El
Socialista 589
Contenido
Editorial
Nacional: El Gobierno de Uribe:
golpeado, pero no derrotado
Referendo ¡Si señor,
como no, ni con fraude le alcanzó!
Juventud¡Por una constituyente
universitaria!
Internacional
Bolivia: La guerra del gas
Irak: otro Vietnam es posible
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• En esta edición reivindicamos la derrota que le asestamos al
gobierno de Uribe quienes impulsamos la abstención, al tiempo que proponemos
la moviliza-ción para derrotar el llamado Plan B.
• En Nacional hacemos un análisis de la situación posterior
a las elecciones, señalando que los golpes políticos que ha sufrido
el gobierno de Uribe debemos profundizarlos con la lucha directa, y no hacernos
ilusiones en las alternativas reformistas que encarnan los gobiernos locales
del Polo Democrático.
En Juventud, denunciamos el intento de Marco Palacios, rector de la Universidad
Nacional, de legitimarse con la convocatoria de claustros y colegiaturas que
carecen de poder decisorio.
• En Internacional destacamos la insurrección con la que el pueblo
boliviano derrocó al gobierno de Sánchez de Lozada y explicamos
por qué la toma del poder del Estado por parte de los trabajadores no
fue posible.
• Sobre Irak, seguimos desarrollando la campaña de apoyo a la resistencia
irquí, que se ha fortalecido y está produciendo duros golpes a
las tropas invasoras y a todos sus colaboradores.
• Proponemos a nuestros lectores, organizar círculos de El Socialista,
para discutir el contenido de nuestro periódico y ayudar a organizar
la lucha contra el plan de Uribe y el imperialismo y construir un partido revolucionario.
Escribanos a nuestra dirección electrónica con aportes, comentarios
o críticas. Y los invita-mos a vincularse a nuestro partido y al CITO.
Escríbanos a: pstcolombia@yahoo.com
Visítenos en: www.elsocialista.org
El gobierno fue derrotado en las urnas con su referendo. Con ello también quedó claro que el porcentaje de apoyo del 70%, que se afirmaba tenía Uribe, no era más que una cifra ficticia, sostenida por los medios de comunicación a través de en-cuestas acomodadas. El hecho concreto es que el referendo, que realmente era un plebiscito de apoyo al gobierno, no logró llegar al 25%. Más de 19 millones de electores (el 75%) no apoyaron a Uribe.
Quienes impulsamos la campaña de abstención afirmamos que el
referendo era una trampa. El símbolo de la campaña del sí
lo expresaba bien. Eran tres lazos con nudo corredizo como los que se utilizan
para la horca, sólo que con aparien-cia de cinta de la paz.
Uribe quiere desconocer que el 75% de los electores estamos en contra de que
se congelen los salarios y las pensiones y que se graven. Tampoco queremos más
impuestos. Por eso ha anunciado el Plan B, con el propósito de ver si
puede ejecutar medidas que con el referendo no logró. El referendo fue
un mandato del Fondo Monetario Internacional. Uribe no fue más que el
agente encargado de ejecutar la tarea. En el “acuerdo Stand-by”
firmado por el gobierno con el FMI están consignados los puntos económicos
del referendo. Esta se-mana estuvo de visita una comisión del FMI con
el propósito de redactarle a Uribe las medidas del Plan B y ordenarle
como debe aplicarlas.
Uribe y el imperialismo han sufrido una derrota con los resul-tados del referendo, pese a que no ha sido mediante la lucha directa sino a través de las urnas. Hay que aprovechar esa derrota, no darle tregua y seguir golpeando. Al gobierno de Uribe se le puede derrotar, pero hay que pasar a la lucha directa. Ayuda el esfuerzo que están haciendo las masas en otros países por derrotar al imperialismo. La resistencia iraquí y palestina en Medio Oriente y la insurrección de las masas bolivianas son el mejor ejemplo.
La política de conciliación, la concertación y los pactos de las direcciones de las centrales obreras solo le sirven al gobierno, a la burguesía y al imperialismo. Igual sucede con las ilusio-nes en el parlamento. En los anteriores años las direcciones del movimiento obrero crearon ilusiones en el parlamento y movilizaron muy poco. El resultado obvio, fue que los gobier-nos de turno aprobaron todas las leyes con las que nos han arrebatado las conquistas.
Necesitamos la unidad entre trabajadores, campesinos pobres y sectores populares para organizar la lucha. Al interior de la burguesía hay fisuras que tienen que ver con la participación en el mercado. El partido liberal y otros sectores burgueses que se hacen pasar por independientes apoyaron la campaña de la abstención al referendo y tienen pugnas con el gobierno, pero buscan negociar para que les dé participación y sobre esa base apoyar sus planes. Los trabajadores debemos apro-vechar esas pugnas y golpear. No nos dejemos engañar con la apariencia de “oposición” y “radicalidad” de esos sectores burgueses. Las direcciones de las centrales obreras deben romper con la política de concertación y organizar la moviliza-ción para exigir el pago del aumento salarial de los estatales de este año, por aumento general de salarios para el año entrante y contra el Plan B de conjunto.
Desde el gobierno de Uribe hasta algunos dirigentes sindica-les, pasando por los senadores del Polo Democrático como Antonio Navarro, se esfuerzan en presentar propuestas para enfrentar el déficit fiscal que perjudica a la banca imperialista. El déficit fiscal lo produce la deuda externa. Deuda usurera que no hemos adquirido los pobres y de la que no nos hemos beneficiado. La prioridad para los trabajadores y la población pobre no es el pago de esa fraudulenta deuda externa, sino la solución de la miseria y el hambre. Y la única manera de empezar a resolver esos problemas es no pagando esa deuda que se lleva más del 40% del presupuesto nacional. Por eso la discusión no es si la deuda se debe reestructurar, renego-ciar o algo peor, lo que ahora propone Uribe: el prepago utili-zando las reservas internacionales del país. La discusión es si seguimos pagando algo que no adquirimos, algo de lo que no nos hemos beneficiado y que además, con los altos intereses hemos cancelado varias veces. Tenemos que decir que no pagamos la deuda y más bien discutamos que hacemos con los cerca de 30 billones de pesos que estarían destinados a su pago el año entrante. Con ellos tendríamos para planes de inversión industrial estatal; rebaja y congelación de las tarifas de los servicios públicos; aumento del presupuesto para edu-cacióny salud; subsidios para transporte y vivienda; construc-ción de obras públicas y empleo para todos, etc. Por eso la movilización contra el plan B de Uribe tiene que levantar como una de sus consignas centrales el no pago de la deuda externa.
Las tres derrotas políticas consecutivas sufridas por el gobier-no en menos de una semana han puesto a defensores y detractores de Uribe a especular sobre la que sería la nueva realidad nacional y sobre el futuro político inmediato del país. El fracaso del Referendo, el avance electoral del Polo Demo-crático Independiente y el hundimiento en el Parlamento del proyecto de ley que abría la posibilidad de la reelección inme-diata del Presidente —sumado a la caída de sus ministros "estrella" Fernando Londoño y Martha Lucía Ramírez— no son poca cosa para un gobierno al que, amigos y enemigos, consideraban invulnerable apenas un mes atrás. Pero ni el evidente avance electoral de la clase media socialdemócrata y de los sectores políticos y sindicales de la izquierda reformista que se aglutinaron alrededor del PDI ha colocado a Uribe contra las cuerdas, ni el gobierno dispone de la misma su-puesta omnipotencia de que hizo gala hasta ahora en la apli-cación de los planes reaccionarios y antiobreros que le redactaron Bush y los organismos multilaterales de crédito.
La izquierda revolucionaria y los trabajadores debemos sacar las conclusiones que le den una perspectiva equilibrada a nuestra lucha, nos ayuden a salir del derrotismo que nos predicaron algunos dirigentes que vaticinaban el comienzo de décadas de fascismo en el país, y eviten que caigamos en la euforia triunfalista que recorre las filas de los partidos del reformismo y la socialdemocracia pequeñoburguesa. Tan nocivo a la defensa de los intereses de los trabajadores y los pobres puede ser subestimar la capacidad del gobierno para seguir adelante con todo su paquete de contrarreformas y de recorte a las libertades políticas, como sobrevalorar un avance en el terreno de la democracia burguesa, que además ha caído en manos de las direcciones más proclives a la concilia-ción con la burguesía y el imperialismo.
La nueva coyuntura política es muy compleja y está llena de riesgos para los explotados. La mejor manera de entenderla con claridad y de deducir una política acertada para enfrentar-la es la que nos ofrece la democracia obrera. Es la hora de discutir fraternal y abiertamente en todos los sindicatos y entre todos los partidos de los trabajadores las visiones que tene-mos de ella y las alternativas que proponemos para que las importantes derrotas que ha sufrido el gobierno no puedan ser revertidas fácilmente por Uribe y su equipo de ministros de la derecha reaccionaria, y para que los avances obtenidos —que, como la derrota del referendo, aun se mueven en el campo de la democracia burguesa— sean seguidos de nue-vas y más importantes conquistas, logradas con la lucha directa, en nuestro real nivel de vida y de libertades políticas. Desde las páginas de El Socialista queremos contribuir a esa necesaria discusión.
