Unidad Docente

Marzo de 2004

Contenido

Magisterio nacional Magisterio: de nuevo a la lucha

Estudiantes secundarios Reanimamiento de la lucha de los estudiantes secundarios

Mujer 8 de marzo: dia internacional de la mujer trabajadora



MAGISTERIO NACIONAL

Magisterio: de nuevo a la lucha

Los días 25 y 26 de febrero, el magisterio colombiano realizó un paro de 48 horas, acompañado de concentra-ciones y movilizaciones de protesta en las principales ciudades del país. De las movilizaciones realizadas la más significativa fue la de Bogotá, porque después de varios años los maestros, secundados por un gran número de estudiantes y los trabajadores convocados por las centra-les obreras,
llenaron de nuevo la plaza de Bolívar.

Esta vez la consigna central fue el rechazo al plan B del go-bierno de Álvaro Uribe. El golpe recibido por el gobierno con la derrota del referendo, y los resultados electorales de octubre del año pasado, no fueron suficientes para que Uribe retroce-diera en su antiobrero plan de gobierno. Pocos días después anunciaba su “Plan B” que consta de varios proyectos de ley con los cuales pretende incluso reformar la Constitución Na-cional. El golpe le sirvió fundamentalmente a la burguesía opositora, que lo ha aprovechado a fondo para obligarlo a negociar con sus partidos e instituciones diciéndole en voz alta que no aceptan las imposiciones. Pero frente a los traba-jadores no ha retrocedido ni un ápice. El pacto con las distin-tas alas burguesas firmado recientemente en el “Acuerdo Político”, tiene precisamente el objetivo de actuar de manera unificada para aplicar contra los trabajadores, todas las impo-siciones y acuerdos que le exige el imperialismo y que él como lacayo ejemplar quiere llevar a cabo sin contratiempos.

Con los maestros... “mano dura”

En el terreno de la educación pública Uribe quiere llevar hasta el final su denominada “revolución educativa” que es más bien una contrarrevolución pues pretende profundizar las políticas de privatización y flexibilización laboral, emprendidas por sus ante-cesores desde comienzos de la década del 90. Los gobiernos anteriores lograron avanzar bastante sobre las conquistas pres-tacionales del magisterio. Con la ley 91 del 89 la dirección de Fecode permitió la división del magisterio y con ella la pérdida de la pensión gracia para los ingresados después del 80 y de la retroactividad de las cesantías para los que entraron después del 90. Con la ley 115 se aceptó la evaluación sanción y la jornada única que hoy está siendo reglamentada por la Ministra estrella de Uribe con el decreto 1850.

Hoy se impone la estandarización y las competencias laborales para adecuar la preparación de mano de obra de acuerdo con las nuevas necesidades del mercado del trabajo, que exige trabaja-dores con menos capacitación, más funciones, dispuestos a “aprender”, a identificarse con el patrón y trabajar por salarios miserables; además de homogenizar la calificación de mano de obra a nivel regional para facilitar la movilidad de los capitales de un lugar a otro. Se refuerza su papel ideológico con el énfasis que se viene haciendo en formación de “valores”, democracia participativa, y competencias ciudadanas cuyo objetivo es castrar cualquier tipo de inquietud en los jóvenes y reducirlos a una masa ignorante y sumisa que acepte dócilmente el oprobioso y explo-tador sistema capitalista. Se privatiza aún más la educación con lo cual el Estado reorienta el presupuesto hacia el pago de la deuda externa y el plan de “seguridad democrática”, a la par que la entrega como un jugoso negocio a los pequeños y grandes capitalistas, a costa de imponer sobre los sectores más pobres la autofinanciación de la educación o focalizando el presupuesto hacia los colegios de concesión pagándoles el doble de lo que gasta en los estudiantes de los colegios públicos.

