, sino que además van a ir en contravía de su discurso, que es proteger el patrimonio público. Cuando uno compra también privatiza. Entonces nosotros no estamos llamados a ser un grupo de trabajadores, ahí si privilegiados, dueños de las empresas, a la vez patronos, y a su vez quitándole un patrimonio a toda la población colombiana. Nosotros no compartimos esa posición. El llamado nuestro es para que los trabajadores de ninguna de las empresas del país se presten para eso. Y por el contrario, para que de manera decidida sigamos en una lucha por impedir que los gobiernos sigan regalando y entregando el patrimonio público.
¿Ustedes han establecido relaciones con sindicatos de trabajadores de telecomunicaciones de otros países? ¿usted como ve esta lucha en el terreno internacional, qué habría que hacer?
Yo creo que ustedes nos pueden ayudar mucho, por esa actitud que siempre han tenido. Nunca, en ningún proceso hemos dejado de verlos, hemos dejado de ver el apoyo del Partido Socialista de los Trabajadores. También hay otras fuerzas, uno no puede negar que han estado.. pero de esa manera incondicional nunca... destacamos esa valiosa colaboración. Tenemos un contacto por los lados del Canadá, precisamente, en donde el Sindicato homólogo a nosotros nos ha dicho que nos puede colaborar en toda esta divulgación; inclusive allá mismo, con la presencia nuestra allá, para denunciar el comportamiento de la Nortel, de sus agentes que con ese comportamiento están masacrando trabajadores en el campo laboral pero que también nos han liquidado físicamente. Nosotros pedimos que en el campo internacional, los compañeros de España, Francia, Italia, aquí en Centroamérica, nos ayuden en la denuncia de este gobierno y que no dejen solos a los trabajadores de Telecom porque nosotros al menos la fuerza que nosotros representamos esta con todo, pero absolutamente con toda la conciencia, el corazón y la razón puesta para defender nuestra trinchera.
![]()
El mes de mayo fue para el Perú un mes de protestas. Los sindicatos informaron que 1.8 millones de trabajadores, estudiantes y campesinos participaron en un movimiento de huelga y movilización con toma de carreteras y concentraciones en las principales ciudades a nivel nacional, contra los planes del gobierno de Alejandro Toledo, que son los mismos que se están implementando en todos los países y que son dictados por los organismos imperialistas internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco mundial.
Para frenar las manifestaciones que completaban dos semanas y que cada día se generalizaban más, el 27 de mayo el presidente Toledo decretó el estado de emergencia por 30 días (Estado de sitio), sin embargo esta medida produjo el efecto contrario. Los ánimos de los manifestantes se exacerbaron y las protestas se radicalizaron y se extendieron a otras ciudades. Hubo al menos un muerto, varias decenas de heridos entre manifestantes y policías y cerca de una centena de detenidos. La situación fue tan difícil que el Departamento de Estado de Estados Unidos alertó a viajeros y residentes norteamericanos sobre la crítica situación del país.
Alejandro Toledo formado como economista en Harvard, fue funcionario del Banco Mundial y de la ONU, organismos imperialistas que influyen directamente en los planes económicos y políticos de los países semicoloniales. Elegido en diciembre de 2000 como presidente de la república, asumió el poder en julio de 2001 en nombre del movimiento político “Perú Posible” haciendo muchas promesas que no ha cumplido, entre ellas duplicar el salario de los docentes y crear empleo. Ha hecho todo lo contrario, congelar los salarios y aumentar el desempleo con el propósito de cumplirle a los organismos internacionales lo que ellos le han dictado. Por eso cínicamente afirmó que “somos lo mejores alumnos de los organismos de crédito internacional, pero la gente se impacienta porque no ve las mejoras en sus bolsillos”. La consigna con la que logró ganar votantes era: “soy un indio, terco y rebelde con causa”. Lo que no dijo era que su causa era la defensa de los organismos imperialistas y sus propios intereses, y que iba aplicar planes antiobreros tercamente. Una de las primeras medidas que intentó imponer fue el aumento salarial suyo, como presidente y el de sus ministros, a 18 mil dólares mensuales (un poco más de 52 millones de pesos colombianos). Nombró como jefe de gabinete a Roberto Dañino quien es uno de los consultores mas respetados por Wall Street y a Pedro Pablo Kuczynsky, defensor a ultranza del “neoliberalismo”, como ministro de hacienda. En octubre de 2002 las protestas obligaron a Toledo a reemplazar a estos dos personajes para calmar un poco el descontento. Toledo también prometió combatir la corrupción que había devastado al país durante el gobierno de Alberto Fujimori, pero al poco tiempo se desató un escándalo cuando se hizo público que la primera dama recibía 10 mil dólares mensuales como honorarios por parte del Banco Wiesse, el mismo banco que tejió negociados con el ex asesor de inteligencia de Fujimori Vladimiro Montesinos, hoy encarcelado por el delito de corrupción.