Las situaciones nacionales tienen características particulares que reflejan distintas correlaciones de fuerzas entre las cla-ses, y diferentes historias políticas, económicas y sociales. Pero en la medida en que el capitalismo ha extendido su régimen de explotación a todos los rincones del Planeta y en la medida en que el monopolio ha reemplazado a la libre competencia y ha impuesto el dominio imperialista de unos cuantos burgueses de los países ricos sobre la inmensa ma-yoría de los habitantes del mundo, todo análisis de las reali-dades nacionales debe partir de una comprensión de la situación de la lucha de clases mundial.
El cambio abrupto en la percepción que se tiene de la situa-ción colombiana, después de los acontecimientos de finales de octubre, no se puede explicar si no se toman en considera-ción como mínimo dos hechos fundamentales de la situación política internacional: el empantanamiento del imperialismo yanqui en el Medio Oriente, en particular en la guerra contra Iraq, y el avance del reformismo burgués y del frentepopulis-mo en América Latina.
El triunfo de Álvaro Uribe en las elecciones presidenciales de 2002 se dio a caballo de la ola política reaccionaria levantada por el imperialismo después de los ataques del 11 de sep-tiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York. La cruzada de Bush contra el terrorismo internacional le venía como anillo al dedo a Uribe, comprometido con una política de seguridad de ultraderecha que responsabilizaba, y sigue responsabilizando, de todos los males del país a las acciones de la guerrilla y a la lucha de los trabajadores y los partidos de la izquierda. La burguesía y la clase media reaccionaria de las grandes ciudades cerraron filas detrás de Uribe y se dispusie-ron a ser los garantes de la aplicación de todos los planes políticos y militares del imperialismo.
Los dineros del Plan Colombia convirtieron al país en el tercer receptor mundial de ayuda militar norteamericana, detrás de Israel y Egipto. El gobierno, cumpliéndole a sus electores, tomó como su eje de gobierno la “política de seguridad demo-crática”, que no es otra cosa que la intensificación de la guerra a costa de pasar por encima de los pocos derechos políticos de la población de las áreas más afectadas por el conflicto. Las “zonas de rehabilitación” quedaron convertidas en territo-rios de guerra donde se conculcó hasta el derecho elemental a la libre movilización. Las detenciones arbitrarias y el despla-zamiento masivo de todo sospechoso de simpatizar con cual-quier facción guerrillera, fueron el complemento legal a la política de exterminio físico de los dirigentes obreros y popula-res opuestos al régimen, tuvieran o no vínculos o simpatías políticas con las organizaciones armadas. El primer año de gobierno de Uribe estuvo signado por su política militarista y por la presencia permanente del ejército en todos los ámbitos de la vida nacional.
El entusiasmo guerrerista que cundió entre la burguesía y la alta clase media se vio legitimado y reforzado por la invasión imperialista a Iraq, servilmente apoyada por el gobierno. Uri-be, que se colgó del carro de los seguros ganadores, usufruc-tuó nacionalmente los éxitos iniciales de la campaña imperialista, pero ha sufrido en igual medida el empantana-miento de los yanquis que jamás pudieron encontrar las prue-bas que justificaran la invasión y que han sido incapaces, pese a la superioridad militar, de derrotar una resistencia que crece, y da golpes cada vez más importantes, con cada se-mana que pasa. Su servilismo proimperialista lo dejó pegado a un delirante Bush que es cada día más odiado por millones de trabajadores en el mundo semicolonial e imperialista.
Al mismo tiempo, la política intervencionista y expansionista de los yanquis en nuestro país, que se traduce en el aumento de su presencia militar a través del Plan Colombia, también ha tenido algunos traspiés que han mostrado que los planes del imperialismo no están destinados al triunfo limpio e inexora-ble. La toma como prisioneros de tres norteamericanos que realizaban tareas de espionaje contrainsurgente para el go-bierno y los yanquis y el posterior derribamiento de una avio-neta que intervenía en un operativo para rescatarlos, mostraron que a una guerrilla con cuarenta años de experien-cia es más fácil derrotarla en los computadores del Pentágono en Washington y en los discursos desde el centro de Bogotá que militarmente en las zonas donde tradicionalmente ha tenido influencia.
Después de seis meses de no poder controlar la cerrada resistencia iraquí a la invasión y de no poder mostrar una sola de las armas de destrucción masiva con que supuestamente el régimen de Saddam amenazaba la democracia norteameri-cana, la eficacia propagandística de la cruzada contra el terrorismo va en picada. Otro tanto le ocurre a Uribe. Pasado un año de su gobierno —elegido en primera vuelta con la votación más alta de las últimas décadas por una burguesía y una clase media que se creyeron el cuento de que iba a derro-tar a la guerrilla en cuestión de meses—, sin poder mostrar un solo golpe importante a las estructuras centrales de las orga-nizaciones armadas, su discurso sobre el poder curalotodo de la política de seguridad democrática pierde credibilidad. Su estrategia de legitimar internacionalmente su política militaris-ta y represiva, que al principio pareció efectiva, ha ido entran-do en crisis por el aumento de las denuncias internacionales de violaciones a los derechos fundamentales y por la pelea que casó mal con las ONG, a las que acusó irresponsable-mente de ser superficie logística de la guerrilla.
Cuando la política del garrote no le muestra resultados a las capas más reaccionarias de la sociedad que sostienen al gobierno, y cuando no hay zanahoria posible para los sectores más explotados de la sociedad que se hunden en la miseria, el deterioro político es inevitable. El fantasma de las cruzadas contra el terrorismo atemoriza cada vez menos a los de abajo. En cambio la presencia real de la miseria convertida en polvo-rín social aterroriza cada vez más a los de arriba.
El segundo gran fenómeno político, sin el cual no es posible
entender el giro nacional, es el del avance del reformismo burgués y
del frentepopulismo en América Latina.
El repudio masivo que están empezando a tener los planes de sobreexplotación
en todo el continente ha producido triunfos de distinto carácter y dimensión.
Desde hace un par de años estamos asistiendo a lo que los reformistas
llaman “la crisis del modelo”, que no es otra cosa que el agotamiento
físico de la capacidad de los trabajadores de producir plusvalía
sin directamente morirse de hambre. El aumento de la pobreza y la miseria en
toda América Latina, que nos ha hecho retroce-der a las condiciones de
hace tres décadas, ha producido importantes levantamientos populares
y votaciones que se corren hacia la izquierda, abandonando a los políticos
burgue-ses abanderados de los planes neoliberales de sobreexplota-ción.
La insurrección de diciembre de 2001 en Argentina que tumbó al gobierno de Fernando De la Rua, las elecciones del social-demócrata Ricardo Lagos en Chile y de Lucio Gutiérrez en Ecuador, el levantamiento popular que evitó el derrocamiento reaccionario de Chávez en Venezuela, la votación masiva que colocó a Lula al frente del gobierno de Brasil, y finalmente la insurrección obrera y campesina boliviana que repatrió a Miami al “gringo” Gonzalo Sánchez de Lozada son los prime-ros síntomas de la resistencia y la rebelión de los trabajadores y las masas del continente contra los planes de sobreexplota-ción, impuestos por el imperialismo para garantizarse el pago de la onerosa deuda externa y el rendimiento de sus inversiones.
Las masas están agotadas de cargar con el peso de la crisis. Ya no aguantan una reducción salarial más, ni más aumentos en los impuestos y los servicios públicos que fueron privatiza-dos en todas partes. El desempleo y el subempleo han llega-do a los niveles de la década del 70. Cada año ingresan decenas de millones a las estadísticas de pobres absolutos y de miserables, en todos los países del continente sin excep-ción. Las burguesías nacionales e imperialistas, que en estos años aumentaron su riqueza en proporción directa al aumento del hambre de los trabajadores y los sectores populares, han creado lo que ahora llaman eufemísticamente un “polvorín social”.
Por esa razón los explotados se han volcado a las calles, donde más avanzados están los procesos y donde hay más tradición de lucha directa y de organización de masas, o sobre las urnas, donde los procesos corren un poco más atrás. Y por esa misma razón han vuelto a recargarse los extintores de incendios del reformismo burgués y del frentepopulismo. Por todas partes han aparecido viejos y nuevos reformadores sociales haciendo esfuerzos por contener las avalanchas de hambrientos con limosnas, migajas y paja.
En Argentina Néstor Kirchner trata de aplacar el combativo y organizado proletariado con subsidios y “Planes Trabajar”, ante la imposibilidad de echar a andar un plan serio que baje significativamente la tasa de más del 20% de desempleo. En Bolivia el nuevo Presidente Carlos Mesa intenta capotear la situación con promesas y más promesas, en vez de diseñar una estrategia para combatir la miseria creciente en el plazo de noventa días que le han dado las direcciones de la reciente movilización. Hugo Chávez sobreagua la tempestad reaccio-naria financiada por el imperialismo gracias a la gran capaci-dad de sacrificio que han demostrado los trabajadores venezolanos, y pese a que su gobierno no ha sido capaz de tomar una sola medida de fondo en contra de la gran burgue-sía y a favor de los explotados. Y Lula, usufructuando las ilusiones de los trabajadores brasileros, impulsa una caricatu-ra de reforma de tierras ubicando a los destechados en las franjas propiedad del Estado a lo largo de las carreteras, mientras impulsa en el Parlamento las contrarreformas reac-cionarias que no pudo imponer Fernando Henrique Cardozo, como la que liquida parte de los derechos pensionales de los trabajadores oficiales.