Todas las medidas que han emanado luego de la Reforma Cons-titucional, principalmente la Ley 715 de 2001 y sus normas re-glamentarias, tienen como objetivo golpear la estabilidad laboral de los maestros. El efecto inmediato de los decretos 1850 y 3020, por ejemplo, es el recorte sistemático de las plantas de personal docente y administrativo de la educación estatal. La ausencia de nombramientos en propiedad para remplazar a los docentes que en número cercano a 40.000 han renunciado desde la expedición del Acto Legislativo 01, el decreto de traslados que faculta al Estado para disponer a su antojo de los docentes, el decreto de evaluación del desempeño que amenaza la estabilidad laboral sino se disciplinan a la política oficial y la reglamentación de los concursos que vuelve casi imposible el ingreso a la carrera do-cente regulada ahora por el Decreto 1278 que acabó con el Estatuto Docente conquistado en 1979, el proceso de “certifica-ción” de los municipios, la fijación de las nuevas plantas de per-sonal, el aumento de la jornada laboral a coordinadores y orientadores, la imposición de parámetros de “racionalidad” apuntan todos al mismo objetivo: reducir al mínimo las plantas de personal educativo financiado por el Estado, para remplazarlas por formas de vinculación que acaban definitivamente con la estabilidad laboral ganada en las luchas de la década del 70.

El “Plan B” y la educación

En el mes de marzo se comienza a discutir en el Congreso el proyecto de acto legislativo 03, es decir una reforma constitucio-nal, que además de recoger las propuestas que la Corte Consti-tucional le tumbó del texto del referendo, golpea nuevamente el presupuesto para la educación pública. En la exposición de motivos el gobierno propone “flexibilizar” el presupuesto anual de manera que “se podrán modificar y/o reorientar rentas cedidas o asignadas y modificar leyes que decreten gasto público”. El objetivo supremo de esta modificación constitucional es el de “...incluir a Colombia dentro del grupo de países que asumen su política fiscal con responsabilidad, haciendo posible la sostenibili-dad de la deuda pública...” Más claro no canta un gallo, el objeti-vo es recortar los gastos sociales del Estado para que sean los sectores más pobres y los trabajadores los que paguen la onero-sa deuda externa, mandato número uno del Fondo Monetario Internacional.

Todos los decretos que flexibilizan la estabilidad laboral de los trabajadores estatales le parecen poco a este gobierno. Por eso en el mismo acto legislativo incluye un capitulo en el que eleva a rango constitucional el despido sin causa de los trabajadores públicos. El artículo 125 de la Constitución se modificaría así: “El retiro de los empleados será flexible de conformidad con las necesidades del servicio, por violación del régimen disciplinario y por las demás causales previstas en la Constitución o en la ley.” (subrayado nuestro). Todo maestro o empleado público que sobre, de acuerdo a los parámetros de racionalización de la planta, será, de acuerdo con esta propuesta de reforma, destitui-do de manera fulminante y contra ello no se podrá ni siquiera meter una demanda porque sería un precepto constitucional. Esto es muy grave, pues se trata de echar a la calle a miles de trabajadores sin tener que pagar un peso. Para completar la moñona, en el mismo capítulo se exige a los empleados de carrera presentar concursos para ingreso y ascensos. Por esta vía imponen la vieja pretensión de establecer los exámenes de competencias para ascender en el escalafón, lo cual significa de hecho congelar los ascensos y rebajar a los niveles mínimos los salarios.

No firmar el acta de posesión

Anticipándose a la paliza que nos pretenden dar con esta reforma constitucional, la Ministra de Educación expidió recientemente la Directiva Ministerial 020 de diciembre 31 de 2003 que está en-marcada dentro del objetivo de reducción de la nómina estatal de maestros. Con su aplicación se desató en muchas regiones una auténtica cacería de brujas: miles de maestros que creían asegu-rada su estabilidad por tener decreto de nombramiento, se vieron de la noche a la mañana en la incertidumbre de la “provisionali-dad” o enfrentados a una posible demanda porque el gobierno consideró como ilegal su nombramiento; otros miles, vinculados por la denigrante e insegura OPS, vieron esfumado su sueño de lograr algún día la vinculación “en propiedad”.

Como en el afán de ejecutar el arrasamiento la Ministra había cometido serios yerros en la formulación de esta Directiva, expi-dió una nueva, la No. 003, que no cambia en nada la esencia de la 020; sólo se diferencia en que las demandas “sugeridas” a los nominadores ya no son contra todos los maestros nombrados sin concurso a partir de 1991, sino sólo contra los nombrados en tal condición durante los dos últimos años, con el fin de evitar la declaratoria de caducidad de la acción de tales demandas. Pero el asunto grueso de la orden ministerial, que es la posesión de absolutamente todos los docentes que tienen un acto administra-tivo de nombramiento, sin importar la época en que haya sido expedido, no sólo continúa vigente, sino que ahora se coloca como obligatoria.