Los trabajadores son acosados, de un lado por el gobierno con sus planes económicos y de otro por el hambre. El 62% de la población vive en condiciones de pobreza extrema. El desempleo, según cifras oficiales, es del 10.6%, pero el 52% de la población subsiste mediante el trabajo informal con un promedio de 2 dólares diarios. El salario promedio de los trabajadores es de 130 dólares (370 mil pesos colombianos) y el de los maestros de 170 dólares (490 mil pesos aproximadamente). La movilización de mayo logró arrancarle a Toledo la promesa de aumento salarial. El problema es que hoy pretende hacer una maniobra. Aumentar el salario con dinero que salga de un nuevo aumento de impuestos a los trabajadores en telefonía y ahorros. A esto el principal representante de los empresarios, Leopoldo Sheelje, presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), recomendó, como salida para evitar la aplicación de medidas tributarias, incrementar el Impuesto General a las Ventas en 0.5%. Es decir que si los trabajadores piden aumento de ingresos el gobierno, la burguesía lo hace sobre la base de aumentar los impuestos a la población. Ante esto las centrales obreras están convocando nuevamente a la movilización.
La corrupción no es un mal de nuestra época. Es una característica del capitalismo, lo que sucede es que la crisis económica en combinación con la política de desmantelamiento del "Estado de bienestar" y la sed de saqueo imperialista lleva a que todos los gobiernos y altos funcionarios aprovechen sus puestos para llenar sus bolsillos, no importa de que país sean o de que gobierno sean. Mientras sean gobiernos capitalistas siempre estarán acompañados por la corrupción.
Pero además la burguesía utiliza la corrupción para hacer campaña, engañar a las masas y turnarse el poder. En el caso de Perú el gobierno de Alan García que gobernó entre 1985 y 1990 fue acusado de corrupción. En 1990 subió al poder Alberto Fujimori con el lema de combatirla; tras más de 10 años en el poder, fue acusado de corrupción y en noviembre de 2001 anunció desde Japón que renunciaba a la presidencia y no regresaba al país. Alejandro Toledo hizo campaña para ganar las elecciones también en nombre de la lucha contra la corrupción y hoy está envuelto en ella.
Ahora el círculo comienza nuevamente. Esta vez quien está haciendo campaña anticorrupción como parte de la campaña electoral es nuevamente Alan García y su partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Pero Fujimori no se queda atrás y desde Japón está anunciando que volverá a Perú a combatir la corrupción. Esto es, cinismo sin límites.
Hoy la oposición burguesa, encabezada por el APRA, desde el parlamento está impulsando el cambio de presidente del congreso para convocar elecciones anticipadas porque creen que si Toledo sigue gobernando no puede controlar la crisis social. Eso expresa la falta de desconfianza no solo de los trabajadores, sino también de sectores importantes de la burguesía desde el punto de vista de sus propios intereses.
Como ha sucedido ya en varios países, las masas resisten los planes y luchan, y hasta tumban gobiernos. Sin embargo los planes pasan. Lo máximo que se logra es disminuir el ritmo de aplicación. ¿Por qué sucede esto?. Los trabajadores no han logrado construir una dirección revolucionaria que se proponga ir a fondo en la lucha. Que proponga una alternativa de gobierno obrero y un programa socialista. Las luchas se quedan a medio camino, sin perspectiva ni continuidad. Entonces la burguesía y el imperialismo logran desviar la lucha muchas veces al terreno electoral y montan un nuevo gobierno como el de Toledo con promesas para resolver la situación pero una vez en el poder vuelve y juega, gobierna para el imperialismo y las transnacionales y la crisis para las masas se profundiza. No hay alternativa para las masas si no construimos una dirección revolucionaria internacional. Por más crisis que haya, en ausencia de una dirección revolucionaria el imperialismo y las burguesías siempre tendrán salidas, reciclándose o permitiendo que sectores reformistas asuman el poder para gobernar para ellos, como está sucediendo en Brasil con Lula, en Ecuador con Lucio Gutiérrez y en Venezuela con Chávez.
![]()
-Perú tiene una población de 27.5 millones de habitantes. El 72% en el área urbana.
-La superficie total de su territorio, islas incluidas, es de 1.285.216 km². Es el tercer país más grande de América del Sur, después de Brasil y Argentina.