Pero ni los gobiernos de reformistas burgueses como Kirch-ner, ni los de frentepopulistas como Lula pueden resolver ningún problema de los pobres porque sus compromisos reales son con el imperialismo y las oligarquías nacionales. Todos sin excepción han expresado su decisión de pagar la deuda contraída con la banca internacional, de recortar aun más las conquistas laborales y prestacionales para hacer atractivas las inversiones imperialistas, de mantener bajos los salarios y altas las tarifas de servicios públicos y de abrir los mercados nacionales a la producción imperialista. Hablan de renegociar y refinanciar la deuda, pero se cuidan de mencio-nar la palabra “desconocerla”. Hablan de regatear condiciones pero ninguno se atreve a oponerse abiertamente al ALCA.
En Colombia la miseria creciente -que no encontró solución en ninguna de las medidas “milagrosas” anunciadas y aplicadas por los diferentes gobiernos que pasaron en estos 20 años de sobreexplotación neoliberal- también está volcando las expec-tativas de sectores importantes de la clase media asalariada, y de los trabajadores que aun se mantienen organizados, sobre los programas del reformismo burgués y del frentepopu-lismo. La combinación del hambre nacional con el aire fresco de la rebelión latinoamericana explica en buena medida la importante votación recibida por Luis Eduardo y Angelino Garzón, y por todos los demás candidatos que en las regiones se presentaron como independientes de los partidos tradicio-nales y opuestos al plan y al régimen de Uribe.
La derrota del Referendo va un poco más allá de los votos por el Polo Democrático y hay una diferencia importante entre los dos fenómenos: doce millones de pobres que aun no votan a nadie. Los diez y nueve millones que el sábado 25 de octubre derrotaron el Referendo, absteniéndose de votarlo, no madru-garon el domingo 26 a apoyar a los candidatos del reformis-mo. La abstención es un hecho tradicional en Colombia, alimentado por el monopolio político que los dos partidos burgueses tradicionales impusieron con el Frente Nacional, a finales de la década del 50. En los '60 y '70 llegó a cifras cercanas al 80%. En las elecciones de los últimos años des-cendió a casi el 50%, cifra aceptable para cualquier democra-cia burguesa contemporánea.
Los procesos electorales recientes muestran que la mitad más pobre de la población sigue, por las razones que sea, al mar-gen de la participación en los procesos de la política democrá-tica burguesa. Pero muestran al mismo tiempo que hay una franja, que equivale casi a la cuarta parte del total, que con-cientemente se movió contra los planes de los gobiernos y el imperialismo y que fue decisiva en la derrota del Referendo. Esa franja expresa el comienzo de la reacción de los trabaja-dores contra el crecimiento de la pobreza y ha ido en un pri-mer momento, como es normal, detrás del reformismo burgués y la conciliación de clases.
Durante décadas Colombia pareció marchar política y econó-micamente a contravía de la marcha general de América Latina. Cuando todos nuestros vecinos, arriba y abajo, deja-ban de crecer económicamente y caían bajo sanguinarias dictaduras militares, aquí dábamos la impresión de contar con una economía dinámica y una democracia burguesa sólida. Esa impresión fue creada por el carácter distorsionado que adquieren casi todos los hechos políticos y sociales en el país, y que son efecto de dos fenómenos estructurales que han marcado el desarrollo de los últimos cuarenta años: el floreci-miento de la llamada “economía informal”, y la existencia de una insurgencia armada que no han podido derrotar cuatro décadas de guerra sucia desatada por los terratenientes y el Estado contra la población de las zonas campesinas donde tiene influencia.
En lo económico un tercio del crecimiento anual lo aportó durante años la producción y el tráfico de estupefacientes. Al ser una industria agraria terminó entremezclada con el conflic-to armado. Cuando el imperialismo y la gran burguesía nacio-nal tomaron la decisión de combatir a la burguesía nacional narcotraficante, tuvieron que enfrentar simultáneamente la tarea de desmontar los ejércitos paramilitares —construidos por los narcos y los terratenientes, que se beneficiaban directa o indirectamente del negocio— y de derrotar militarmente a la guerrilla.
Una de las primeras consecuencias de la persecución a los narcotraficantes fue la desaceleración de la economía y por supuesto el crecimiento del desempleo y la miseria en las franjas de la población rural y urbana que trabajaban para esa rama de la industria nacional. El impacto sobre el conjunto de la economía se extendió a medida que los dineros que se blanqueaban en la “economía formal” dejaron de fluir. El resultado final de la destorcida de la economía ha sido el aumento de la miseria social que estamos viendo en el campo y las grandes ciudades.
Cuando se juntan todos los factores de la situación nacional el panorama no resulta muy prometedor: desaceleración en picada de la economía, planes de sobreexplotación siempre más duros, aumento de las tarifas de servicios públicos, re-ducción de la capacidad adquisitiva de los salarios y de los ingresos de más de la mitad de la población, desempleo creciente, subempleo generalizado, incremento de los gastos destinados a defensa por el combate a la guerrilla, represión, asesinatos de dirigentes obreros y populares, contrarreformas políticas reaccionarias que cierran todos los espacios de participación de las minorías, y un interminable etcétera, que dibujan el “polvorín social” del que habla el expresidente Alfonso López Michelsen.
Esa es la gran razón “nacional” del viraje de franjas importan-tes de los trabajadores y los pobres hacia el reformismo bur-gués y el frente-populismo. Cansados de soportar el peso de la crisis han empezado a identificar las causas y los respon-sables: los planes de sobreexplotación y los gobiernos bur-gueses liberales y conservadores que los ejecutan, sin chistar, ante las órdenes del imperialismo.
Despolitizados, desorganizados y sin gran tradición de lucha, los trabajadores colombianos que rompen con los partidos burgueses van primero a lo que parece el extremo opuesto a los responsables de su situación calamitosa: el Polo Democrá-tico Independiente y las agrupaciones que se hacen pasar por independientes de los partidos tradicionales. De esta manera lo que es un hecho político y social muy progresivo, el rompi-miento con la influencia burguesa, es capitalizado inicialmente por propuestas políticas que no sólo no van a resolver la situación sino que la van a llevar a una sin salida. Lo que hemos visto en el resto de América Latina, desde Nicaragua hasta la Argentina es que todas las agrupaciones políticas pequeñoburguesas, frentepopulistas y de conciliación de clases han terminado aplicando los planes de la burguesía y el imperialismo, apoyándose en las ilusiones que los pobres han depositado en ellos.
Luis Eduardo Garzón, Antonio Navarro y todos sus acompa-ñantes en el PDI, no son ni van a ser la excepción. Atrapados en una política de conciliación de clases, comprometidos pro-gramáticamente con alas de los partidos tradicionales y sin una verdadera propuesta obrera y popular para resolver de raíz los males de la sociedad capitalista, terminarán converti-dos en los agentes de izquierda en la aplicación de los planes de sobreexplotación. La gran burguesía atemorizada, por la posibilidad de un levantamiento popular a causa del hambre, los alienta y los soporta. No por nada el mismo López Michel-sen declaró, en una entrevista televisada un par de días antes de las elecciones, que el más indicado para contener el “pol-vorín social” en Bogotá era Lucho Garzón.
les elegidos por el reformismo empiezan en enero de 2004. Serán vistos por los trabajadores que los eligieron como sus gobiernos y como un triunfo contra la gran burguesía que los ha hambreado todos estos años. Y es efectivamente un triun-fo, sólo que un triunfo plagado de los mayores peligros. El reformismo y el Frente Popular son salidas que la burguesía y las corrientes revisionistas de la Social Democracia y el estali-nismo diseñaron para salvar al capitalismo de la Revolución Socialista en períodos de dificultades económicas y políticas. No son más que variantes, un poco más presentables ante los ojos de los explotados, del mismo régimen de explotación. En esas variantes la burguesía a veces renuncia a gobernar directa y abiertamente y lo hace por medio de dirigentes de los propios trabajadores a los que coloca en los puestos de adelante, para engañar a los pobres, mientras ella permanece detrás, al mando de las instituciones que son el real soporte del poder: las Fuerzas Armadas.
La clase obrera y los trabajadores no podemos hacernos ninguna ilusión en la alcaldía de Bogotá de Luis Eduardo Garzón o en la Gobernación del Valle de Angelino. No van a hacer nada distinto de lo que ya han hecho, o dejado de hacer, Lula, Kirchner, Gutiérrez o Chávez. Las declaraciones de Luis Eduardo Garzón, durante la campaña y después de ella, así lo anticipan.
Lo que debemos hacer es aprovechar los primeros pero im-portantes golpes que han recibido el gobierno, la burguesía y el imperialismo con la derrota del Referendo y con la pérdida del control directo de algunas de las principales ciudades del país, para avanzar en la organización independiente de nues-tras fuerzas y para pasar a las acciones directas de moviliza-ción que lleven a una derrota efectiva de los planes de hambre y sobreexplotación. Simultáneamente debemos orga-nizarnos políticamente en un partido realmente socialista y revolucionario que le dé continuidad a la lucha, cuando las direcciones conciliadoras nos lleven, e inevitablemente nos llevarán, a una situación sin salida desde el punto de vista del capitalismo y el régimen burgués.
El gobierno de Alvaro Uribe se la jugó toda para lograr el apoyo popular al referendo que se sometió a votación el pa-sado 25 de octubre. Sus resultados, muy a su pesar, signifi-can un duro revés. Analizar las causas de esta derrota electoral del gobierno y las dinámicas que ella abre son muy importantes para los trabajadores, blanco fundamental de las medidas propuestas en esta consulta.