Detrás de esta acción del gobierno se esconde la intención de considerar a todos los docentes como “nuevos” para aplicarles la nueva reglamentación de carrera, especialmente en lo referido a las evaluaciones de competencias y de desempeño que condu-cen a la destitución y la jornada laboral de 8 horas contemplada en el artículo 11 del decreto 1850. Pero lo más grave de este asunto es que la coalición que controla en forma mayoritaria a FECODE haya salido a decirle a los maestros en todo el país que con esta última Directiva Ministerial se corrigen los errores de la 020 y que “no pasa nada” con la firma de un acto de posesión en las nuevas plantas de personal. Que basta con que aparezca el término “sin solución de continuidad” para que queden reconoci-dos todos los derechos.

Ni siquiera la nefasta ley 715 plantea la necesidad de posesión pues dice que para incorporar al personal docente a la nueva planta no se necesita nueva vinculación. Sin embargo dice al mismo tiempo que a los directivos docentes y docentes incorpo-rados sólo se les reconocerá el régimen salarial y prestacional. ¿En dónde queda entonces el de carrera docente y los demás derechos? Esto confirma lo que afirmamos anteriormente sobre las pretensiones del gobierno secundadas por la mayoría de la dirección de Fecode, de utilizar la posesión para aplicarnos las nuevas políticas laborales.

Llamamos a todos los maestros a no caer en la trampa de firmar una nueva posesión y a exigirle a Fecode que se retracte de su acuerdo con Cecilia Maria Vélez. Es necesario trascender la discusión de lo jurídico hacia lo político, examinando con atención que lo hecho por el Estado colombiano en estos últimos años obedece al plan de despojar a los maestros y al pueblo en gene-ral de sus derechos y que las nuevas medidas hacen parte de lo mismo. Debemos salirle al paso a este plan negándonos a acep-tar cualquier medida o compromiso que implique ceder los dere-chos que aún conservamos. No podemos olvidar que la dirección de Fecode nos ha presentado las leyes que ha “concertado” con los distintos gobiernos como grandes conquistas y todas han resultado en la entrega de numerosos derechos. Tenemos que negarnos a firmar la “nueva posesión” exigiendo a los alcaldes en especial al de Bogotá, que expidan un decreto que incorpore de manera automática a los docentes y directivos sin solución de continuidad y respetando de manera expresa los derechos pres-tacionales, salariales, laborales y de carrera.

Derrotar el plan B con la lucha directa, sin concertación

La lucha debe continuar, no basta con derrotar las directivas ministeriales, el Estado se apresta a revivir la eliminación de los regímenes especiales, que fuera derrotada en el Referendo. Esta vigente la evaluación sanción y el Ministerio prepara un nuevo decreto para acabar con el Estatuto Docente (2277). Por eso se hace necesario que preparemos el paro nacional indefinido, para derrotar toda esta política, sin depositar ni un gramo de confianza en la política de concertación que con el argumento de la debili-dad o la falta de condiciones para la lucha, nos ha llevado a perder uno a uno nuestros derechos. Digámosle un No rotundo a la política que ha imperado en Fecode “del ahogado el sombre-ro”, pues al paso que vamos no va a quedar ni el sombrero.
Preparemos el paro nacional indefinido de manera decidida, exigiéndole a la dirección sindical que se retomen las asambleas de base para discutir y decidir sobre los objetivos, su plan de preparación y la manera de desarrollarlo. Necesitamos recuperar la democracia por la base. Esta demostrado que las convocato-rias por decreto no funcionan por más justa que sea la lucha. Que sea la fuerza de la lucha la que determine los resultados de la misma y no los acuerdos por arriba entre la dirección y el gobier-no. Esta política de concertación nos ha llevado a muchos fraca-sos y desilusiones sembrando la desconfianza en nuestras fuerzas y en nuestra organización. Exijamos a los gobiernos locales que nos brinden las garantías democráticas para realizar nuestras asambleas, en especial al del Distrito que ha dicho respetar los derechos sindicales de los maestros.