-El 40% de los trabajadores asalariados están afiliados a los sindicatos; Las principales agrupaciones son la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP) y la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).
Los distintos sectores del imperialismo se han unificado alrededor de un plan de paz —denominado Hoja de Ruta— para Palestina y le han indicado al gobierno de Israel que debe ejecutarlo y a los palestinos, que tienen que aceptarlo. Dicho plan se ordena después de realizar bombardeos contra la población palestina, destrucción de viviendas y asesinato y encarcelamiento de activistas palestinos. Esta contraofensiva feroz hace parte de la ofensiva imperialista en Medio Oriente después de la guerra en Irak. Y ese plan de paz es una trampa.
El imperialismo está interesado en concretar un plan de paz, “cediéndole” un pedacito de tierra a los palestinos para que construyan su Estado, respondiendo a dos problemas:
El primero tiene que ver con la necesidad de estabilizar la región del Medio Oriente y uno de los principales obstáculos es la resistencia palestina. A esto empieza a sumarse la resistencia iraqui contra el ejército de ocupación imperialista que está produciendo bajas cotidianamente y ataques a los oleoductos.
El otro problema es económico. La resistencia palestina, con los ataques de hombres bomba, le ha producido a Israel, 29 mil millones de dólares en pérdidas desde que se inició la segunda intifada hace dos años (y a los palestinos 6 mil millones de dólares). Ese es un volumen considerable de pérdidas que el imperialismo necesita resolver en medio de la agudización de la crisis de la economía mundial. Por eso el gobierno estadounidense ha tenido que adoptar el viejo plan de paz del imperialismo europeo y ponerlo a andar.
Como la resistencia palestina ha hecho mella en el Estado de Israel, el imperialismo ha definido la política de desarticularla y no permitir que se potencie y unifique con la resistencia iraquí.
La Hoja de Ruta fue elaborada por el imperialismo (Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas) y Rusia. Aceptada por Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y avalada por algunos países árabes como Egipto, Arabia Saudita, Jordania y Bahrein. El plan establece un cronograma en tres fases. En la primera que finalizó en junio de 2003, Israel se compromete a desmantelar sólo los asentamientos del territorio que fue ocupado desde marzo de 2001. La segunda fase va hasta finales de junio del 2004 y estudiará la opción de crear un Estado palestino independiente, con fronteras provisionales, para luego hacer una conferencia internacional que cree ese Estado Palestino. La tercera fase supone la definición final de fronteras del Estado Palestino en el 2005.
El plan establece que la ANP debe asumir las tareas de seguridad en las futuras zonas evacuadas, garantizar el cese de las acciones contra los objetivos judíos y la efectiva actuación de la policía palestina en caso de que los servicios secretos israelíes descubran un ataque por parte de "elementos aislados" contra Israel. Al tiempo, Israel se compromete a permitir el libre movimiento de los palestinos en Gaza y dejará de ejecutar asesinatos selectivos.
De otra parte, por presión de Egipto, Arabia Saudí, y Jordania, tres de las agrupaciones palestinas armadas más importantes, el Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamas), Yihad Islámica, y las Brigadas de Al Aqsa, han aceptado una tregua en sus ataques contra el Estado de Israel. Pero han afirmado que la tregua es condicionada a que el "enemigo sionista" "cese de inmediato toda clase de agresiones contra el pueblo palestino", libere a miles de prisioneros palestinos sin condiciones previas, el fin del confinamiento del presidente palestino, Yaser Arafat, y la finalización de las agresiones a los lugares santos para el cristianismo y para los musulmanes, así como los castigos colectivos, arrestos masivos y deportaciones de palestinos. Finalmente amenazan con que si sus demandas no son cumplidas o son violadas reconsiderarán la tregua y responsabilizarán a Israel de lo que pueda suceder en el futuro.
Frente a la tregua, el viceministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Meir, ha advertido que "esta supuesta tregua es una bomba de relojería porque deja intacta la infraestructura terrorista" y ha manifestado que sólo es un engaño de las organizaciones palestinas para reagruparse antes de volver a atacar.
Esperemos que el viceministro israelí tenga razón. Pues la tregua no puede ser para favorecer la desarticulación de la resistencia, sino para recomponerla y fortalecerla.
Los palestinos han luchado por destruir el Estado de Israel y recuperar su territorio y su Estado. Objetivo que no solamente es justo sino que es la única forma de lograr la paz para su pueblo. Pero cada vez aumenta la conspiración y los enemigos contra este objetivo, no sólo externamente sino a su interior como lo manifiesta la forma en que ha sido aceptado este tramposo plan de paz.