Ni la fabulosa suma de tres mil millones de pesos para la publicidad a favor del referendo aportada por los principales capitalistas del país, ni las declaraciones de los funcionarios del FMI y del gobierno yanqui, ni los centenares de cuñas oficiales por televisión, ni el populismo presidencial que llegó a utilizar hasta los programas de mayor sintonía como “El Gran Hermano”, ni sus reiteradas apariciones en cuanto programa de televisión pudo, ni las gotas de la buena suerte y los rezos, ni las amenazas, ni los ruegos de que le dieran una manito, ni las encuestas arregladas que le daban la víspera de la vota-ción un favoritismo del 79%, ni las brabuconadas de su Minis-tro de Justicia e Interior, le sirvieron al gobierno para ganar el apoyo popular a su propuesta bandera.
Tampoco le funcionó todo el aparataje de la Registraduría Nacional, que anunciaba la entrega de los resultados ese mismo día con la certeza de que sus resultados favorables inclinarían la votación del día siguiente por gobernadores alcaldes y concejales a favor de las listas uribistas. El gobier-no, todo el aparato estatal y los medios de comunicación le apostaron a concretar la moñona en estas dos jornadas elec-torales para ganar fortaleza indiscutible y continuar con la aplicación del demoledor plan de ajuste fiscal. Llegó a tanto el cinismo que el mismo día de la votación los medios y la propia Registradora, Almabeatriz Rengifo, daban los reportes mani-pulando las cifras para mostrar cómo, según sus proyeccio-nes, el referendo pasaba. Ni el fraude que intentaron montar, contabilizando a favor del SÍ tarjetas no marcadas en algunos casos, como en Antioquia, y en otros casos utilizando argu-cias jurídicas para que se sumaran como parte de los votos válidos para alcanzar el umbral, le sirvió al gobierno y a los sectores burgueses que lo apoyan, para imponer su antiobre-ro referendo. Incluso el “Minterror” Londoño anunció la revi-sión del censo electoral para alcanzar el lumbral.
Ante la imposibilidad de justificar e imponer el fraude, el presidente Uribe, que pasó del protagonismo furibundo al más absoluto mutismo, cuatro días después tuvo que reconocer que había sido derrotado en su intento de convertir el referen-do en un plebiscito a su favor. Pero, como era de esperarse, anunció de manera lacónica un plan de medidas económicas otra vez contra los trabajadores en las que se contemplan aumentos de salarios ridículos, incremento y ampliación del IVA, impuestos a las pensiones hasta del 30%, eliminación de la mesada de diciembre y otras.
Durante la semana previa a la votación ya comenzaba a quedar mucho más claro para los trabajadores y la población, que el corazón del referendo eran las medidas fiscales. Los politólogos a sueldo, partidarios fervorosos del gobierno, se esforzaron por ganar apoyo, mediante el argumento ya plan-teado por Uribe, de que si no se aprobaba iríamos a una situación de crisis como la argentina lo cual implicaría medi-das mucho más fuertes que las contempladas en él. Este argumento buscaba asustar a los trabajadores para que fue-ran como borregos a sacrificarse en las urnas con la ilusión de que el látigo suavizara su furia. También dijeron que era mejor votar así fuera por el NO para maniatar al gobierno durante dos años, pues si las propuestas eran negadas no podría presentarlas de nuevo al Congreso durante este tiempo. Ambos argumentos dejaron claro ante los trabajadores que el referendo no era contra los burgueses y altos funcionarios corruptos sino contra ellos y sus familias.
En el diario El Tiempo del sábado 25 de octubre, día de la votación, los grandes medios seguían con la estrategia de “asustar” a los pobres para favorecer a los ricos, esta vez con cifras. En un artículo de análisis económico señalaban los ahorros que produciría el referendo: de 20.9 billones de pesos de ahorro total, 19.5 corresponderían a la congelación de salarios mientras la eliminación de las Contralorías solo repor-taría 1 billón, el límite a pensiones elevadas la irrisoria suma de 283 mil millones y la reducción del Congreso apenas 108 mil millones. Más claro no canta un gallo, el objetivo central del referendo era que la crisis económica la sigan pagando los trabajadores y los pobres. Los ministros corruptos siguen en sus cargos, los funcionarios corruptos de igual manera y no había en el referendo ni habrá en las nuevas medidas del gobierno una sola que les quite a los grandes empresarios y a las trasnacionales parte de sus millonarias fortunas hechas a base de la sobreexplotación del pueblo trabajador. Los traba-jadores con sus escasos ingresos, menguados cada vez más, continúan pagando la enorme deuda externa e interna que los gobiernos y los capitalistas disfrutan a manos llenas.
Gobierno y empresarios no lograron convencer a la población de que el referendo era contra los corruptos. Es evidente que la mayoría de la votación se concentró en las grandes ciuda-des y en los sectores de mayor votación de la burguesía y la pequeña burguesía, por eso las dos preguntas centrales la 8 y la 14, que golpeaban duramente el bolsillo de los trabajadores lograban superar los 6 millones de votos, mientras las de reducción del Congreso y la pérdida de investidura de los corruptos, estaban bastante lejos del umbral. La burguesía y pequeña burguesía salieron a votar entusiasmadas y rabiosas para que los trabajadores paguen con sus salarios y pensio-nes la crisis por supuesto para evitar que ellos tengan que pagar más impuestos. Los sectores más pobres de la pobla-ción no votaron.
Los hechos posteriores a la votación han confirmado sin lugar a dudas que el referendo, así como toda la política del gobier-no tienen un solo fin: garantizar los recursos para pagar la enorme deuda externa a la usurera banca mundial. Derrotado el referendo el gobierno se apresta a concretar su plan B para cuya aprobación, recibió el 4 de noviembre la Misión del Fon-do Monetario Internacional.
Es muy prematuro sacar todas las conclusiones de lo que significó la derrota del referendo y los resultados electorales a gobernaciones, alcaldías, concejos y asambleas. Por lo pronto lo más evidente es la derrota de Uribe en lo que era una de sus principales banderas de gobierno y que tenía más el objetivo de golpear el nivel de vida de los trabajadores apo-yándose en las urnas, ganar la aprobación de la reelección e imponer un estilo de gobierno bonapartista en el que el centro de las decisiones se concentran en la figura presidencial. Para los sectores de la burguesía opositora, aunque comparten todos los planes económicos y el objetivo de que sean los trabajadores y los pobres los que paguen la crisis, significa un reacomodo de fuerzas para hacerse sentir y negociar mejor su participación en la repartición de la torta. Por eso de manera inmediata salieron a decir que hay que respaldar al presidente y su gobierno quitándole importancia al golpe recibido con el referendo. Tal como lo dijo el editorial del diario El Tiempo del 27 de octubre, “El control y minimización de las consecuen-cias negativas de lo que ha sucedido se deben convertir en un propósito común”.
A la burguesía, por más contradicciones y matices que tengan en el manejo del poder, le sobra conciencia de clase. En los momentos difíciles siempre se unen para evitar dejar grietas por donde se pueda colar el descontento popular. Por eso esta derrota del gobierno aunque muy importante y significati-va, está llena de mediaciones y la primera es que ella no fue producto de la lucha directa de las masas como lo ha sido en otros países, Bolivia por ejemplo, sino de una victoria distor-sionada en la que se expresó el descontento con la situación de desempleo hambre y miseria en la que vive la mayoría del pueblo colombiano.
En el campo de los trabajadores, a pesar de ser un triunfo mediado, la derrota del Referendo estuvo acompañada de un importante proceso de politización. En escuelas y colegios los maestros asumieron la discusión con los padres de familia y los estudiantes sobre los problemas centrales del país, las políticas de la burguesía y el imperialismo y la situación de los trabajadores y pobres planteando salidas mucho más allá de los límites establecidos por la discusión de los puntos del referendo. Los trabajadores de las contralorías y otros sindica-tos hicieron otro tanto. Merece destacar de manera singular las brigadas puerta a puerta realizadas por el sindicato de los bancarios (UNEB) y nuestro partido, el PST, que retomando los métodos militantes recorrimos barrios, discutiendo con sus habitantes, cuya inmensa mayoría son trabajadores, una posición clara no solo contra el referendo sino contra el go-bierno y el imperialismo, con excelentes resultados.
La derrota de Uribe hubiese podido ser mayor. Había condi-ciones, se veía en las discusiones y foros y en las inquietudes planteadas por la gente en los barrios. No se obtuvo una abstención aplastante porque lamentablemente las direccio-nes mayoritarias de las Centrales obreras y los partidos de izquierda, limitaron la campaña a círculos pequeños y a la publicidad escrita y por televisión. Faltó muchísimo trabajo de base. Pero el aspecto central en que se vió la enorme debili-dad de estas direcciones mayoritarias que estaban por la abstención, fue en la campaña electoral del Polo Democrático Independiente. El centro de las intervenciones de Luis Eduar-do Garzón, no fue contra el referendo, incluso en algunas de sus intervenciones ni siquiera lo mencionó. Eso explica por-que muchos de los que votaron por Lucho para alcalde de Bogotá, votaron también por el referendo. Su campaña se empeñó en mostrar un perfil conciliador que no irritara a capas de la burguesía y sobre todo a una franja de la pequeña bur-guesía y pequeños empresarios partidarios del referendo.
Los socialistas hicimos parte de el Comité por la Abstención Activa para desarrollar en unidad de acción la tarea de llamar a la abstención, pero las razones por las que impulsamos esa consigna es distinta a la de otros sectores como el Partido Liberal. No coincidimos con las razones que se enmarcan el la “defensa del estado social de derecho” que se sustentó en un aviso del diario El Tiempo el 21 de septiembre donde apareció nuestra firma sin habernos consultado.
