Doctor Gaviria, reciba un saludo del Partido Socialista de los Trabajadores.
En declaraciones a los medios usted ha aceptado que su nombre sea puesto a consideración
como candidato presidencial de los sectores de oposición al actual go-bierno.
Sabemos que la posibilidad de que en las próxi-mas elecciones presidenciales
surja un candidato que se oponga, abiertamente y por fuera de los partidos burgue-ses
tradicionales, a las pretenciones reeleccionistas de Álvaro Uribe Vélez,
coincide con las aspiraciones de millones de colombianos golpeados por las medidas
económicas, sociales y políticas de su gobierno.
Igualmente sabemos, y usted también lo sabe, que derrotar electoralmente a Uribe exige, entre muchas más, de dos condiciones centrales: que haya un candidato de unidad aceptado por todas las organizaciones obreras, populares y de izquierda y que ese candidato levante un programa que dé respuesta a las necesidades más senti-das de los millones de colombianos víctimas del desem-pleo, la miseria y la represión oficial y paramilitar. Un candidato que no llene estas dos condiciones difícilmente congregará a su rededor a los explotados y oprimidos del país, que son quienes realmente pueden derrotar, aun en las urnas, a Uribe y su corte de multimillonarios.
Para lograr la primera condición -la de ser el candida-to de unidad aceptado por la izquierda, los trabajadores y el pueblo- se requiere previamente del deslinde público del aspirante con cualquiera de los grupos y variantes de los partidos tradicionales, que le han servido a burgueses y terratenientes para mantener su dominación y explota-ción sobre los desposeídos durante casi doscientos años. Cualquier relación o alianza con representantes de los partidos Liberal o Conservador, por parte de quien pre-tenda ser el candidato de los reales opositores a Uribe, los trabajadores y los pobres, sólo puede ser visto por ellos como uno más entre las decenas de promeseros que en el pasado se han presentado como demócratas y disidentes en los meses previos a las elecciones, para retornar a las toldas de los partidos tradicionales tan pronto resultan elegidos con los votos de los explotados que ingenuamente creyeron en ellos. Quien quiera que aspire a ser el vocero de los millones de obreros que subsisten con el miserable salario mínimo, de los campe-sinos pobres, de los desempleados, subempleados, des-poseídos y desplazados que pueblan la inmensa geogra-fía olvidada del país debe decir primero a esos millones -para recuperar su confianza- que nada tiene que ver, ni en el presente ni hacia el futuro, con los partidos de los explotadores, ni con ninguna de sus corrientes por más democrática que trate de presentarse.
Se equivocan, Dr. Gaviria, quienes piensan que en las próximas elecciones contra la continuidad del plan de sobreexplotación del uribismo cualquier adición es suma. Alianzas con el Partido Liberal o con cualquiera de sus corrientes solo aportarán desaliento y confusión en las filas de los sectores más pobres que han sufrido, y en-frentado, los planes del gobierno. Se equivocan quienes piensan que Horacio Serpa, Alfonso Gómez Méndez, Piedad Córdoba o cualquier otra figura del desprestigiado y decadente liberalismo es garantía de unidad de los millones verdaderamente capaces de derrotar a Uribe en la calle o en las urnas.
Ninguna campaña en los marcos de las disputas frac-cionales liberales o conservadoras logrará despertar el suficiente entusiasmo para derrotar a Uribe. Solamente lo logrará una campaña alrededor de una candidatura real y decididamente enfrentada a los partidos de los burgueses y los terratenientes profundanmente desprestigiados y en crisis. Romper pública y abiertamente con esos partidos es el primer paso firme hacia una campaña con posibili-dades de triunfo.
Doctor Gaviria, llenar la segunda condición será igualmente decisivo para derrotar la reelección de Uribe. Programas basados en abstracciones ajenas a las an-gustias de los millones que se hacinan en las periferias de las grandes ciudades no los movilizarán contra la reelección de Uribe Vélez. Quien desee ganar su apoyo en las urnas en el 2006 deberá primero mostrarles un camino de lucha contra los planes de sobreexplotación y opresión política y acompañarlos en la calle cuando sal-gan a enfrentarlos. La derrota electoral de Uribe está indisolublemente antecedida de la derrota directa de sus planes. La aplastante votación que el Presidente obtuvo en la Cámara de Representantes a favor de la reforma constitucional que autorizó su reelección inmediata de-muestra que, sin movilización directa de respaldo, en el escenario del parlamentarismo es imposible derrotar la aplanadora uribista. Y sin movilización previa contra los planes tampoco será posible derrotarlo en las elecciones.
El candidato que realmente quiera ganar apoyo obre-ro y popular a su nombre
en las próximas elecciones deberá desde ya levantar un programa
de reivindicacio-nes que dé respuesta a las necesidades más sentidas
de los que lo han perdido todo, o están en vías de perderlo, y
poner en marcha un plan de lucha y acción para impo-nerlo.
Exigir aumento general de salarios del 50%, reclamar por la recuperación
de las conquistas laborales y presta-cionales arrebatadas por las contrarreformas
de los últi-mos 12 años, movilizar masivamente contra el aumento
y generalización del IVA y contra los caros y malos servi-cios públicos
y demandar el derecho a la salud y la edu-cación gratuita para los pobres
deben ser consignas del programa que el candidato de la unidad de los pobres
y la izquierda levante al lado de las que lleven al descono-cimiento de la onerosa
deuda externa y a la negación de los tratados del ALCA y el TLC.
Defender el derecho del campesinado pobre a la re-cuperación de la tierra que le ha sido arrebatada por la violencia paramilitar, enfrentar el represivo estatuto anti-terrorista que legaliza los abusos de las fuerzas armadas contra la población rural, demandar el retiro de los aseso-res militares norteamericanos y el cese de los interven-cionistas planes Colombia y Patriota y condenar abierta y decididamente la invasión a Iraq son consignas más directas y fáciles de entender por los millones de afecta-dos por la guerra, que la abstracta y general “solución política al conflicto armado”, consigna no compartida por todos y que puede introducir divisiones y debates estéri-les en las filas de los explotados.
Levantar un programa de reivindicaciones concretas que dé respuestas a los millones de golpeados por los planes de Uribe Vélez y Bush tiene muchas más posibili-dades de aglutinarlos alrededor de un candidato de la izquierda, que el programa abstracto de “la defensa del Estado Social de Derecho” -en el que coincide hasta el propio Uribe Vélez- que para los explotados no es más que una nueva forma de denominar al mismo Estado que los ha mantenido sometidos y explotados durante los últimos dos siglos.
Doctor Gaviria, una serie de fuerzas políticas y sociales postulan hoy su nombre como candidato presidencial. Si usted decide ser el candidato dispuesto a llenar las dos condiciones que creemos debe tener quien aspire a ga-nar el respaldo de los millones de golpeados por la políti-ca antiobrera y antipopular del actual gobierno, segura-mente ganará no sólo el respaldo decidido de esos millo-nes de desposeídos, sino el del conjunto de las organiza-ciones sociales y políticas de los trabajadores y la iz-quierda. A esa disposición política debería agregarse un método distinto de definir el nombre de los(as) candida-tos(as), sometiendo su nombre, al lado de los de otros dirigentes obreros, populares y de izquierda a una amplia y democrática consulta entre las bases de esas organiza-ciones que por la vía de unas elecciones primarias defi-nan la mejor fórmula presidencial que represente al pue-blo trabajador.
Reciba un cordial saludo.
Partido Socialista de los Trabajadores
Comité Ejecutivo
Diciembre 2 de 2004