Con el acuerdo de Oslo negociado secretamente en 1993, entre el gobierno de Israel y la dirección de la OLP (con el auspicio del imperialismo), se abandonó el principal punto pro-gramático de la OLP: la lucha por destruir el estado sionista. A cambio se aceptó su existencia y se limitó la lucha a mendigar un pedazo de territorio para construir un Estado pa-lestino equivalente al 22% del territorio de la Palestina Histórica.
La Hoja de Ruta aparentemente lleva a la paz. Y si vemos las imágenes del ejército de Israel abandonando los territorios ocupados aparece como un triunfo de los palestinos. Pero en el fondo es una trampa para desarticular la resistencia, desarmar a los beligerantes e imponer la paz imperialista. Después de desarticular la resistencia muchas variaciones pueden presentarse en el plan de la Hoja de Ruta, incluyendo nuevamente la ocupación israelí de los territorios que hoy se disponen abandonar.
Desde que el imperialismo organizó la ocupación de Palestina y creó el Estado israelí se han discutido muchos planes de paz que siempre han ido al fracaso por una sencilla razón: el estado de Israel es de carácter expansionista. Eso es lo que explica porque cerca del 37% de los palestinos están hoy hacinados en bantustanes, otro 50% refugiados en otros países y sólo el 13% vive en lo que hoy se conoce como el Estado de Israel. La paz entre un agente invasor que tiene como propósito expandirse desalojado al invadido no es posible. Este carácter ex-pansionista lo demuestra la historia colonizadora de Israel que no se conformó con el territorio usurpado a los palestinos sino que ocupó territorios de otros países como Egipto, Jordania, Siria y el Líbano. A esto hay que agregarle el carácter de gendarme del imperialismo para controlar el Medio Oriente. No es posible una paz para los palestinos en el marco de dos Estados uno judio y otro palestino.La única paz posible para palestinos y judíos es con la destrucción del Estado fascista de Israel y la reconstrucción del Estado palestino con un carácter democrático, laico y no racista que además permita el regreso de cerca de los 4 millones de palestinos expulsados.
![]()
Superficie total 21.946 km². La Franja de Gaza tiene 360 km2 y Cisjordania 5.879 km2
Es decir 3.500.000 palestinos están hacinados en 6.239 kilometros (28% del territorio) mientras que Israel con 4.900.000 ocupa 15.707 km². (72% del territorio)
Población de Israel 4.900.000 habitantes.
Palestinos 4.500.000 habitantes. 3.500.000 en Gaza y Cisjordania y 1.000.000 en el resto del territorio.Fuera de ellos hay cerca de 4 millones que viven como refugiados en otros países, la mayoría en Jordania.
La principal organización “sindical” de Israel es el Histadrut, la Federación General del Trabajo. Funciona no sólo como un sindicato, sino también como uno de los principales consorcios económicos del país, con una gran variedad de empresas de carácter comercial e industrial
El pasado 21 de junio del 2003, el Juzgado 15 de lo Penal de Pichincha emitió órdenes de captura con fines investigativos contra once obreros petroleros. El sábado en la noche, Héctor Manuel Cachago fue el primero en llegar a los calabozos de la Policía Judicial en Quito, según se informó allí. El secretario general de Fetrapec, Faustín Valencia, fue detenido en Esmeraldas. El Juzgado también emitió órdenes de prisión por 24 horas en contra de Miller Quiñónez, Diego Cano, Marcelo Román, Mario Escobar, Freddy Ron, John Plaza, Fernando Villavicencio, Carlos Brito Garcés y Fausto Arroba Cueva.El Jefe de la Policía Judicial de Pichincha está a cargo de tales detenciones
El presidente ejecutivo de Petroecuador, Pedro Espín asegura que lo único que hace con el pedido de sanciones y de vistos bueno es el de cumplir con la política del presidente Lucio Gutiérrez, de sancionar a los causantes «de los ingentes perjuicios al Estado, a la Empresa Estatal y al resto del país como consecuencia de impedir el normal abastecimiento, transporte, producción, industrialización y comercialización de hidrocarburos y sus derivados».
Esas medidas represivas son aplicadas por regímenes antidemocráticos y dictatoriales como en el caso colombiano, donde actualmente el gobierno de Uribe Vélez ha castigado con cárcel a 13 dirigentes sindicales petroleros de la Unión Sindical Obrera, USO por oponerse a la privatización de la empresa estatal ECOPETROL.
Llamamos a los trabajadores a nivel internacional a denunciar estas las medidas represivas de Uribe y Gutiérrez contra los trabajadores petroleros exigiendo que cese la persecución y por la libertad de los detenidos.