Este golpe al gobierno se puede convertir para los trabajado-res en un respiro y en la posibilidad de recuperar fuerzas para potenciar la resistencia con la lucha directa. No podemos perder tiempo. El gobierno ha quedado golpeado pero trata de recuperarse rápidamente con el anuncio de más medidas contra los trabajadores y la población. Es urgente salirle al paso organizando la lucha en las calles contra ellas, con movilizaciones que impidan que sus medidas se aprueben en el Congreso. Los efectos del golpe ya se han visto. La corte Constitucional ha salido a plantear que el reajuste salarial se tiene que hacer y no en los términos planteados por el gobier-no, y el procurador declaró que los artículos fundamentales de la canasta familiar no se pueden gravar con el IVA. Estas declaraciones las han dado, no porque sean los defensores número uno de los intereses de los trabajadores ni porque les preocupe su suerte, sino para tratar de impedir que la derrota del referendo se transforme en el punto de partida de una resistencia cada vez más activa y contundente a la política de hambre que el Fondo Monetario exige para garantizar el pago de la deuda. Por eso la posición de los trabajadores y sus organizaciones no puede ser otra que levantar la bandera del no pago de la deuda externa y luchar por una política firme en contra de la concertación y la conciliación de clases. Los trabajadores y los pobres del país tenemos que dotarnos de un programa de lucha claro y firme pues no hay salida posible en el marco de una crisis económica en la que la disyuntiva es clara. O la crisis la pagan los ricos, los empresarios, y los capitalistas o la seguimos pagando los trabajadores y los pobres. O se paga la deuda externa o la crisis será como la argentina en donde llevaron a las masas a la desesperación llegando hasta el saqueo de los supermercados porque no tenían que comer.
La dirección de la CUT, de los principales sindicatos como FECODE y los partidos políticos de izquierda que impulsamos la abstención contra el referendo, tenemos la obligación de aprovechar esta coyuntura para golpear al gobierno mediante la lucha directa hasta sacarle el aire. Bolivia nos muestra el camino, la lucha directa masiva y organizada, pero por su-puesto sin altos en el camino que le permitan a la burguesía recuperar el control. Los socialistas le apostamos a esta alter-nativa e invitamos a los trabajadores a que nos dispongamos a construir una verdadera alternativa de clase, un partido de los trabajadores independiente de toda ala o sector burgués que nos conduzca a luchar por una sociedad sin explotadores ni explotados: una sociedad socialista.
Ya son más de 8 meses de la imposición de Marco Palacios como rector de la universidad, y la implementación de los nefastos planes gubernamentales viene avanzando silencio-samente desde la rectoría. Como la “Gran Mancha Gris” que se ha apoderado de los muros del campus, una nube negra avanza sobre nuestras cabezas, amenazando la ya maltrecha universidad pública.
Palacios (al igual que Bush en Irak) sabe lo difícil que es mantener un poder ilegítimo, impuesto en contra de un pueblo o de la comunidad universitaria. Palacios trata de conseguir legitimidad como Rector apareciendo como “defensor de la universidad pública”; así, en medio del debate sobre el fraca-sado referendo, dio vistosas declaraciones oponiéndose al punto 14 que pretendía congelar el presupuesto del Estado durante dos años. Palacios apareció en los medios de comu-nicación llamando a votar “No” en ese punto específicamente, que no era más que una forma de legitimar el mecanismo plebiscitario del referendo como quedó demostrado en los resultados de la votación. Pero frente a los demás puntos, ni una sola palabra. A Palacios no parecía importarle opinar sobre los demás puntos, hasta ahí le llega su “independencia” del gobierno.
Ahora con la convocatoria de los claustros universitarios pretende legitimarse ante la comunidad universitaria. Los Claustros y Colegiaturas, figura institucional del Estatuto de la UN, son un espacio de discusión de las políticas y el rumbo de la universidad y deben funcionar cada 2 años. Al final produce un documento que será “tenido en cuenta” por el Consejo Superior Universitario.
Estos claustros como están convocados, de manera burocrá-tica, excluyente (ignora a los trabajadores como parte pensan-te de la universidad), dista mucho de ser un mecanismo por el cual podamos cambiar el rumbo de la universidad. Son una muestra más de la democracia al interior de las universidades, que como en las consultas para la designación de rectores, la opinión de los estamentos es finalmente ignorada a la hora de tomar las decisiones.
Así de esta forma Palacios ha aprovechado para presentar su Plan para la universidad resumido en el documento “Hacia la Innovación Institucional en la Universidad Nacional”. Un ver-dadero paquete de contrarreformas que perjudican seriamente a estudiantes, profesores y trabajadores.
Se nos quiere imponer una concepción de universidad que responda a los mezquinos intereses del lucrativo mercado de la educación, una universidad diseñada desde el Banco Mun-dial para que funcione con los criterios de eficiencia de cual-quier fábrica, donde entre más se produzca a menor costo, mejor.
Palacios pretende implementar la trimestralización (tres perio-dos académicos por año) sumado a la reducción de las carre-ras a 4 años, y la eliminación de la tesis de grado como requisito para el grado. El cree que en la universidad se “en-seña demasiado”, y que además a los profesionales de la UN les sobran conocimientos.
La implementación del sistema de Créditos, para los conteni-dos académicos, como sucede en la mayoría de las universi-dades privadas reduce la formación del profesional a unos contenidos “mínimos” y otros “accesorios”. Esto de hecho atenta contra la calidad y especialmente contra la libertad de cátedra, además de ser una forma más de introducir la privati-zación dentro de la universidad, pues estratifica los contenidos según su valor en puntos, y junto con la trimestralización (el estudiante tiene que pagar 3 matrículas en el año), condiciona el acceso al conocimiento por parte del estudiante al ligar el valor de la matrícula con el número de créditos que tome por período académico. Esto conduce a que la capacidad econó-mica del estudiante es la que determine las oportunidades de acceso a una educación de calidad.
Su visión abiertamente neoliberal queda desenmascarada cuando pretende aumentar la cobertura con la misma planta docente, y la misma infraestructura de salones, equipos y laboratorios (producir más con menos). Para Palacios el pro-blema de la cobertura se reduce a una ecuación simplista de “número de estudiantes graduados y al tiempo que emplean en graduarse”.
Los posgrados desde la reforma de Antanas Mockus en lugar de fortalecer la universidad han debilitado fuertemente el pregrado para llevar a los posgrados muchos de los elemen-tos que antes eran normales y necesarios en los pregrados. Así, salidas de campo, practicas de laboratorio, procedimien-tos especiales que hacían parte de lo esencial de una carrera ahora se suprimen pretendiendo que sean profundizados en los postgrados.
La reducción a 4 años de los programas de pregrado se sus-tenta precisamente en la necesidad de facilitar el acceso por parte de los estudiantes a los programas de posgrados. ¿Cuántos estudiantes de pregrado de la UN pueden pagar los altos costos de un posgrado? Esto no es más que la privatiza-ción descarada de los últimos semestres de la formación de cualquier profesional.
Obedecen más bien a un intento de adaptarse a la actual política del gobierno de acabar con el presupuesto para la salud y la educación, convirtiendo estos servicios esenciales en negocios que se autofinancien o que produzcan ganancia para los capitalistas.
Por eso debemos exigir que estos claustros, a pesar de las condiciones tan limitadas en que sesionan, discutan a fondo el nefasto plan gubernamental que quiere implementar Palacios en la universidad, y que sus conclusiones se conviertan en un mandato para que sea convocada una Constituyente Universi-taria.
En este momento estamos frente a una disyuntiva. Seguir aceptando el chantaje
de Uribe, que arremete contra la edu-cación pública, pretendiendo
concertar con el gobierno y las administraciones de las universidades la aplicación
de los planes para que sean aplicados de forma gradual y negocia-da. Esto es
adaptarse a los atropellos, y dejar que la crisis se siga profundizando hasta
que cuando venga el golpe definitivo no podamos reaccionar, como sucedió
en la Caja Agraria y recientemente en Telecom.
La alternativa es seguir el ejemplo boliviano, que apelando a la movilización
logró echar abajo el gobierno corrupto y arrodi-llado de Sánchez
Losada.
Con Palacios no hay nada que concertar, hay que aprovechar los Claustros y las Colegiaturas como una forma de prepara-ción de una Constituyente Universitaria donde, de una forma verdaderamente democrática, los tres estamentos definamos el rumbo que debe tomar la universidad.Hay que aprovechar la derrota política del fracaso del referendo, que tiene aturdido a Uribe, para seguir golpeándolo.
En lo inmediato profesores y trabajadores deben exigir un reajuste salarial que compense lo perdido con la congelación impuesta por el gobierno, y el reintegro del 12% del presu-puesto que Uribe destinó a la “bolsa común” para premiar los indicadores de eficiencia y cobertura en las universidades públicas.
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En Bolivia los trabajadores y campesinos pobres se tomaron las calles se insurreccionaron y no dieron tregua hasta derro-car al gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada. El detonador de esta batalla fue la decisión, por parte del gobierno, de vender el gas a los Estados Unidos. Los trabajadores tuvieron la posibilidad de tomar el poder pero no estaban preparados y sus dirigentes no se colocaron a la altura de los acontecimien-tos. El poder quedó nuevamente en manos de la burguesía y el imperialismo. Este es un problema no solo de los trabajado-res bolivianos, sino de los trabajadores del continente. Ahora hay que hacer el balance, ver la relación con el proceso de la lucha de clases en América Latina, sacar las lecciones y preparar las próximas batallas.