El Plan B de Uribe no podemos enfrentarlo ni derrotarlo solo los maestros. Necesitamos que la Dirección de Fecode, convoque a los demás sindicatos de trabajadores estatales y a las centrales obreras para que se sumen a esta lucha. El Plan B nos afecta a todos. Trabajemos con los padres de familia y los estudiantes para vincularlos a la pelea. Es hora de recuperar nuestra fuerza y la confianza en la lucha. Esta vez no se puede repetir la historia de la lucha contra el acto legislativo 01 que se orientó hacia la confianza en los parlamentarios, muchos de los cuales termina-ron votando su aprobación y expidiendo después la 715 por unanimidad.

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Reanimamiento de la lucha de los estudiantes secundarios

Recuperando el espacio ganado por los estudiantes, a través de los consejos estudiantiles, en las luchas de años anteriores, como contra el acto legislativo 012 (01 de 2000), nuevamente sale el movimiento estudiantil a las calles, a sumarse a la lucha por la defensa de la educa-ción pública. Es así como se hacen presentes estudiantes de diversos colegios oficiales de Bogotá, en las concen-traciones del 12 de febrero en el M.E.N., el 25 de febrero en el Parque Santander Y el 26 de febrero marchando animadamente hacia la plaza de Bolívar.

Es de vital importancia que los estudiantes asuman un papel protagónico en la defensa de sus derechos y en la construc-ción de una alternativa de vida que el inequitativo sistema capitalista siempre les ha negado o les ha cercenado. Es necesario que los consejos estudiantiles avancen en la com-prensión y en el desarrollo de la tan mencionada autonomía en el ámbito escolar, para que ésta sea una realidad. Es fundamental que el movimiento estudiantil se dé su propia organización para debatir y proponer la necesaria lucha por unas mejores condiciones de vida estudiantil, familiar y social.

Estoy seguro que la vida Institucional de los colegios de los estudiantes que se han movilizado es muy distinta a la de lo demás colegios, pues la decisión de movilizarse seguramente ha sido fruto de amplias discusiones y debate político que ha permitido elevar el nivel de conciencia de estudiantes y creo no equivocarme, también de docentes y padres de familia.
Reseñamos la presencia en las movilizaciones, de estudiantes de Instituciones como, Laureano Gómez, San Cristóbal sur, La Amistad, Santa Bárbara, Ismael Perdomo, entre muchas otras.

Adicionalmente, los estudiantes están impulsando de manera entusiasta, la campaña por una tarifa de transporte de $200 para ellos, a ejemplo de Medellín.

Freddy Ruiz
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Por garantías para la juventud

Tarifa estudiantil de $200

Estudiantes de la Universidad Nacional, la Universidad Pedagógica y de los colegios del Distrito están realizando una campaña de recolección de firmas para pedirle al Alcalde Garzón una tarifa estudiantil subsidiada. El texto de la solicitud es el siguiente:

Bogotá D.C., febrero de 2004

Señor Alcalde, Luis Eduardo Garzón: los abajo firmantes, estudiantes de las universidades y colegios públicos, así como padres de familia de la capital del país, nos encon-tramos agobiados y en muchos casos llegando a niveles de desesperación ante la crisis económica y social en que están sumidos nuestros hogares, debido, entre otras co-sas, a la inmensa desproporción que existe entre lo que aporta la población de la ciudad —a través de los onerosos impuestos y las altas tarifas de los servicios públicos —y lo que recibimos de subsidio para la educación. Esto se agra-va por las costosas tarifas del transporte, por lo que en muchos casos tenemos que dejar de adquirir los alimentos básicos, para podernos desplazar a los establecimientos educativos. Por esta razón, nos dirigimos a usted, como gobernante de la ciudad, para hacerle la petición de que establezca una tarifa estudiantil de $200. Tenemos cono-cimiento de que en la ciudad de Medellín la Alcaldía aprobó una tarifa para estudiantes con ese valor.
Invitamos a docentes, estudiantes, padres de familia y organizaciones sindicales y populares a respaldar activa-mente esta campaña.

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8 de marzo: Dia internacional de la mujer trabajadora

Las ricas más ricas, y las pobres más pobres

La Directora de Cultura y Turismo de Bogotá, Laura Res-trepo, en declaraciones a la televisión a propósito de la conmemoración del Día Internacional de la mujer, decía que “la única revolución triunfante del siglo XX fue la de la mujer”. Esta afirmación, que comparten hoy muchas feministas radicales del pasado, pretende ocultar de ma-nera deliberada la verdadera situación de millones de mujeres trabajadoras en todo el mundo y muy especial-mente la de las de los países semicoloniales.

