Movimiento obrero

 

La crisis del movimiento sindical
¿Qué hacer?

La crisis en las organizaciones sindicales tocó fondo. El noventa por ciento del proletariado ha perdido prácticamente todas las conquistas sociales y las garantías prestacionales y laborales que había acumulado en cincuenta años de lucha contra la voracidad de los capitalistas nacionales e imperialistas.

De los aproximadamente quince millones de asalariados que hay en el país menos del cinco por ciento está organizado sindicalmente. De los poco más de setecientosmil sindicalizados sólo un pequeño porcentaje corresponde a obreros industriales. La gran mayoría de trabajadores organizados pertenece al sector de servicios. Son principalmente maestros, trabajadores de la salud y, en general empleados del Estado. En los últimos doce años han sido asesinados dos mil dirigentes y activistas del sector organizado. En el mismo período han desaparecido quinientas organizaciones sindicales. Los sindicatos de base siguen siendo la forma más extendida de organización. El sindicalismo de industria, al que se quiso dar un impulso en la década anterior, no ha avanzado prácticamente nada debido a la crisis general. Y lo que es más grave aún, las direcciones a todos los niveles han retrocedido, ideológica y políticamente, a los niveles premarxistas del siglo diecinueve.

A grandes trazos esa es la situación en que nos han dejado la ofensiva patronal y la errónea política de la alta dirección sindical.

Primero lo primero: reconocer los hechos

Es deber de todo dirigente obrero responsable reconocer la realidad tal como se presenta. Cuando un dirigente le miente a su base sobre la realidad, la desarma políticamente y la vuelve incapaz de responder a los ataques de sus enemigos de clase: los patronos y sus gobiernos. Y la realidad, que los dirigentes se niegan a reconocer, nos dice que la crisis del movimiento sindical colombiano es producto de la ofensiva económica, política y social a gran escala lanzada por la patronal nacional e imperialista.

Pero esa realidad también nos dice que el enemigo de clase impuso sus planes porque las direcciones de las centrales y de la mayoría de los grandes sindicatos colaboraron, abierta o veladamente, en su aplicación.

Las direcciones de las centrales y los sindicatos se resisten a hacer un balance de lo ocurrido en los últimos quince años, y por tanto, a sacar las conclusiones, asumir las responsabilidades y definir una política clasista para salir de la crisis. Esa actitud irresponsable de los dirigentes ha hecho urgente y vital que las organizaciones revolucionarias y los activistas clasistas, que aún resisten los embates de la patronal y de la propia burocracia sindical, iniciemos una discusión objetiva y completa que cubra todos los aspectos de la situación, que la explique y que sirva para elaborar una política que, discutida ampliamente en las bases obreras y populares, inicie el camino de la recuperación. Esa discusión nos debe servir para ubicar el punto exacto en que nos encontramos, el estado de la correlación de fuerzas entre los trabajadores y nuestros enemigos de clase, la situación de nuestras organizaciones políticas y sindicales, nos debe servir para establecer las responsabilidades de cada uno de los dirigentes que tuvo puestos de mando en todo el período anterior, y para definir las tareas más urgentes.

Sin un balance claro de lo sucedido no es posible corregir el rumbo. Es la hora de hacerlo en cada uno de los sindicatos que aún sobreviven. Hay que convocar y preparar asambleas de base para construirlo colectivamente bajo la más amplia democracia sindical. Hay que dar garantías a todos los grupos de trabajadores y activistas que tengan puntos de vista críticos para que puedan escribirlos y darlos a conocer a las bases de sus fábricas y sitios de trabajo. En los periódicos de las centrales obreras y los sindicatos deben ser publicadas las opiniones de todos los sectores y agrupamientos sindicales y políticos de los obreros que estén por reorganizar a la clase. No se puede seguir escatimando el derecho de los trabajadores a evaluar a sus dirigentes y a cambiarlos si es preciso.

Las centrales, federaciones y sindicatos en los que se han vencido los períodos de las juntas deben convocar a elecciones inmediatas para renovar los cuerpos directivos. Las direcciones responsables de la crisis no se pueden perpetuar en sus cargos con la simple maniobra de no permitir que se hagan elecciones abiertas y democráticas en las cuales todos tengan igualdad de condiciones y de oportunidades para postularse a los cargos de responsabilidad. La FECODE, la UNEB y los demás sindicatos que en décadas anteriores gozaron de reputación clasista y democrática, y que tienen vencidos los períodos de sus juntas deben dar el ejemplo.

Romper con la política de la concertación

Las leyes que acabaron con los derechos pensionales y con la salud pública, las contrarreformas laborales, las privatizaciones y liquidaciones de empresas fundamentales del Estado como Caja Agraria y Telecom. y las quiebras fraudulentas de centenares de empresas privadas que acarrearon miles de despidos y el robo abierto y descarado de las liquidaciones de los trabajadores le fueron impuestas a la combativa clase obrera del país por la colaboración que le prestó a la patronal la política traidora de la "concertación" impulsada y defendida por las direcciones.