La tradición de lucha y organización de los trabajadores y campesinos bolivianos es incomparable en el continente. En 1952 hicieron una revolución, derrocaron el gobierno, hicieron nacionalizar las minas y buena parte de la industria, obligaron a realizar una reforma agraria, desmantelaron las fuerzas armadas y en su reemplazo organizaron milicias obreras. Pero al no tomar el poder, la burguesía y el imperialismo recompu-so el Estado y después castigaría con sangrientas dictaduras militares. En 1971 nuevamente se llevó a cabo una insurrec-ción contra los militares y se instaló una Asamblea Popular que durante un corto período de tiempo funcionó como orga-nismo de doble poder. Sin embargo los dirigentes frenaron la lucha y no lograron desmantelar el ejército y construir nueva-mente las milicias obreras. La burguesía una vez más retomó las riendas del Estado y estabilizó el régimen. En 1985 diez mil mineros armados con dinamita se tomaron La Paz, el ejercitó vaciló y no reprimió, el gobierno lo acuarteló para que los soldados no se pasaran del lado de los mineros. Nueva-mente el poder quedaba disponible para que los trabajadores se lo tomaran. Pero los dirigentes llamaron a confiar en secto-res de la burguesía. Ésta volvió a respirar y controló la situa-ción.
El año pasado asumió el poder Gonzalo Sánchez de Losada y las movilizaciones de las masas bolivianas en su contra em-pezaron seis meses después. El 9 de febrero de 2003 el gobierno presentó el proyecto de presupuesto general de la nación. Éste incluía congelamiento salarial y un impuesto del 12% para el salario así como la disminución del presupuesto para la educación.
Como es sabido, estos proyectos son elaborados sobre la base de los dictados del Fondo Monetario Internacional y tienen como fin garantizar que un porcentaje importante sea destinado para las arcas de la banca imperialista a través del mecanismo del pago de la deuda externa y a costa del au-mento de la miseria de las masas pobres. Por eso la reacción de rechazo fue inmediata, incluso sectores de las Fuerzas Armadas que se veían afectados reaccionaron. El 11 de febre-ro la policía de la capital del país, La Paz, se acuarteló en señal de que no iba a aceptar las medidas y por el contrario exigieron aumento salarial del 40%. La policía de Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba se sumó a la protesta.
En ciudades como El Alto y La Paz las masas realizaron saqueos e incendiaron locales comerciales. En la Paz se incendiaron varios edificios de ministerios y sedes de los partidos políticos del gobierno. Inmediatamente se sumaron más sectores sociales generalizándose la protesta a nivel nacional con movilizaciones, llegando a enfrentamientos armados. La policía militar se enfrentó a bala con los policías insurrectos y la población. El 19 de febrero las cifras de muer-tos llegaron a 33 y a 205 los heridos. La situación del gobierno era crítica, si se mantenía la movilización existía la posibilidad de lograr su derrocamiento, pero éste retrocedió retirando el proyecto del presupuesto nacional, cambió el gabinete minis-terial y pidió una tregua. La dirección del movimiento otorgó la tregua y el gobierno no solo se salvó sino que tomó aire para meses después volver nuevamente a la ofensiva con su plan proimperialista.
En los siguientes meses se dieron movilizaciones importantes pero sectoriales y atomizadas. Se movilizaron los trabajadores de la salud, el magisterio, los mineros y campesinos sin tierra. Pero las direcciones del movimiento obrero, como la Central Obrera Boliviana (COB), la Confederación Sindical Única de Trabajadores y Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el Movi-miento Indígena Pachacutic, (MIP) y el Movimiento al Socia-lismo, (MAS) no llamaron a la lucha nacional unificada. Durante este tiempo impulsaron la política del pacto social y la concertación.
Pero en septiembre volvieron las manifestaciones nacionales, en protesta contra la entrega del gas a las transnacionales y su exportación a los Estados Unidos vía Chile, mediante la ley de hidrocarburos y el decreto 27408. Las movilizaciones produjeron choques armados entre los campesinos y las fuerzas militares. En Warisata 7 manifestantes fueron asesi-nados y 17 heridos. Desde entonces la situación se agudizó. Las movilizaciones aumentaron. La COB convocó a huelga general indefinida desde el lunes 6 de octubre y la CSUTCB a paros y bloqueo de carreteras. La situación fue de extrema polarización. Las masas radicalizadas exigieron la renuncia del gobierno y la nacionalización del gas y el petróleo. El movimiento se fortaleció con la entrada en escena del proleta-riado minero que cuenta con una larga tradición revoluciona-ria. Ahí se definieron las cosas: el presidente fue derrocado y tuvo que salir huyendo a los Estados Unidos.
Estas eran las discusiones al interior de la COB en medio de la lucha:
"¡Si cae el "Gringo" (Gonzalo Sánchez de Losada)
qué hace-mos! ¿Quién será Presidente de Bolivia?:
¿Felipe Quispe? [Dirigente del Movimiento Indígena Pachacutic,
MIP] ¿Evo Morales? [dirigente del Movimiento al Socialismo, MAS, el principal
partido de oposición,] Jaime Solares? [secretario ejecutivo de la Central
Obrera Boliviana, COB] ¿Los tres se unirán? ¿Qué
pasará con el Parlamento? ¿Cómo se refundará el
país? ¿El nuevo gobierno cómo sacará de la crisis
a Boli-via? ¿La toma del poder debe ser por vía armada o pacífica?
Esas son algunas preguntas que se escucharon insistente-mente en el concurrido Ampliado Nacional de Emergencia de la Central Obrera Boliviana (COB), que se realizó el viernes 3 de octubre en la joven y empobrecida ciudad de El Alto, donde se evaluó críticamente las dos semanas de radicales y masi-vas movilizaciones populares y cinco días de avance paulatino de la huelga general indefinida" (Econoticiasbolivia.com )
Las preguntas tienen que ver con el problema del poder: cómo tomarlo
y sostenerlo, qué tipo de gobierno debía asumir el poder y cuál
debía ser el programa de gobierno.
Pero como esos problemas no se los plantearon los dirigentes, aunque hubo condiciones
objetivas para la toma del poder no hubo condiciones subjetivas para ello. Es
decir no existió una dirección política revolucionaria
que preparara y conduje-ra la insurrección armada para la toma del poder,
implementar un programa socialista e instaurar un gobierno obrero y campesino.
Las direcciones políticas como el MAS y el MIP son reformis-tas que sólo luchan por reivindicaciones mínimas en el marco del capitalismo y con la política de conciliación. Se proponen ser la pata izquierda del régimen burgués y nada más.
El 18 de octubre se reunieron 150 delegados nacionales, regionales y departamentales en un Ampliado Nacional de la Central Obrera Boliviana (COB) y (...)“sacaron una conclusión principal que es casi común en gran parte de los países de América Latina: los obreros, campesinos, naciones oprimidas y clases medias empobrecidas no le arrebataron el poder a la ‘clase dominante’ porque ‘no cuentan’ aún con un ‘partido revolucionario’” (econoticiasbolivia.com, 20 de octubre de 2003).
Los mismos dirigentes reconocieron que fueron rebasados por las bases. Así lo expresó Jaime Solares:
“Los que nos consideramos revolucionarios no nos podemos mentir. Ningún líder ni ningún partido político dirigió este levantamiento popular. Ni Evo (Morales), ni Felipe (Quispe) ni nosotros encabezamos la rebelión. Este conflicto lamentable-mente, no tuvo una dirección unitaria. Los trabajadores boli-vianos, desde abajo, fueron los que echaron a patadas del poder al asesino de ‘Goni’. Fueron las masas las que le dieron un sopapo al imperialismo norteamericano.” (ídem).
Por su parte Miguel Zuvieta; Ejecutivo de la Federación de Mineros que encabezó el desplazamiento de los 5 mil mineros que llegaron a la paz armados de “cachorros” [tacos] de dina-mita haciéndola estallar a su paso para luego tomarse la plaza frente al palacio de gobierno; hizo este balance:
"Ningún sindicato ni partido de izquierda se imaginó sobre la magnitud del conflicto que se venía. No entendimos las lec-ciones de febrero. La masacre de El Alto (el 12 de octubre) fue el detonante que hizo estallar la guerra contra el gobierno y el imperialismo. De ahí para adelante, el conflicto se nos escapó de las manos. Fue incontrolable. Eso nos plantea la urgente necesidad de organizarnos de mejor manera".
(...)"Con la huelga general indefinida, que duró dos semanas,
planteamos la renuncia de ‘Goni’, pero no pensamos seria-mente en
lo que tenía que venir después". (ídem)
Faustino Quintana, presidente de la Junta de Vecinos de la zona sur de La Paz
señaló: Hemos rebasado a las direcciones del gobierno. Ahora pedimos
a la COB que nos reorganice para la próxima batalla".
La siguiente es una descripción hecha por econoticiasboli-via.com
“Sin embargo, incluso estos dirigente con un lenguaje más radical,
más en contacto con los deseos y aspiraciones de las masas obreras, en
el momento decisivo no supieron dar la consigna necesaria: la toma del poder.
