Desde cuando la senadora uribista Gina Parodi puso el grito en el cielo al mostrar videos de estudiantes encapuchados haciendo un mitin en la Universidad Distrital, en Bogotá, se ha desatado una ofensiva, desde los palcos parlamentarios y los medios de comunicación, contra el movimiento estudiantil y las universidades públicas.
El Sena se ha convertido en pivote de la política neoliberal en la educación. Los seis años de revolución educativa han tenido como resultado que la formación de trabajadores altamente calificados ha venido siendo remplazada poco a poco por un servicio de aprendizaje a la medida de las necesidades de los grandes empresarios del país y del capital extranjero, en detrimento de la cualificación de la clase trabajadora.
Las grandes jornadas de movilización de la juventud y los estudiantes, por norma general, se recubren de un aura de heroísmo romántico que, a primera vista, aparece difícil de explicar. El comienzo de sus luchas es presentado por los comentaristas superficiales, burgueses y pequeñoburgueses, como el producto desbordado de la generosidad idealista de quien no ha vivido lo suficiente para contaminar su espíritu con mezquindades financieras personales.
Retomando la movilización iniciada hace un año, los estudiantes universitarios volvieron a las calles.
Uno de los temas que eluden los candidatos es el problema de la educación. Se oculta que en Colombia la mayor parte del aparato educativo es privado, costoso y la formación es de pésima calidad.
Durante el pasado paro educativo, las universidades públicas, y en particular los estudiantes, fueron la vanguardia de la movilización.
Además de ser victima de la explotación, la juventud sufre una opresión permanente por parte de la sociedad capitalista que le impone su moral y sus valores sobre una generación que es considerada inmadura y rebelde que hay que encausar dentro del sistema.
El estudiantado de la UIS adelanta hoy una lucha por la defensa de la educación pública, por la defensa del carácter profesional de las carreras, y por más democracia para la comunidad universitaria.
El pasado Primero de Mayo, uno de los más masivos de los últimos años, al final de la movilización en Bogotá hubo enfrentamientos entre jóvenes y la policía que dejaron 8 policías y 2 manifestantes heridos, así como 80 detenidos.
Al cierre de esta edición, los estudiantes del colegio INEM llevan 4 días de toma de las instalaciones, y los del Instituto Técnico Laureano Gómez, junto con los padres de familia, se aprestan a impedir la entrada del rector y las directivas de esta institución educativa.
Los estudiantes universitarios nuevamente se han levantado contra los siniestros planes del gobierno contra la educación superior pública, plasmados en el proyecto de Plan Nacional de Desarrollo en el que se les impone al conjunto de las universidades públicas la obligación de hacerse cargo del pasivo pensional.
Ya van más de cinco años de la imposición de la “revolución educativa” del gobierno de Uribe, tiempo más que suficiente para ver en el terreno educativo el efecto de las nefastas políticas neoliberales, de las imposiciones dictatoriales de la “Seguridad Democrática” uribista y de la actuación rampante del paramilitarismo en varias universidades del país.
¡Que sean para luchar!
Se vuelve a iniciar un año escolar, y con él, inicia el drama de millones de jóvenes que en medio de la pobreza tratan de continuar en el sistema educativo.
Desilusión, es el sentimiento que empieza a acompañar a miles de jóvenes que ven frustrado su sueño de estudiar en la universidad.
Por: Armando Barrera
Se acerca el fin de año, momento en el cual miles de jóvenes que terminan el bachillerato se encuentran frente al dilema de prestar el servicio militar obligatorio.
Existe una especie de roedores en Noruega, —los lemming— que cuando hay sobrepoblación se precipitan en masa a un río o a un precipicio. Así, como si fueran “lemmings”, el capitalismo quiere dirigir a la juventud hacia el abismo de la barbarie.
Mucho se ha hablado de inclusión, equidad para las mujeres, reconocimiento de las formas culturales y de las organizaciones juveniles, garantizar los derechos de la niñez y la juventud desde que empezaron a diseñarse las políticas dirigidas a la juventud en Bogotá. Lo concreto es que las cifras que presentan los diagnósticos en lo que a pauperización de la vida de los jóvenes sigue creciendo.
Para enfrentar la situación de la juventud no es suficiente con declarar la “inclusión” o la preocupación por su futuro.
Entre las leyes que están estancadas, a la espera de un congreso de bolsillo que le apruebe lo que sea al gobierno de Uribe, está “La Ley de infancia y adolescencia” que reemplazaría al actual Código del Menor vigente.
El gobierno uribista ya se siente posesionado para un segundo mandato. Por eso comienza a arreglar las cargas para terminar la tarea que no alcanzó a hacer en los primeros cuatro años: el desmonte de lo que queda del sector social del estado. Uno de los renglones claves es la educación superior pública y su institución emblemática, la Universidad Nacional.
Son miles las voces de protesta que han sido silenciadas, pero muchas más las que siguen pidiendo justicia e igualdad.
En los últimos meses se ha desatado toda una campaña de estigmatización y desprestigio contra la juventud y sus expresiones de organización y protesta.
El pasado 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, en la Universidad Nacional se realizó una pedrea contra la firma del TLC. Como ya es costumbre esta protesta estudiantil fue duramente reprimida por el Escuadrón Móvil Antidisturbios ESMAD de la policía.
La contrarreforma educativa
La crisis que atraviesa la primera institución pública superior de la Costa Atlántica se agudizó en la segunda semana de febrero cuando el Ministro de Hacienda manifestó que la única salida de la Universidad del Atlántico era la liquidación ante su inviabilidad financiera.
El conflicto que desde fines del año pasado sacude a la sede Bogotá de la Universidad Nacional , evidencia la grave crisis en que se hunde la universidad pública colombiana, consecuencia directa de la “(contra)Revolución Educativa” del gobierno de Uribe, su plan de desfinanciación de este servicio social y el autoritarismo que liquida la autonomía universitaria.
Hoy la política educativa del gobierno se reduce a la implantación de las competencias en las mentes de los estudiantes. En vez de un conocimiento científico, critico y reflexivo las competencias buscan que los estudiantes interioricen habilidades mecánicas básicas para que puedan desempeñarse como mano de obra barata para las actuales necesidades de los capitalistas.