Esta mentira, como muchas otras fabricadas cuidadosamente por los ideólogos del capitalismo, solo se queda en la apariencia y tiene como punto de partida y de llegada, la situación de las mujeres burguesas y de una capa alta de la pequeña burguesía. Evidente-mente si nos guiamos por las estadísticas de las mujeres que partici-pan en cargos de gobierno, en la política “visible” y en cargos de responsabilidad de las empresas capitalistas, para no hablar del mundo de la moda y la pasarela, de la farándula y el espectáculo, es evidente que encontramos cada vez más mujeres exitosas y con unos ingresos que cualquier hombre envidiaría. Si miráramos las estadísticas de muerte por abortos mal practicados en las mujeres de la burguesía seguramente encontraríamos que su porcentaje es de cero. Y si miráramos el nivel de escolaridad y de estudios superiores en la misma clase, tendríamos que un 90% de las mujeres son profesionales. Ni que hablar de la “liberación” de los oficios domésti-cos, por supuesto que estas mujeres hace muchos años se liberaron de este trabajo porque explotan el trabajo de otras mujeres.

Del mundo virtual de la minoría al mundo real de la mayoría

El mundo virtual de la televisión, de las telenovelas rosa en las que el galán rico se enamora perdidamente de la niña pobre, en el que jovencitas con “gran talento” ganan millones por presentar noticias de moda y de farándula, en el que las mujeres como Shakira o Madona están tapadas en dólares por tener una linda voz en un mundo lleno de oportunidades para todas, en el que la liberación sexual es pre-sentada a través de los escándalos de princesas y príncipes euro-peos, de galanes y divas del cine y del espectáculo o en el que la noticia del año es que por fin “una mujer” ocupa el ministerio de la guerra, es el mundo que nos quieren vender para reforzar las ilusio-nes y las esperanzas de millones de mujeres a las que todavía no les ha “llegado su oportunidad”. Hoy las mujeres trabajan y tienen las mismas oportunidades que los hombres, hasta trabajan más que los hombres, están en todos los espacios y actividades, se separan cuando quieren y se juntan cuando quieren, así vistas las cosas, de esta manera tan pueril y superficial, las mujeres burguesas elevan su grito de victoria: ¡la liberación de la mujer está triunfando!

Han llegado al extremo de falsificar la historia. En un artículo de El Tiempo el 6 de marzo, reivindican a la ONU como la organización que declaró el 8 de marzo como el día internacional de la mujer, ocultando que fue la II Internacional (organización mundial de parti-dos de trabajadores) en 1910, cuando aún era una organización revolucionaria anticapitalista, la que en honor a las obreras textileras de la fábrica Cotton de New York, y de todas las obreras que des-pués de ellas continuaron luchando por las 8 horas de trabajo, decla-ró el 8 de marzo como un día de protesta mundial y por los derechos de la mujer trabajadora.

Fueron miles las obreras, mujeres anónimas, las que con su lucha tenaz contra el capitalismo y sus aberraciones, dieron inicio al movi-miento contra la opresión y la explotación de la mujer, desde finales del Siglo XIX.

Y esos millones de mujeres trabajadoras en todo el mundo no gritan hoy victoria. Gritan por el derecho al trabajo porque solo el 40% tiene empleo, sufren por el sustento de sus hijos porque más del 13% son cabeza de familia, debido al abandono o al maltrato. No ven llegar “su oportunidad” porque apenas el 4% han terminado su carrera universitaria y un 3% más está en la incertidumbre de saber si puede terminarla. Miles de jovencitas se tienen que resignar a buscar cómo sobrevivir vendiendo sus cuerpos por unos míseros pesos, mientras otras se convierten en mulas del narcotráfico. Las que tienen la suerte de tener trabajo se tienen que someter a la flexibilización laboral, aguantando jornadas agotadoras de más de 8 horas por el salario mínimo y cumpliendo la segunda jornada, la de toda la vida, en las no tan agradables tareas de la casa y la crianza de los hijos. En Colombia, al igual que en todos los países de América Latina son altísimas las estadísticas de mujeres que mueren por abortos clan-destinos porque las leyes lo penalizan obligándolas a escoger entre tener un hijo no deseado o el riesgo de la muerte.