Esto hubiera sido perfectamente posible hasta incluso el viernes por la tarde
después de la renuncia de Sánchez de Losada. Los mineros habían
llegado a la capital armados con miles de cachorros de dinamita, los campesinos
mantenían el bloqueo total de carre-teras, la huelga general indefinida
paralizaba las principales ciudades del país, la policía confraternizaba
con el pueblo, el ejército estaba dividido con sectores de los soldados
que se habían negado a disparar contra los trabajadores, las capas medias
se unían a las protestas. Todas las condiciones esta-ban dadas para la
toma del poder por parte de los obreros y campesinos y la organización
de una auténtica democracia obrera basada en los cabildos abiertos y
una estructura na-cional de delegados elegidos y revocables. Lo único
que faltó fue una dirigencia que unificara y orientara el movimiento
de manera consciente en esa dirección.
De hecho los obreros, campesinos y vecinos ya habían empe-zado a organizar un poder alternativo, particularmente en El Alto a través de las Juntas Vecinales, pero también en otras partes.”
También faltó unidad de las organizaciones. Sus dirigentes no tuvieron una política unitaria. Por el contrario cada uno impul-saba la lucha por su lado. Mientras la CSUTCB movilizaba a los campesinos Evo Morales paseaba por Libia y Europa en eventos menos importantes que la lucha de las masas bolivia-nas. Cuando la COB convocó huelga general Quispe y Mora-les no expresaron adhesión ni unidad. Por fortuna la movilización y la presión de las bases fue tan potente que la división terminó siendo únicamente en la cúpula de las organi-zaciones, lo que no quita que fuera un elemento que debilitó la lucha.
Una vez más, como en febrero, dirigentes como Evo Morales traicionaron a las masas al ofrecerle el poder al vicepresidente Carlos Mesa, quien ahora ha afirmado que continuará con los planes del presidente derrocado, incluyendo la “venta” del gas a las transnacionales imperialistas. Evo Morales sin consultar con las otras organizaciones, asumió la vocería de “todo” el “pueblo” boliviano. La CSUTCB en boca de su dirigente Felipe Quispe decretó una tregua de 90 días, mientras que la COB en su ampliado votó un “repliegue táctico”.
Fue un error darle tregua al nuevo gobierno. Como ya se ha afirmado las masas bolivianas han tenido varias experiencias en donde estando movilizadas y a la ofensiva los dirigentes le dan tregua a los gobiernos débiles o moribundos y estos toman aire y vuelven nuevamente a la ofensiva. Como pode-mos ver, la historia de Bolivia en los últimos 50 años ha sido la historia de heroicas revoluciones traicionadas.
Sin embargo todo indica que vendrán nuevos levantamientos insurreccionales. El problema es si se sigue permitiendo que los dirigentes capitulen y traicionen. O si por el contrario las masas obreras comienzan a construir una organización revo-lucionaria para la toma del poder.
Hay que retomar la experiencia de 1952, pero esta vez para la toma del poder por parte de la COB y la CSTCUB para instau-rar un gobierno obrero y campesino. El MAS y el MIP son organizaciones reformistas procapitalistas que tienen como programa reformar al capitalismo para perpetuarlo.
Se ha demostrado que sólo las conquistas socialistas y la expropiación de los medios de producción es la única vía para resolver de una vez por todas los problemas de miseria y desigualdad.
Para la toma del poder y la instauración de un gobierno obrero y campesino se necesita un partido revolucionario, un pro-grama de transición al socialismo, organismos de poder y armamento de la población.
La COB cuenta con un programa adoptado en 1946 denomi-nado Tesis de Pulacayo (ver recuadro). La misma COB puede convertirse en organismo de poder así como las organizacio-nes campesinas y las Juntas de Vecinos. La cuestión del armamento es un problema político y los bolivianos ya tienen experiencia. Lo que se necesita es tener una táctica para las bases de las fuerzas armadas y dar la orientación de que todo mundo se arme. Por su parte los mineros permanentemente están armados con dinamita y la saben utilizar en las insu-rrecciones.
El principal problema de los trabajadores bolivianos es la construcción
de un partido obrero revolucionario. Esa es la tarea más importante y
urgente. Pero ese es un problema que también debemos asumir los revolucionarios
inter-nacionalistas. Tenemos la tarea de ayudar a construir ese partido. Un
triunfo revolucionario en Bolivia mejora las condi-ciones para más triunfos
en otros países del continente. Hay que buscar la unidad del trotskysmo
boliviano para desarrollar esa tarea y el apoyo del trotskysmo de América
Latina. Una reunión internacional de las organizaciones trotskystas sería
la forma de empezar a discutir como ayudar a construir la herramienta que necesitan
los trabajadores bolivianos para dirigir la toma del poder. En ese sentido el
Movimiento al Socialismo de Argentina (MAS) propone una Conferencia Anticapitalista
para no dejarle el espacio a los reformistas del Foro Social Mundial o a los
frentepopulistas seguidores de Lula. (ver Socialismo o Barbarie N°31 en
www.mas.org.ar) Apoyamos esa propuesta y llamamos a discutir como concretarla.
Alejandro Pereira
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Presentamos una síntesis de la Tesis de Pulacayo publicadas por el MAS de Argentina en su periódico Socialismo o Barba-rie N°31
" La FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia) fue fundada en 1944. La mayoría de sus dirigentes, encabezados Juan Lechín Oquendo, respondían al MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario). Había asimismo minorías del Partido Obrero Revolucionario (POR), trotskista, y del stalinismo (PIR).
El ímpetu revolucionario que traía el proletariado minero hizo que en noviembre de 1946, en el Congreso de Pulacayo de la FSTMB, se votaran las "Tesis" presentadas por los delegados del POR, a pesar de que no eran mayoría.
Las históricas Tesis de Pulacayo planteaban un programa revolucionario para los mineros, la clase trabajadora y el pueblo de Bolivia. Comienzan sosteniendo el rechazo a la colaboración de clases, junto con la lucha contra la burguesía, los terratenientes, el imperialismo y el fascismo. Levantan un conjunto de reivindicaciones transitorias, orientadas hacia la toma del poder. Citamos sólo algunas líneas:
"[...] 1. Salario básico vital y escala móvil de salarios...
"[...] 2. Semana de 40 horas de trabajo y escala móvil de horas
de trabajo... Sólo estas medidas nos permitirán evitar que los
cuadros obreros sean destrozados por la miseria y que el boicot patronal cree
artificialmente un ejército de des-ocupados...
"[...] 3. Ocupación de la minas... Los Comités de Minas debe-rán decidir los destinos de la mina y de los obreros que traba-jan en la producción... ¡Para rechazar el boicot patronal, ocupad las minas!
"[...] 6. Control obrero de las minas... Los obreros deben con-trolar la dirección técnica de la explotación, los libros de con-tabilidad, intervenir en la designación de empleados de categoría y sobre todo deben interesarse en publicar los beneficios... y los fraudes que realizan cuando se trata de pagar impuestos... "
"[...] 7. Armamento de los trabajadores... Si queremos evitar que la masacre de Catavi se repita [*], tenemos que armar a los trabajadores... ¿De dónde sacar armas? Lo fundamental es enseñar a los trabajadores de base que deben armarse contra la burguesía armada hasta los dientes; los medios ya se encontrarán. ¿Hemos olvidado que diariamente trabajamos con poderosos explosivos?
"Toda huelga es el comienzo potencial de la guerra civil, y a ella debemos
ir debidamente armados. Nuestro objetivo es vencer, y para ello no debemos olvidar
que la burguesía cuen-ta con ejército, policía y bandas
fascistas... Todos los sindica-tos están obligados a formar piquetes
armados con los más jóvenes y combativos. Los piquetes sindicales
deben organi-zarse militarmente...
"¡Contra futuras masacres, cuadros obreros armados!"
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* Masacre de Catavi: el 21 de diciembre de 1942 el Ejército
ametralló una marcha que había partido de la mina Siglo XX hacia
la localidad de Catavi, donde estaba la gerencia. Murieron decenas de obreros,
mujeres y niños. El lugar de la matanza vino a denominarse "Campo
María Barzola", que era el nombre de una mujer caída que
encabezaba la marcha con una bandera. Asimismo, el 21 de diciembre es recordado
todos los años como el "Día del Minero"
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La Central Obrera Boliviana es producto de la revolución de 1952. Se creó como instrumento organizativo de lucha de los trabajadores y campesinos pobres. Su vanguardia ha sido el proletariado minero. A su interior ha existido una lucha por man-tener la independencia y el carácter de clase, teniendo como base programática las Tesis de Pulacayo y como sujeto de van-guardia al proletariado minero, pero no han faltado los dirigentes que hayan querido imponerle como política la conciliación de clase, entre ellos Juan Lechin y Filemon Escobar. En el último período fueron dirigentes influenciados por los partidos burgue-ses los que se tomaron la dirección de la central y la sumieron en una profunda crisis con división interna.
En medio de esa crisis dirigentes como Felipe Quispe querían cambiarle
el carácter de clase, y la composición obrera por mayor composición
campesina, pero en el XII congreso realizado el pasado mes de agosto se produjo
un cambio. Se relevaron de la dirección a los dirigentes gobiernistas
e impulsores de la política de concertación, se eligieron nuevos
dirigentes comprometidos con las bases, se comenzó a consolidar la unidad
y así la central ha vuelto a ser la organización de vanguardia
de las masas bolivianas. Esto no significa que ya tenga una dirección
revolu-cionaria. El actual presidente Carlos Mesa le dijo al secretario de la
COB Jaime Solares que la presidencia tenía las puertas abier-tas para
la central. Solares le respondió que las puertas de la COB también
estaban abiertas para el presidente. Esto señala que la COB todavía
no tiene dirigentes de confianza para una batalla sin que cedan a las presiones
de la burguesía.