FECODE, la USO y unos cuantos grandes sindicatos más "concertaron" con el gobierno de Gaviria y con los parlamentarios liberales y conservadores el paquete de contrarreformas, a cambio de que sus regímenes pensionales y prestacionales especiales no fueran modificados. En plata blanca, traicionaron a los millones de trabajadores no organizados o agremiados en pequeños sindicatos.

Frente a los miles de asesinatos la burocracia se comportó igual. Lloriqueos y lastimeros llamados a la paz y al respeto a los derechos humanos en los entierros, y ni una sola medida contundente de lucha para frenarlos.

La difícil situación que sufren hoy los trabajadores y el pueblo no es entonces sólo un triunfo de la burguesía y sus gobiernos, es también una responsabilidad de los dirigentes que para no conducir a los trabajadores al enfrentamiento con sus enemigos de clase se sentaron a concertar con ellos la entrega de las pocas conquistas sociales de sus representados.

Romper, y llevar a las bases a que rompan, con la política de la concertación es la tarea ideológica y política más importante que deben encarar los dirigentes clasistas en el camino de la recuperación del movimiento obrero y sindical.

Recuperar el método de la movilización

Los trabajadores colombianos no fueron derrotados porque en la lucha hubieran sido superiores las fuerzas del gobierno y la burguesía sino porque su dirección se retiró del campo de batalla de la lucha de clases, una y otra vez sin presentar batalla, a cambio del mantenimiento de sus condiciones como burocracia y de los privilegios de algunos de los sectores organizados más fuertes.

Todos los paros nacionales sin excepción que fueron votados por los trabajadores contra los planes de los gobiernos fueron también sin excepción levantados por las direcciones de la CUT, la CGTD, la CTC y las principales federaciones y sindicatos como FECODE y la USO. Las burocracias estalinistas, socialdemócratas y liberales empotradas en los aparatos sindicales siempre amenazaban con la política de "movilizar para concertar" sólo para salir huyendo en el último minuto a cambio de una oferta burguesa de negociación que rara vez llegaba, y que cuando llegaba era para desmontar, en las "mesas de concertación", lenta y pacíficamente, los derechos de los trabajadores.

Actuar. Esto que era lo primero que debían haber hecho los dirigentes sindicales cuando se inició la ofensiva burguesa contra los trabajadores, se quedó en amenazas incumplidas de paros nacionales que sistemáticamente terminaron convertidos en "jornadas" de inofensivas movilizaciones pacifistas. Lloriquear contra el neoliberalismo y justificar su comportamiento es lo que siguen haciendo quince años después. Los llamados a los "paros nacionales" siguen siendo cañazos para darle base a la política capituladora de la concertación. Es lo que están haciendo con el paro nacional convocado para el próximo 12 de octubre: llamados generales y ni una sola tarea concreta de preparación por la base. Las pocas asambleas sindicales que se han realizado para discutir los objetivos del paro y la forma de organizarlo han sido manipuladas por las direcciones, acrecentando la desconfianza y el desconcierto de las bases. Los presidentes de las centrales creen sustituir las tareas concretas de organización del paro con declaraciones altisonantes en los medios de comunicación. Con costosos avisos en los periódicos burgueses que el único efecto material real que tienen es el de hacer más ricos a los Santos y a Julio Mario Santodomingo eluden la dispendiosa pero efectiva tarea de escribir, editar y distribuir los millones de volantes que habría que distribuir en las fábricas, las oficinas, los colegios, las universidades y los barrios populares explicando las profundas razones que nos obligan a realizar el paro, sus objetivos y la forma de organizarse para hacerlo exitoso.

"Paros" convocados a través de Caracol y El Tiempo son fácilmente desmontados por el mismo medio. Es lo que, impotentes, hemos visto hacer a nuestros altos dirigentes los últimos quince años. En la tarea de recuperar al movimiento obrero de la crisis hay que desterrar este inútil método pequeñoburgués. Tenemos que retomar la tradición de la clase obrera mundial de preparar la movilización por la base, discutiéndola y organizándola con la mayor cantidad posible de trabajadores y sus familias. Esa es la mejor garantía de éxito. Nada sustituye al método de la movilización directa de las masas en el enfrentamiento con sus enemigos de clase. Y nada garantiza de mejor manera la movilización que su preparación democrática. Empecemos a probar de nuevo este método en el paro del próximo 12 de octubre.

