Mujer

El velo como protesta y reafirmación de la identidad

9/11/2006
CECÍLIA TOLEDO

El aumento del número de mujeres que están usando el velo islámico, el hijab, en los países musulmanes ha generado controversias en todo el mundo, sobre todo entre las feministas y las corrientes de izquierda que luchan contra la opresión de las mujeres. Visto, en general, como símbolo de opresión, el velo viene siendo adoptado en masa por las mujeres más pobres en todo el mundo árabe, incluso en aquellos países donde su uso no es obligatorio. Por ello, está adquiriendo un nuevo sentido. En Túnez, por ejemplo, el gobierno ha hecho campañas para prohibir el uso del velo, porque está percibiendo que cubrirse la cabeza tiene el significado, para millones de mujeres trabajadoras y pobres, de una forma de protesta contra las pésimas condiciones de vida a las que están sometidas.  

Grandes avances en la legislación
 Entre los países musulmanes, Túnez siempre fue uno de los más avanzados con respecto a la legislación femenina. Desde 1956, rige en el país un código que garantiza importantes derechos a la mujer: el derecho de voto, el fin de la poligamia (existía sólo para los hombres) y la institución del divorcio legal. Fue fijada una edad mínima para el casamiento (antes las mujeres eran forzadas a casarse aún niñas) y pasó a exigirse el consentimiento de los dos conyugues para que el casamiento se consume (antes, la palabra de la mujer no tenía ningún valor). Además de eso, las mujeres pasaron a tener amplio acceso a la educación y a métodos de planeamiento familiar. En 1963, al calor de las grandes luchas feministas que sacudieron el mundo, conquistaron el aborto legal para mujeres con más de cinco hijos y, desde 1973, el aborto dejó de ser un crimen para todas las mujeres. Conquistaron también el derecho de andar con la cabeza descubierta y el uso del hijab pasó a ser voluntario en todas las regiones del país.

Todas estas conquistas, de las cuales las tunecinas siempre se enorgullecieron y que las ponían al frente de la mayoría de las mujeres del mundo, hoy se están perdiendo. Y no es porque esas leyes tan avanzadas hayan desaparecido: continúan existiendo, pero sólo en el papel. En la vida diaria de las mujeres, la realidad es muy diferente.

 Grandes retrocesos en las condiciones materiales de vida
Lo que ocurrió es que, en estos 50 años, esas grandes conquistas no consiguieron proteger a las mujeres contra el vendaval explotador perpetrado por el capitalismo y las grandes potencias mundiales. Desempleo, bajos salarios, costo de vida insostenible, falta de acceso a servicios públicos de calidad, esenciales para la mujer trabajadora y pobre, son algunas de las llagas del capitalismo que de hecho tornaron letra muerta gran parte de las leyes antes conquistadas.

En algunas mujeres, esta situación de penuria está provocando un retroceso en su nivel de conciencia, haciendo que vuelvan a apegarse a valores pasados y a respetar las tradiciones más retrógradas. La periodista Florence Beaugé, del diario Le Monde de Túnez, cuenta que son cada vez más frecuentes las noches de oraciones, en las que diez o veinte personas se reúnen en una casa para rezar.

Pero eso tiene una explicación concreta. La falta de empleo y de independencia económica han lanzado a muchas mujeres en los brazos de los hombres: muchas de ellas vuelven a depender del marido y, con eso, el casamiento y la virginidad también vuelven a tener importancia. 

Por otro lado, el uso del velo, que viene aumentando visiblemente y hoy ya es adoptado por una de cada cuatro mujeres tunecinas y tres de cada cuatro en las ciudades más distantes de la capital, ha sido una forma de reafirmación de la identidad de la mujer musulmana, tan atacada en los últimos años, en todo el mundo árabe, por el capitalismo imperialista.

El uso del velo puede ser visto como un síntoma de retorno al pasado, de atraso de las mujeres, que vuelven a cubrirse la cabeza en señal de sumisión. Esta interpretación es perfectamente posible, ya que los ataques a las condiciones materiales de vida son muy concretos y empujan para atrás la conciencia de la mujer. Ella se siente incapaz de luchar, de lograr conquistas, de batallar por un espacio propio en la sociedad.