Han pasado 6 meses desde que el gobierno de Bush declaró el fin de la guerra en Irak. Pero la guerra ha continuado. El imperialismo norteamericano está empantanado tratando de enfrentar los problemas pidiendo ayuda económica y soldados a los países miembros de la ONU. El empantanamiento ha sido producido por la resistencia militar iraquí que reflejando el sentimiento de la población, lucha con las armas por expulsar a los invasores, produciéndole duros golpes al ejército nor-teamericano y a sus colaboradores civiles de la ONU y del títere Consejo de Gobierno.
Entre los días 23 y 24 de octubre se celebró en Madrid, Espa-ña, la denominada Conferencia de Donantes convocada por el imperialismo norteamericano con el propósito de lograr com-promisos de ayuda económica para la reconstrucción de Irak, destruido por los ejércitos norteamericano e inglés.
El objetivo del gobierno de Bush era recoger compromisos por un valor de 56 mil millones de dólares, pero sólo logró 33 mil millones. De ese monto Estados Unidos coloca 20 mil millo-nes. Ese dinero no es ayuda gratuita para reconstruir Irak. Una parte importante es en préstamo que será cobrado al pueblo iraquí con altos intereses, con los criterios usureros de la deuda externa. Por ejemplo Japón se comprometió con 5 mil millones: 1.500 como “ayuda” y 3.500 como préstamo.
Lo que no está destinado como préstamos serán fondos de inversión que permitirán a los “donantes” participar de jugosos negocios con la adquisición de empresas estatales a precios irrisorios y la reconstrucción de la infraestructura destruida. Al final será el pueblo de Irak el que pague esa “ayuda” con su petróleo. Además cada “donante” pone como condición una cuota de participación en la administración de esos recursos. Lo que estamos viendo es una guerra de rapiña. Por eso mientras se reunía la Conferencia de “Donantes”, en las afue-ras se realizaba una movilización de 10 mil personas que gritaban la consigna: ¡Conferencia de Donantes: saqueo de ocupantes!
Aparte de la Mesa de Donantes, el Congreso de los Estados Unidos aprobó 87 mil millones de dólares para la “reconstruc-ción” de Irak. Este dinero sale del bolsillo de los contribuyen-tes norteamericanos. Los cálculos dicen que a cada habitante le corresponde aportar 300 dólares. Lo mismo sucede con el dinero aportado por los países donantes. Ese dinero sale de los impuestos que paga la población. Pero son las transnacio-nales las que se beneficiarán si la resistencia no vence y expulsa a los invasores.
Veamos el listado de los beneficiados: “Los simpáticos vende-dores de McDonalds comenzarán a servir a sus clientes el año que viene en Irak. Pero solo después de que Bechtel haya vuelto a reconstruir el sistema eléctrico, Halliburton haya reconstruido los puentes, Flour haya asfaltado las carreteras, MCI haya creado una red de telefonía móvil, Research Trian-gle Institute haya entrenado a los nuevos gestores y burócra-tas, Abt Associates haya reabierto los hospitales, el complejo militar-industrial y las compañías de seguridad privadas hayan restaurado la seguridad y las fuerzas multinacionales merce-narias hayan ‘pacificado’ a la Resistencia.
Es mejor que los iraquíes y los contribuyentes que pagan la ocupación no sepan a quién se dan sus cheques. Bechtel vendió armas químicas a Saddam Hussein en los 80 y esta acusada de facturaciones exorbitantes por sus servicios en Massachusetts y Bolivia. MCI esta involucrada en el mayor escándalo contable de la historia y no tiene la menor expe-riencia en construir redes de telefonía móvil. Halliburton esta también acusada de inflar los costes y ha llegado acuerdos privados para escapar de los tribunales en varias ocasiones. Dyncorp ha sido acusado de trafico de seres humanos. Flour se enfrenta a un juicio multimillonario acusada de explotar a sus trabajadores negros y de hacer que sus guardias de seguridad se vistan con disfraces del Ku Klux Klan para atacar a sus trabajadores.” (Herbert Docena, Irak: el nuevo Vietnam, Znet, 24 de octubre de 2003. Aegenpres.info)
La resistencia armada iraquí se ha fortalecido y se ha genera-lizado acompañada de la movilización de la población que exige que las tropas invasoras salgan y les permitan reorgani-zar el país soberanamente. El promedio de ataques diarios ha aumentado, en promedio dos soldados mueren diariamente y el armamento que se está utilizando es más poderoso. La resistencia está atacando aviones, derribando helicópteros, asaltado trenes con provisiones destinadas a las tropas inva-soras y atacando con morteros el cuartel general de los Esta-dos Unidos en Bagdad. Dentro de los últimos ataques importantes están el del lunes 3 de noviembre en el que la resistencia derribó un helicóptero que llevaba 36 soldados. Las cifras oficiales dicen que solo murieron 16. Pero es sabido que el gobierno de Estados Unidos esconde las cifras reales de muertos para evitar que las manifestaciones norteamerica-nas se fortalezcan. Un habitante que vio el accidente afirma que el aparato estalló en pedazos, que no permitieron el ingreso de periodistas y que las fotos que se alcanzaron a tomar las incautaron.
La resistencia aumenta su moral en la medida en que logra golpear, alimenta
sus filas reclutando habitantes que se llenan de odio ante los atropellos de
los invasores y con voluntarios de otros países árabes que asumen
la lucha como suya. La simpatía que tiene la resistencia armada iraquí
en los países árabes es tal que los gobiernos no se atreven a
colocar tropas al servicio del invasor porque temen que estos terminen en el
bando contrario. (...) “Un oficial egipcio ha declarado que si fueran
enviadas tropas [árabes] no era seguro que volvieran porque se corría
el riesgo de que se pasaran masivamente al otro bando, el de la resistencia.”
(Idem)
También se fortalece porque la solidaridad internacional nue-vamente
comienza a expresarse con movilizaciones, espe-cialmente en Estados Unidos.
El 26 de octubre se movilizaron 20 mil personas en Washington y 5 mil en San
Francisco para exigir el regreso de los soldados y se han anunciado más
jornadas a nivel internacional.
El sociólogo marxista norteamericano, James Petras describe las características
de la resistencia:
“La nueva guerra lleva ahora cinco meses - y EEUU no ha hecho progresos
en cuanto a la disminución de los ataques, ni ha capturado posiciones
estratégicas, porque no hay ninguna - la resistencia está por
todas partes. Para la gran mayoría de iraquíes el objetivo político
estratégico es la retirada estadou-nidense de Irak y la disolución
del ‘régimen interino’ (...). La nueva guerra la libra una
fuerza guerrillera sumamente moti-vada, que no está dirigida desde arriba
y desde lejos por corruptos generales de salón ni está amenazada
por un go-bernante déspota. La forman miles de antiguos soldados, incluidos
muchos especialistas militares. La forman cientos de miles de paisanos hartos
de humillaciones diarias, incursiones de medianoche reventando puertas y del
abuso de sus muje-res e hijas, que han tomado el fusil o proporcionan inteligencia
o apoyo logístico a los luchadores. La forman millones de trabajadores
en paro y empobrecidos, agricultores y profesio-nales que no tienen ningún
futuro bajo el dominio colonial estadounidense”. (James Petras, Invasión
Estadounidense de Irak: Guerra de Pega y Resistencia Popular, Rebelión.org,
6 de octubre de 2003.)
La situación del ejercito invasor la describe Mohamed Hasan, investigador marxista etíope especialista en Oriente Próximo: (...)Según el Washington Post del 2 de septiembre, hay una media oficial de 10 soldados heridos cada día: 1.124 desde marzo. Pero por lo general sólo se contabilizan cuando ha habido uno o varios muertos en el ataque. Seis mil soldados han sido repatriados a EEUU: son muchos los que han caído enfermos, física o mentalmente [5]. (Ojeando un artículo de la prensa estadounidense, resume): en una carta de un soldado de la III División de Infantería en Bagdad hecha pública por miembros de su familia, se puede leer: "Nuestra moral no es ni alta ni baja: ya no hay moral". Un antiguo combatiente de 22 años ha dicho acerca de la moral y de la disidencia que se ha abierto entre los soldados: "He participado en dos guerras pero jamás había visto cosa semejante". Un sargento al que se comunicó por segunda vez que iba a quedarse en su pues-to en Irak dijo: "Salí y me eché a llorar. Estoy agotado. Mental y físicamente agotado hasta el punto de desear que me hieran para poder volver a mi casa", añadió. (Entrevista publicada en Solidaridaire/CSCAweb, 25 de octubre de 2003).
La resistencia iraquí todavía no logra la fortaleza de lo que fue la de Vietnam, no cuenta con una organización política o militar que la centralice, la movilización internacional tampoco es generalizada, pero a partir de lo que hay se puede impulsar una política de solidaridad internacional para fortalecer esa resistencia e impulsar un nuevo Vietnam.
Por la resistencia interna y la movilización internacional el gobierno de Bush está frenando sus planes de atacar a Irán y a Corea del Norte. Lo que se está demostrando en el conflicto de Irak es que el imperialismo norteamericano tiene dificulta-des políticas para enfrentar varias guerras al tiempo. Luche-mos por un nuevo Vietnam apoyando la resistencia iraquí. Por ejemplo, en Bogotá se está impulsando la campaña de apoyo a través de un Comité de Solidaridad con los pueblos palesti-no, iraquí y afgano.