Reconstruir los sindicatos y las organizaciones políticas

Hay que poner el balance, el análisis de la situación y la movilización contra el gobierno y el imperialismo al servicio de la reorganización política y sindical de los trabajadores y de su vanguardia. Hay que reconstruir los sindicatos, colocar al frente direcciones clasistas de recambio, iniciar la larga y difícil tarea de afiliar a los trabajadores temporales que son los más explotados, educarlos en la idea de que tienen derechos que han sido conculcados, en el programa del socialismo y en la comprensión de la necesidad de construir la herramienta de su liberación definitiva: el partido leninista.
Las formas concretas que encuentre la clase para su reorganización dependerán de las circunstancias de cada caso concreto, pero los activistas y los revolucionarios debemos procurar por la construcción y el fortalecimiento de los sindicatos de industria y rama y por la unidad en una sola central clasista donde puedan ser presentadas con absoluta libertad todas las opiniones políticas para que sean las bases las que democráticamente decidan con cual de ellas orientar su lucha.

Oscar Ángel.
***

Política sí, pero clasista

Para eludir el balance las direcciones responsables de la crisis se han inventado un nuevo distractor. Ellos, que durante décadas se opusieron a la participación política de los trabajadores, se han vuelto los campeones de las grandes gestas. Años diciéndole a las bases que discutir de política en los sindicatos era "anarcosindicalismo", que el papel de las organizaciones gremiales se debía limitar a la defensa del salario y las condiciones de existencia, para que ahora, sin mediar proceso alguno, se ubiquen en el extremo opuesto. Ahora los vemos en los foros, en los periódicos y en las reuniones con los burócratas del gobierno y los gremios económicos de la burguesía "hablando de alta política" y regañando a los trabajadores que les reclaman medidas concretas en defensa de sus conquistas salariales y convencionales. Al trabajador que les reclama por su estabilidad y su pensión perdidas le responden que la alternativa "es ser gobierno". Pero no se refieren al gobierno de los trabajadores, sino a gaseosos gobiernos democráticos defensores del "Estado Social de Derecho". Han saltado de la concertación a la conciliación de clases, de la traición en lo económico a la traición en lo político. Según ellos, los trabajadores no deben reclamarles por no haber sido capaces de defender sus conquistas económicas y sociales porque ahora los van a conducir al gobierno... ¡de la burguesía nacional!

Los trabajadores tenemos la obligación de participar en política, pero debemos hacerlo a la manera en que nos han enseñado los maestros del proletariado y la experiencia de dos siglos de lucha: con independencia política de clase. Colocarse a la cola de sectores burgueses, por más democráticos que traten de presentarse, siempre le ha traído a la clase obrera, en el mejor de los casos, profundas decepciones. Hernando Echeverri Mejía, Julio César Pernía, Piedrahita, Gerardo Molina y todos las "personalidades democráticas" venidas de los partidos tradicionales, que en algún momento fueron levantados como candidatos de la "izquierda" por el Partido Comunista, el MOIR o cualquier otro partido frentepopulista, retornaron a las toldas liberales o conservadoras tan pronto salieron elegidos como parlamentarios. Pero las experiencias frentepopulistas no siempre terminan en forma tan indolora. En los peores casos se saldan como enormes tragedias políticas.

El gobierno del Frente Popular de España en 1936 no condujo a los trabajadores a la "República Democrática" sino a la dictadura fascista de Francisco Franco, que reinó por casi cuarenta años sobre los cadáveres de un millón de trabajadores españoles. El gobierno del Frente Popular encabezado por Salvador Allende en 1970 tampoco fue culminado con la idílica "democracia" en general que los partidos Comunista y Socialista prometieron a los trabajadores que lo eligieron, sino en la sanguinaria dictadura de Pinochet que masacró a lo mejor de la vanguardia obrera y popular y aplicó a rajatabla los planes de sobreexplotación del imperialismo por veinte años. Con sectores burgueses podemos hacer unidades de acción, circunstanciales, para combatir en forma directa planes de otros sectores burgueses reaccionarios que por alguna razón también los afecten. Pero cuando se trata de plantear fórmulas de gobierno los activistas clasistas y los militantes revolucionarios debemos ser intransigentes en señalar que hay que levantar candidatos de clase, candidatos obreros y revolucionarios, para educar a los trabajadores en la idea de su propio gobierno, en la idea de la dictadura del proletariado y en el programa de la destrucción del capitalismo y de la construcción del socialismo.

Los trabajadores tenemos la tarea presente de impedir que las direcciones sindicales y políticas amarren la lucha contra los planes de sobreexplotación económica y de reacción política del gobierno de Uribe Vélez a la batalla política, que necesariamente habrá que dar en su momento, contra su reelección. Combatir la reelección de Uribe pasa en el momento actual por la lucha directa contra sus planes. No es hora de andar buscando personajes prestados de la burguesía liberal o socialdemócrata para oponerlos en las urnas a Uribe, sino la hora de forjar la unidad en la lucha de todos los sectores obreros y populares afectados por las alzas en los servicios públicos, por la congelación salarial, por el incremento y la extensión del IVA a los productos de consumo popular, por las medidas represivas de la política de seguridad y por el imperialista Plan Colombia hoy convertido en el Plan Patriota. Los trabajadores tenemos que hacer política, pero no la de los señores dirigentes de la conciliación sino la revolucionaria de la independencia de clase.

O.A.