Pero el marxismo sabe que la sociedad es un movimiento contradictorio, dialéctico. Al mismo tiempo que cubren la cabeza en señal de sumisión, las mujeres también encuentran en este gesto una forma de reafirmar aquellos valores de su cultura que fueron pisoteados y vilipendiados durante tantos años por el capital. En este sentido, volver a cubrirse la cabeza puede significar un grito de la mujer contra la alienación, una forma de recolocar bajo su control todo aquello que la oprime y que se fue acumulando en estos 50 años de explotación.  En el velo hay una reafirmación de la identidad árabe que puede ser interpretada como la expresión de un sentimiento antiimperialista.

Esta lectura es tan posible que muchos gobiernos burgueses, como el de Francia y el del propio Túnez, están intentando atacar este derecho de las mujeres. En Francia, país con tradición de luchas feministas, el gobierno votó una ley prohibiendo el uso del shador o cualquier otro velo islámico en las escuelas. Era una forma de quebrar el orgullo nacional árabe, diluir los valores culturales más arraigados, y que sobreviven principalmente entre los inmigrantes. Este orgullo es uno de los ingredientes más poderosos en la lucha antiimperialista, por la soberanía de sus países, de sus riquezas, de la cultura de un pueblo.

El gran peligro para las potencias imperialistas no es sólo la manifestación del orgullo nacional, sino las razones que lo justifican. Las mujeres son concretas, ellas quieren libertad y respeto a sus derechos, quieren una vida digna, quieren ser oídas, pero precisan que todo eso venga junto con empleo, salario, acceso a la salud, educación, vivienda. Porque sin estas condiciones básicas de vida, su emancipación con relación al hombre no está garantizada. Y se transforma en puro discurso para días de fiesta. Es justamente eso lo que los gobiernos burgueses, conniventes con las políticas neoliberales, vienen suprimiendo y volviendo cada vez más distante de las mujeres trabajadoras y pobres.

Lenin: es preciso hacer la revolución socialista
El fenómeno que se observa en Túnez es ilustrativo de la situación de la mujer hoy en todo el mundo. Al calor de las protestas contra la Guerra de Vietnam, en las décadas de 1960 y 1970, las mujeres libramos grandes luchas en todos los países contra las numerosas formas de opresión y desigualdad que agravaban los niveles de explotación capitalista que afectaban al conjunto de la clase trabajadora mundial. Se lograron grandes conquistas, casi todas con relación a la legislación.

Pero ningún país capitalista, ni siquiera el más democrático de ellos, consiguió llevar esto hasta el fin, porque donde existe capitalismo, propiedad privada de las fábricas, de las tierras, de los bancos., la desigualdad entre hombres y mujeres se mantiene.

Para asegurar la plena emancipación de las mujeres, el fin de toda la opresión que la humilla, no bastan las leyes. Es preciso que esas leyes tengan base, estén asentadas en una sociedad donde haya pleno empleo para todos, plenas oportunidades para que  hombres y mujeres desenvuelvan sus talentos y realicen sus deseos y sus sueños. Eso es imposible mientras haya capitalismo y explotación de una clase por otra.

Esto no es ninguna utopía. La Revolución Rusa de 1917 demostró que es perfectamente posible. Tanto que, desde los primeros meses de su existencia, el gobierno soviético derribó todas las leyes que colocaban a la mujer en una situación de dependencia.

Pero, como dijo Lenin, no bastan las leyes y los decretos. Para la plena emancipación de la mujer y para alcanzar su igualdad efectiva es necesaria una economía colectiva, para que la mujer participe del trabajo productivo común. Esto sólo fue posible con la Revolución de Octubre, la expropiación de la propiedad privada y el poder de los trabajadores, que dieron inicio a la construcción del socialismo. Sólo así, cambiando las bases económicas de la sociedad, fue posible crear las condiciones concretas para que la emancipación definitiva de la mujer pudiese ocurrir.

El uso del velo na Túnez está demostrando que una legislación femenina avanzada es importante, pero mientras exista el poder del capital, nada podrá asegurar la emancipación definitiva de la mujer.