De los derechos formales a los derechos reales

Durante el siglo XX, efectivamente las mujeres en general, conquis-taron muchos derechos formales como el derecho al voto, a la inde-pendencia patrimonial, algunas leyes que protegen la maternidad, el derecho a ingresar a los establecimientos educativos y producto de su incursión en los procesos productivos como trabajadoras asala-riadas ganaron cierta independencia económica lo que a su vez modificó las relaciones familiares y ciertas “costumbres”. Pero lejos estamos de haber conquistado la plena igualdad; incluso en algunos campos se ha retrocedido. Hoy en muchos países imperialistas en los que en las décadas del '60 y '70 se había conquistado el derecho al aborto de manera libre y gratuita, se ha eliminado de la legislación, y es igualmente penalizado como en cualquier país “tercermundista”. La iglesia católica con sus preceptos inquisidores contrataca y con-dena de manera hipócrita el uso del preservativo, la práctica del aborto y hasta los métodos de planificación. Condena la violencia y el abuso sexual, mientras no se trate de sus curas, a los que protege frente a todas las denuncias, como ha ocurrido recientemente en Estados Unidos, pero calla ante la cantidad de abusos sexuales contra mujeres iraquíes ejecutados por las tropas invasoras.
La contraofensiva del capitalismo iniciada a finales de los 80' y comienzos de los '90 del siglo XX, ha eliminado las conquistas fun-damentales de la clase obrera y nos está llevando a niveles de miseria, de desocupación, de crisis social, de violencia con sus invasiones y guerras profundizando la brecha de la desigualdad social. Las mujeres trabajadoras no son ajenas a este proceso. Por eso mientras un puñado de hombres y mujeres burguesas de todo el planeta se enriquecen de manera desaforada, millones de hombres y mujeres trabajadoras son sometidos a la hambruna y la miseria.

Todas juntas... ¿o cada vez más separadas?

Esta realidad, lo que coloca sobre el tapete es el nefasto papel, reaccionario por demás, que cumple hoy la ideología de que lo fundamental para las mujeres es la lucha por los “derechos de géne-ro”, según la cual las mujeres proletarias, las burguesas y pequeño-burguesas, “todas juntas y agarradas de las manos” estamos conquistando el mundo idílico de la igualdad.

Lo que está mostrando la cruda realidad de las mujeres obreras y trabajadoras es precisamente que incluso las conquistas formales logradas en un siglo de luchas, están en riesgo de desaparecer producto de la ofensiva explotadora del capitalismo imperialista. Está mostrando que la desigualdad social entre las mujeres es cada vez más grande, que las mujeres nos colocamos en trincheras opuestas de acuerdo con los intereses de clase. Que en un lado están las mujeres y los hombres iraquíes que resisten la invasión de su territo-rio y en otro las Condolezza Rice, las Hilary Clinton que apoyan la invasión y los abusos de sus tropas contra las mujeres. Que en un bando están las ministras de Uribe, su primera dama y sus funciona-rias y en otro las explotadas, las desplazadas, las oprimidas, las maestras. Que Piedad Córdoba, deja de ser “nuestra amiga” cuando las trabajadoras comenzamos a hablar de la lucha contra la explota-ción capitalista, cuando empezamos a hablar de que tenemos que unirnos con los obreros, con los trabajadores y los pobres para acabar con este sistema capitalista explotador y opresivo, cuando hablamos de revolución social.

Hoy más que nunca está planteada como necesidad la revolución socialista para lograr la verdadera emancipación, la del yugo de la explotación capitalista y su cultura patriarcal y machista. Esta libera-ción, es la que dará a la mujer la verdadera liberación. Seguramente muchas mujeres, sobre todo las que militan en los partidos de la burguesía y la socialdemocracia, nos dirán: ¡qué sectarias que son las socialistas¡ No lo somos, nos hemos encontrado y nos encontra-remos en luchas parciales, episódicas por los derechos de la mujer en general, pero no nos dejamos confundir por los cantos de sirena que quieren borrar las fronteras de clase, ni por la utopía de la igualdad plena haciéndole reformitas a un sistema irreformable.

Rosa Cecilia Lemus Abril